Opinión Internacional

Israel y los Palestinos

Provoca aceptar la triste sabiduría de que no aprendemos ni de nuestros sufrimientos ni de nuestras desgracias. Y de que el humillado se vuelve una fiera humillante en cuanto obtiene la recompensa por su pasada humillación: una cuota de poder desde el cual sacralizar y eternizar la humillación como única forma de entendimiento entre los hombres.

Pocos pueblos han sido más escarnecidos y humillados que el judío. Sin otra motivación que su feroz fidelidad a una herencia cultural y religiosa que lo convierte en la comunidad más idiosincrásica de que tengamos memoria. No existen épocas de la historia desde nuestra bíblica tradición en que los judíos no hayan sufrido persecuciones y masacres. Chivo expiatorio de todos los odios y resentimientos colectivos han sido estigmatizados como la persistente lacra a exterminar. Y lo insólito es que ninguna de esas masivas acciones de exterminio ha logrado el propósito de doblegar esa maravillosa y contumaz voluntad de supervivencia.

De todas las conocidas sin duda la más feroz obra de exterminio a que fueran sometidas las comunidades judías fue la implementada por el Tercer Reich. Porque fue sistemática y a escala industrializada. Se dice fácilmente, pero asesinar a seis millones de seres humanos demanda una organización metódica y altamente eficiente, sobre todo si tal genocidio tiene lugar en lo que dura un suspiro. Tal asesinato colectivo tuvo lugar hace tan poco tiempo, que muchísimos de nosotros ya habíamos nacido cuando sucedieron hechos tan ominosos. Por lo mismo, y porque como resultado de tal ignominia finalmente la comunidad judía fue resarcida con un territorio y un Estado, era de esperarse que ahora en su propia nación los judíos dieran al mundo una lección de tolerancia, de comprensión y de entendimiento.

Es claro: quienes resarcieran a la comunidad judía por el Holocausto con un territorio y un Estado se cuidaron de que estuvieran suficientemente alejados de Alemania ˆpaís responsable del genocidio ˆ o de Polonia, en donde se llevara a cabo la masacre, endosándole unilateralmente el problema a los habitantes naturales del territorio escogido: Palestina. Y lo que asombra y avergüenza: en lugar de darle a Occidente una lección de humanidad en el trato con los invadidos y desplazados de sus territorios por tan insólita intrusión, el nuevo Estado de Israel se convirtió en un feroz gendarme y en un voraz terrófago pronto a poner en práctica las peores enseñanzas del imperialismo fascista que asesinara a millones de sus semejantes. De pronto el judío israelita se convierte en el ario intolerante frente al árabe invadido, en quien debe reconocer el perfil del judío perseguido que él mismo representara no hace nada.

Comunidad de gendarmes, Occidente no ha sabido o no ha querido resolver los problemas que él mismo provocara. El asesinato de Isaac Rabin cegó una vía de entendimiento y paz para el Medio Oriente. El triunfo de Bush abrió las compuertas al halconato. La irrupción de Bin Laden destapa la caja de Pandora de nuestros peores fantasmas. ¿Culminará el actual conflicto bélico con el triunfo de la paz o sepultará por un largo período de la historia el camino de la esperanza?

Volvemos al eterno dilema: mientras más poder militar, tecnológico y científico acumulamos, más nos empobrecemos y más nos alejamos de la verdad. ¿Aprovecharemos esta encrucijada para enmendar el rumbo? Sólo Dios lo sabe.

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