Opinión Internacional

La bula de Israel

“Tener bula”, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es contar con facilidades negadas a los demás para conseguir cosas u obtener concesiones difíciles o imposibles. Si adoptamos esta definición, da la sensación de que el Estado de Israel tiene una bula que le autoriza a cosas muy difíciles o imposibles para los demás Estados. 
Una bula que le permite soslayar, ignorándolas o incluso despreciándolas oficialmente, las resoluciones de Naciones Unidas que, aplicadas a otros Estados, llegan a acarrearles graves consecuencias. Pregúntese al pueblo iraquí, que las ha sufrido durante años. O al pueblo serbio, que también las padeció en su momento.

La misma bula permite también a Israel mantener un arsenal nuclear, al que sólo alude en contadas ocasiones, con la complicidad de EEUU y otras potencias occidentales, mientras que la sospecha de poseer armamento de la misma naturaleza puede generar una delicada crisis en Corea del Norte; y la sola idea de que Irán pudiera disponer de él dentro de algunos años hace resonar los tambores de guerra en Oriente Próximo. Tambores que todavía no se han acallado y hacen temer lo peor.

La bula de Israel permite también a su Tribunal Supremo autorizar la ejecución de asesinatos selectivos que violan las más básicas normas del derecho internacional. Práctica que se inició con la Intifada del año 2000 y que desde entonces han causado ya unos 340 muertos, de los que poco más de 200 eran sospechosos de ser insurgentes contra la ocupación israelí. Murieron además 130 personas civiles.

Cualquier otro Estado que estuviera organizado sobre una base racial y religiosa, como es el caso de Israel, y que llevara a cabo las operaciones de limpieza étnica que perpetra sistemáticamente en Gaza y Cisjordania, atraería sobre sí el rayo del repudio internacional y serias consecuencias morales y materiales, a las que la bula israelí le hace inmune.

Como también es inmune frente a la acusación de “matonismo” internacional con el que acaba de privar por la fuerza al primer ministro palestino de la ayuda monetaria recaudada en el extranjero con la excusa de que puede servir para apoyar al terrorismo palestino. Esta ayuda es con la que iban a pagar a los funcionarios del Gobierno, democráticamente elegido, que llevan varios meses sin recibir sus haberes, debido al sistemático boicot de EEUU y la Unión Europea. Cómo si la ayuda financiera de EEUU no le sirviera a Israel para desarrollar su programa ilegal de armas nucleares. O para adquirir esos sistemas no tripulados de ataque a tierra desde el aire con los que prosigue su política de asesinatos selectivos. A cualquier otro Estado, esas operaciones violentas donde nunca se aplica la regla de la proporción entre respuesta y ataque, le supondrían una condena universal. La bula de Israel le ampara.

Llega el momento de preguntarse dónde adquirió Israel tan eficaz bula. El estipendio pagado por ella tiene un nombre: el Holocausto. Sólo la memoria de este trágico etnocidio permite a Israel mantener una posición de privilegio en el concierto internacional de las naciones. ¿Hasta cuándo tendrá validez la bula israelí? ¿Será de carácter perpetuo?
Los privilegios siempre han de ser administrados con cuidado. Un abuso de ellos conduce a situaciones reivindicativas de quienes sufren sus consecuencias. No es pues, de extrañar, que la hostilidad que la bula de Israel produce en muchos ámbitos enfrentados políticamente con ese país se extienda de forma progresiva a otros que nunca han negado el Holocausto y que han asumido su estremecedora brutalidad, pero que empiezan a sentir cansancio por la explotación abusiva que el Estado sionista hace de tan aciago acontecimiento histórico.

 
 

General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)

 

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