Opinión Internacional

Jaque mate al Emperador

Pablo Sebastián

La incapacidad norteamericana para prever los ataques debe de hacer reflexionar a los Estados Unidos sobre el verdadero alcance de su poderío político, económico y militar y, en definitiva, sobre su liderazgo absoluto, que debe compartir, ahora más que nunca, con Europa y las sociedades democráticas más avanzadas. Porque la defensa de las libertades y un mundo para todos no puede ser asunto de uno solo sino de un gran colectivo. De ahí la importancia de la voz y las ideas de Europa en este momento y ante el futuro inmediato.

El ataque aéreo múltiple y criminal contra los centros neurálgicos de Washington y Nueva York (el Pentágono, el Capitolio, Departamento de Estado y las Torres Gemelas de Nueva York) perpetrado por una banda terrorista de grupos extremistas posiblemente árabes o islámicos, que ha causado miles de muertos inocentes y creado el pánico en Estados Unidos y el resto del mundo occidental y democrático, constituye el mayor desafío y ataque terrorista de la historia moderna de la Humanidad. Y, sin lugar a dudas, el fracaso de la primera potencia del mundo ante un ataque de semejantes características, que los servicios de información y seguridad de los Estados Unidos han sido incapaces de detectar y evitar.

Una incapacidad que debe de hacer reflexionar a los Estados Unidos sobre el verdadero alcance de su poderío político, económico y militar, en definitiva sobre su liderazgo absoluto que debe compartir, y ahora mas que nunca, con Europa y las sociedades mas avanzadas democráticamente porque la defensa de las libertades y un mundo para todos no puede ser asunto de uno solo sino de un gran colectivo. De ahí la importancia de la idea y del proyecto de Europa en este momento y ante el futuro inmediato, tanto en nuestro zona directa de influencia como en el ámbito mundial.

No estamos ante una «tercera guerra mundial», como dicen los medios ultraconservadores ante la impotencia del «imperio». No hay ejércitos en presencia sino una amenaza fantasma que, desde su locura, quiere representar a un sector de este mundo (posiblemente el Islam mas fanático y radical) de manera especial, y de manera general a los desheredados de la tierra sobre los que hoy cabalgan los modernos jinetes electrónicos de la Apocalipsis del Siglo XXI (el hambre, la guerra, el SIDA y la muerte), que debe obligar a reflexión de las sociedades democráticas y desarrolladas, como lo piden nuevos e importantes colectivos sociales que han sustituido a la vieja izquierda tradicional (las ONG, anti globales, verdes, etc).

Sociedades democráticas que deben reaccionar unidas ante este terror que no tiene nada que ver con los movimientos pacifistas democráticos. Sociedades como la española, representada en las firmes palabras del presidente del gobierno, José María Aznar, han condenado estos masivos actos terroristas que nos obligan a una extrema vigilancia y a tomar precauciones necesarias en defensa de las sociedades democráticas y de la vida de nuestros ciudadanos y de esos otros ciudadanos de nuestros países amigos y aliados como los Estados Unidos. Así como a condenar a quienes están justificando o apoyando esta gran oleada del terrorismo internacional.

A la vez, el ataque sobre Washington y Nueva York demuestra que el famoso «escudo nuclear» del presidente Bush y de los grandes «halcones» del Pentágono -el Ministerio de Defensa, que ha sido duramente atacado por el terrorismo-, ese espectacular plan de defensa preparado para una guerra de misiles intercontinentales, no sirve de nada ante la cobarde y criminal oleada de los terroristas que organizan sus atentados desde dentro de un territorio nacional, que juegan con el factor de la sorpresa y el camuflaje diario dentro de la sociedad.

Aunque llama la atención que una operación terrorista de esta envergadura, que incluía todos los objetivos institucionales y financieros, como los citados de manera sincronizada, no haya podido ser detectada ni interceptada por los servicios de seguridad y secretos de los Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN.

Desgraciadamente, los españoles (como lo recordó ayer el vicepresidente Rajoy) sabemos casi todo o mucho del terrorismo y tenemos más de ochocientos muertos en el debe del terrorismo vasco y de otro signo. Pero esta vez le ha tocado a los Estados Unidos, el imperio del mundo global y globalizado, sufrir en sus carnes, sus gentes, ciudades emblemáticas y en sus instituciones, el ejemplo de un ataque terrorista y suicida (lo que señala la mano del fanatismo del Islam) sin precedentes en la historia moderna y de la Humanidad.

Salvo que nos remontemos a la última guerra mundial (con bombardeos como los de Dressde, Pearl Habour y el ataque nuclear a Hirosima y Nagasaki), o a catástrofes como el de Chernobyl. Aunque en el mundo de los árabes radicales o de los países que añoran «el muro de Berlín» se acordarán aquí y ahora del bombardeo que los Estados Unidos protagonizaron en Bagdad, en la llamada «Tormenta del Desierto», o los recientes ataques de la OTAN a Belgrado en la guerra de Kosovo. La diferencia aquí esta en que no hay una guerra abierta ni declarada, sino toda una acción de una poderoso grupo terrorista (que puede encontrar imitadores en otros países), en el que la pieza clave, además de su organización y espectacular sincronización, está en la decisión de sus comandos de inmolarse en todo este gran proceso de destrucción.

Las consecuencias de esta crisis, no sólo son políticas y sociales por lo que significa esta «derrota» indirecta del imperio americano y de la seguridad del propio mundo occidental, por el alto coste en vidas humanas que acarrea. Están, además, las consecuencias económicas que han puesto al borde del caos y del colapso todos los principales centros financieros de Occidente. Y queda por ver si todo ello tendrá, en medio de la actual crisis económica mundial, consecuencias militares que abran una nueva guerra en Oriente Próximo, la sede de las fuentes europeas del petróleo, como colofón de un caos sobre el que, de momento, quedan muchos extremos, causas y orígenes por determinar.

¿Qué está en el origen de todo esto? Por lo general, el terrorismo brutal y criminal no necesita generalmente de argumentos ni justificaciones políticas, religiosas o patrióticas para matar, porque la muerte de los inocentes nunca puede tener su justificación. Pero parece claro que este ataque frontal a los Estados Unidos coincide con un momento crucial de los enfrentamientos que en los últimos meses y de manera escalonada e imparable se han sucedido en Oriente Próximo. Aunque las grandes terminales del terrorismo internacional no necesitan de la actualidad para perpetrar una serie de acciones de este tamaño que sin lugar a dudas se viene preparando desde hace mucho tiempo, por su complejidad, y que ha escogido este momento crucial para actuar.

Contestar al ataque terrorista con un conflicto de orden internacional (y peores consecuencias económicas) como se está cuajando en el Oriente Próximo desde que Sharón provocó la intifada y se bloqueo el proceso de paz de Oslo, sería un error. El gobierno de los Estados Unidos debe sopesar su reacción -el presidente Bush declaró ayer que perseguirá y castigará a los autores del atentado-, buscando a los responsables pero evitando mas muertes de inocentes. Sus aliados europeos y aliados, España aquí incluida, no dudarán en apoyar cualquier respuesta que esté en el ámbito de la democracia y de la defensa de la vida y de la libertad.

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