Opinión Internacional

Irán y el nuevo Eje

Evo Morales debe conjugar, en la era política que se inicia bajo su conducción en Bolivia, responsabilidades asimétricas. Morales es, simultáneamente, Presidente de Bolivia, miembro de la dirección del triángulo revolucionario Cuba-Venezuela-Bolivia, máximo jefe de los indígenas de su nación y referencia obligada de poder para muchos pueblos originarios del continente.

Jefe de Estado, Morales tiene el deber de defender el interés nacional de Bolivia. Las estatizaciones -en especial la del gas- serán su arma fundamental para cumplir con ese objetivo. Sus reuniones con Rodríguez Zapatero, Kirchner, Lagos y Lula y el anuncio de Chávez de que Bolivia es indispensable para formar el anillo energético del Sur van por ese camino.

Como representante de los pueblos originarios Morales pidió a los indígenas “pasar de la resistencia a la toma del poder”. Para ello expresó, ante las numerosas delegaciones de etnias originarias procedentes de más de una decena de países americanos, que “necesitamos la fuerza del pueblo para doblar la mano del imperio. La lucha que dejó el Ché Guevara la vamos a cumplir nosotros, hermanos y hermanas”.

En cuanto a lo social-nacional-indígena, habrá millones de miradas expectantes sobre su gestión, que ha prometido 500 años de poder para los pueblos originarios.

Como socialista debe hacer avanzar la igualdad social. Para ello será clave el rumbo que tome la asamblea constituyente para la refundación de Bolivia.

Las primeras ejecutorias serán complejas. Pero Evo Morales ha demostrado, tanto en los visitas realizadas a varios jefes de Estado y representaciones diplomáticas en los días previos a su toma de posesión, como en las múltiples declaraciones suministradas a la prensa, un tono amenazante y a la vez pragmático, donde ha combinado la fortaleza de sus posiciones (“Coca sí, cocaína no”, en su mensaje a Washington, o “socios sí, propietarios no”, en su aviso a las trasnacionales energéticas) con un anuncio de diálogo.

El mayor desafío de Morales radica en su carácter de miembro del comando revolucionario Castro-Chávez-Morales. Chávez mueve su estrategia internacional sobre varios eslabones políticos y militares. Ha logrado pasar del “Eje” revolucionario Cuba-Venezuela al triángulo revolucionario-energético Cuba-Venezuela-Bolivia. Pero el fin es crear el “Bloque Regional de Poder” (Ceresole-Dieterich), sobre la base del “Eje” Caracas-Brasilia-Buenos Aires (Ceresole-Dieterich). En este movimiento el arma estratégica a utilizar es energética (petróleo-gas).

Paralelamente, el esquema multipolar del eje Chávez-Castro pasa por la relación con Irán. El Presidente persa, Mahmoud Ahmadinejad, de acuerdo al diario Tehran Times, fue invitado a visitar Caracas y La Paz en el primer semestre de 2006, con miras a conformar el “Eje Multipolar Antiimperialista” (Venezuela-Cuba-Bolivia-Irán), con el arma petróleo-gas a la vista.

Pese a que es difícil que Ahmadinejad se decida a viajar a América Latina justo en el momento en que más se complica la situación de Medio Oriente, el nuevo “Eje” ya tiene como protagonistas a Chávez-Castro-Evo y Ahmadinejad.

La historia busca salidas rápidas.

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