Opinión Internacional

La caldera del diablo

El clima social se deteriora en la medida que no hay soluciones al caos que
se expande, mientras la ciudadanía comprueba que los ánimos se caldean día a
día. Nos preguntamos cuanto tiempo puede tolerar un país en medio de
tensiones, de episodios violentos y de protestas y confrontaciones
continuas, las que en lugar de tender a disminuir van en aumento creciente.

El clima social que es una consecuencia del clima político está cada vez más
enrarecido, al punto que percibimos que la caldera comienza a experimentar
los efectos de la ebullición que puede terminar en un estallido de
violencia. Si hacemos un breve recuento existe un bloqueo de más de una
semana en Yacuiba, los mineros cooperativistas han sido reprimidos para no
dejarlos ingresar a la ciudad de La Paz, conflicto que no es la primera vez
que se presenta y que ya ha tenido bajas y víctimas fatales en el actual
periodo de gobierno. Nos parece muy peligroso que el Ejecutivo actúe frente
a estos problemas apagando y prendiendo focos de un incendio que va tomando
una gran magnitud, por lo que el fuego reaparece y crece sin que se
encuentren soluciones de fondo.

El gobierno ha ingresado en una fase de «mano dura», como trató de
justificarlo hace algún tiempo el presidente Morales, quien en una
declaración de prensa, tal vez anticipándose a las acciones que iba a
iniciar, dijo que el pueblo le pedía que gobierne con mano dura. Por
supuesto que esta no es una excusa, porque hay muchas demandas que le hace
el pueblo, para las que el actual gobernante hace oídos sordos, aunque hoy
nos quiera hacer creer que precisamente obedece a esta demanda que le
resulta conveniente para tomar al país bajo el recurso de la represión y el
control por la fuerza.

Existe ya una guerra interna de baja intensidad, pues el gobierno sigue
insistiendo en que su proyecto de país siga adelante, tratando de imponerlo
sin el debido consenso, situación que lo ha llevado a crear un clima de
innumerables focos de conflicto en la región denominada de la «media luna»,
intentado con esta situación tratar de dejar por sentado que las provincias
no aceptan la demanda de autonomías departamentales, generando con
movilizaciones de sus partidarios una presión interna, para justificar de
esta manera la negación de la demanda autonómica. Sin embargo, este no es el
único problema en el país, pues existen otros conflictos que el gobierno no
está pudiendo controlar, como es la demanda de capitalía de la ciudad de
Sucre y la demanda de los mineros cooperativistas a los que el gobierno
pretende transformar en asalariados integrándolos a la refundada empresa
estatal Comibol. No queda duda que el gobierno ha decidido volcar a sus
partidarios a la calle, realizando cabildos provinciales para generar una
convulsión social y luego tratar de justificar una intervención militar
autoritaria con el supuesto fin de pacificar el mismo país que ha
incendiado. Esta es la política de Nerón, que desgraciadamente, el actual
gobierno ha decidido utilizar en nuestro país con los mismos fines de poder.

La caldera del diablo es sin embargo impredecible y este es un momento de
gran riesgo para la estabilidad y la continuidad de la vida democrática en
nuestro país.

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