Opinión Internacional

La Casa Blanca adora a Lula

Los titulares de la prensa del 2001 “Nixon intervino en las elecciones de 1972 en Uruguay” y “EE.UU. ayudó a desestabilizar Chile” no parecieron sorprender a nadie y si lo hizo, ahora están en el olvido de la izquierda latinoamericana. Aunque el investigador del Archivo de Seguridad Nacional en Washington, Peter Kornbluh, dijo que los documentos desclasificados podrían ayudar a reescribir la historia. Entre los detalles revelados en las 110.000 páginas de conversaciones entre Nixon y sus asesores, destaca su preocupación por algunos gobiernos democráticos de América Latina y por sus procesos electorales en curso por aquellos años que se acercaban a la izquierda peligrosamente.

Pasada la Guerra Fría, otros son los temores en la Casa Blanca. La diplomática Donna Hrinak, citó al Presidente George W. Bush «muchas veces Brasil tiene ideas mejores que nosotros» para la región. Nixon y Kissinger ciertamente lo habrían identificado tiempo atrás. América Latina marcha al ritmo del gigante de la Samba. La actual política estadounidense no solo reconoce la tradicional visión republicana, sino que además piensan que Luiz Inácio Lula da Silva debe asumir el liderazgo en América Latina. Lo quieren como socio.

Ciertamente, la paranoia roja ha cesado en EE.UU. o mejor dicho ha sido reemplazada por el temor al fundamentalismo islámico y al terrorismo internacional. Aunque también es necesario reconocer que antes que un cambio de actitud de la Casa Blanca, existe un nuevo rostro en la izquierda brasileña, más moderna y europea que las del resto de la región. ¿Qué diferencia hay entre la derecha del Partido Popular de José María Aznar y el Partido Socialista Obrero Español? El lema insignia de la izquierda española reza: “Es otra forma de ser y otra forma de gobernar”, es decir nada en sustancia y todo en superficie.

Sin embargo, el antidiluviano Fidel Castro, incluido su aprendiz de yoda rojimio Hugo Chávez, así como algunos románticos seguidores del “Che” Guevara aún persisten en la insurgencia armada, en la dialéctica de la confrontación, en la lucha de clases y en el enfrentamiento contra el imperialismo yanqui como solución a todos los males. Lo hemos visto en los coqueteos de Caracas con La Habana y en Lima, con la irrupción violenta al estilo de Mijail Bakunin de una huelga de maestros que resucitaba a los que se creía extintos dinosaurios de Patria Roja.

¿Hay un giro hacia la izquierda en las preferencias de la Casa Blanca? Realmente no, más bien es una aceptación al modelo de conversión hacia la derecha del socialismo, de un socialismo más bien liberal, en donde solo hay distingo en políticas solidarias y mayor asistencia del Estado y en donde no hay cabida para poses totalitarias. Las crisis doctrinarias del fin del Milenio, el colapso de dogmas ha hecho que hombres tan tradicionalmente vinculados a la derecha como Mario Vargas Llosa declaren sentirse más identificados con el PSOE que con el Partido Popular. Esto también obedece a una uniformización de políticas y estilos, en donde las diferencias no son tales y solo son matices, como el lema del PSOE lo ha dicho antes.

Aún así en Caracas y retrogradas de otros países latinoamericanos parecen aislarse de las tendencias globales y prefieran caminar solos, con las consecuencias de ese aislacionismo.

(*): Site del autor: www.josemusse.com

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