Opinión Internacional

La clonación en Rusia

Este verano, el Gobierno de Rusia adoptó el proyecto de ley que prohíbe temporalmente la clonación del ser humano. En caso de ser aprobado por el Parlamento, durante los próximos cinco años en el territorio de Rusia todos los experimentos genéticos se realizarán solamente en animales. Según piensan los expertos del Ministerio de Ciencias y Tecnologías que han redactado este proyecto de ley, son los propios científicos quienes sacaran provecho de todo ello. Su lógica es bien sencilla: «cuanto más pronto el proceso de clonación se ensaye en animales, tanto más pronto se podrá proceder a clonar al hombre». El proyecto propone prohibir no solo el clonación del ser humano sino también sacar o internar embriones humanos en caso de ser clonados.

De modo que en el campo de la clonación Rusia sigue el camino de los países desarrollados. Concretamente, Moscú se adhirió a la prohibición del clonación de seres humanos, establecida en el marco de la Convención del Consejo de Europa sobre los Derechos del Hombre. La mayoría de los países europeos prohibieron el clonación del ser humano.

En el seno de la sociedad rusa, sobre todo en los medios científicos, hay, no obstante, un amplio abanico de opiniones acerca de los experimentos en materia de clonación y de su influencia sobre la gente. Según datos en poder del Ministerio de Ciencias y Tecnologías, la primera clonación en Rusia se hizo ya hace 20 años. Científicos del Centro Biotécnico de Moscú realizan estas investigaciones desde hace cinco años y a partir de 1997 clonan con éxito embriones de conejos. Ahora hacen experimentos de clonación de ternero. Introducen en el óvulo la llamada célula somática sacada de la piel o hígado del animal. En caso de que el experimento resulte bien, la célula injertada se transformará en un embrión que se insertará en el vientre de la madre. Si los biólogos se las ingenian de alguna manera para costear su experimento, este ternero clonado podrá salir a luz dentro de un año y medio. Los estudiosos piensan hacer de este ternero un toro semental de buena raza.

Actualmente, en el Centro de Reproducción y Genética en la ciudad de Sochi (Sur de Rusia) científicos rusos junto con sus colegas norteamericanos se ocupan de clonar un mono antropoideo. «Aun es difícil predecir qué es lo que podemos obtener, pues el experimento ha recién comenzado», dice David Broneshter, director del Centro. Según él, crear copias genéticas de monos antropoideos resulta muy difícil, pero si esto se logra, las mismas técnicas podrán aplicarse al hombre, por ejemplo, para tratar diversas enfermedades.

Sin embargo, según afirma Alexander Zelenin, uno de los dirigentes del programa ruso «Genoma humano», actualmente en Rusia no hay posibilidades para clonar al ser humano. Para ello es indispensable tener un personal científico especialmente preparado, disponer de equipos costosos y condiciones para cultivar células. En general, a juicio del investigador, el clonación del ser humano, en caso de coronarse de éxito, no permitirá obtener «copias» exactas del organismo que ha servido de donante.

El miembro numerario de la Academia de Ciencias de Rusia, Lev Kiseliov, presidente del programa nacional de Rusia «Genoma humano», se opone a la clonación del hombre. «Biólogo como soy, encuentro contranatural esta idea -explica su actitud-. Porque toda la evolución se basa en la unión de multigenomas que produce la variedad de especies. Si se utiliza un mismo genoma, este experimento reproducirá todos los efectos que presenta y, en vez de lograr nuevas características, los científicos corren el riesgo de obtener monstruos». Lev Kiseliov apoya sin reservas el proyecto de ley presentado por el Gobierno de Rusia que prohibe temporalmente el clonación del ser humano.

Al decir del académico, es preciso poner barreras a los intentos de algunos científicos de exigir mayores subsidios, tanto de fuentes públicas como privadas, para unos proyectos sospechosos que puedan acarrear consecuencias imprevisibles. Ello desviaría los recursos de los estudios fundamentales que necesitan financiaciones y que ya aquí y ahora realmente son capaces de ayudar al hombre. El proyecto de ley no prohibe trabajar en células esenciales del embrión humano y menos impide el clonación de animales.

El famoso cardiocirujano Yuri SHEVCHENKO, ministro de Sanidad de Rusia, también expuso su criterio acerca del problema de marras. «En la transplantología -dice- es muy grave el problema de los órganos de donantes, pues muy a menudo los médicos tienen que afrontar resistencia por parte de potenciales donantes y sus parientes, especialmente por motivos religiosos. Los experimentos de clonación no son otra cosa que el inicio del trabajo en este problema. No se trata de clonación sino de reproducción de células.

En mi clínico de San Petersburgo también se ocupan de reproducir células de piel y tejido cardíaco -continúa Shevchenko-. Quizás, con el tiempo se logre obtener en condiciones artificiales riñones y corazones. Es inútil prohibir estas investigaciones y experimentos. El propio Señor también ha sido un gran experimentador. Ha introducido en nosotros el programa de investigaciones».

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