Opinión Internacional

Irak sin perjuicios

El conflicto sunita-chiíta comenzó tras la muerte de Mahoma, a fines del siglo 7, en una lucha dinástica de quiénes debían ser sus sucesores del primer imperio musulmán que ya, durante su vida, se expandía desde Arabia a parte de lo que hoy es Irak. Los compañeros de batalla del profeta (sunitas) ganaron la batalla y fue cerca de la actual ciudad iraquí, Kufa, en donde el yerno de Mahoma y fundador del chiismo, Ali, fue asesinado. Poco después, tras una batalla en la ciudad vecina de Kerbala, también aniquilaron a su hijo Husayn de manera despiadada,

Es por esto que Irak – con más del 60%de su población de mayoría árabe chiíta – tiene los lugares más sagrados para esta rama minoritaria en la totalidad de los musulmanes (más de 80% son sunitas en el mundo), y de ahí que la convivencia con la minoría árabe sunita y un grupo étnico no árabe de religión musulmán sunita, los kurdos, sea tan tensa. La población iraquí fue dominada a la fuerza por imperios musulmanes, por el colonialismo británico, y – como país artificialmente creado bajo criterios occidentales – bajo crueles reyes sunitas manejados por potencias europeas luego depuestos por sanguinarios dictadores. Finalmente, tras la marcha de EEUU por primera vez Irak, en elecciones libres, hizo que la lógica demográfica se impusiera: la mayoría chiíta tiene más poder que los árabes y kurdos sunitas.

La historia pesa, y el experimento democrático iraquí comienza a descarrilarse cuando la estructura de poder de su constitución – que exige que el primer ministro sea árabe chiíta, el  presidente (cargo simbólico) sea  kurdo, y el presidente del parlamento un árabe sunita –  apenas las tropas norteamericanas se marcharon:  grupos radicales islamitas sunitas y chiitas – algunos de los primeros vinculados con Al Qaeda y de los segundos, con el régimen persa chiíta de Irán – cometen despiadados atentados en barrios y lugares habitados por civiles del la rama islámica opuesta.

La cadena de ataques se da con el telón de fondo de una crisis gubernamental. El primer ministro Nuri al Maliki, de la Alianza Nacional chiita (AN) ordenó la detención del vicepresidente sunita Tarek al Hachemi, acusándolo de haber organizado un grupo armado en el pasado para liquidar a funcionarios y militares. Hachemi lo niega y su partido Iraquiya (una coalición de chiítas, sunitas y kurdos laicos fundado por el ex primer ministro Iyad Alawi),  amenaza con abandonar el gobierno de unidad nacional largamente negociado luego de las ajustadas elecciones de 2010 que le dieron a Iraquiya dos escaños más que al AN. A pesar de la victoria de Alawi, Nuri al Maliki tenía más partidos a su favor en el parlamento y por eso hoy es el líder del país.

Antes, los reyes y dictadores masacraban a sus propios ciudadanos por razones políticas, étnicas y religiosas. Ahora lo hacen grupos radicales, con un gobierno central débil – cortesía de EEUU – pero que aun si pudiera impedirlo, está ocupado en lo que un sencillo ciudadano iraquí dijo, luego de un atentado, sin prejuicios:»Los responsables políticos luchan entre ellos por el poder y nosotros pagamos el precio”.

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