Opinión Internacional

La consolidación de la democracia argentina (1983 – 1998)

(%=Image(4313031,»R»)%)Indudablemente que cuando cualquier analista trata de comprender la realidad de América Latina, tiene que enfrentarse frente a sus ojos a una gran complejidad de procesos sociales, políticos y culturales; cada país con su particularidad interna ( y muchas veces tan distinta al país vecino), pero que en el fondo del asunto podemos identificar que hay tendencias estructurales que se repiten en nuestras sociedades.

Cuando afirmamos que América Latina es un sub-continente bastante complejo, no lo decimos en vano, pues si para llegar a un acuerdo sobre el nombre de nuestra región fácilmente llegará a convertirse en una querella intelectual.

El planteamiento sobre la definición de América Latina lo aborda muy bien Rouquié cuando se pregunta ¿ Qué se entiende geográficamente por América Latina?, ¿El conjunto de los países de América del Sur y América Central?, [1] a lo que responde, “Desde luego, pero según los geógrafos, México pertenece a América del Norte”[2], si seguimos este planteamiento comenzamos a observar la singularidad y complejidad del abordaje al problema en cuestión.

Si bien es cierto que somos una región prácticamente (en su mayoría) del idioma castellano, también hay que reconocer la influencia (en nuestra conformación de Estados) del idioma portugues, inglés y francés. Para nadie es un secreto que América Latina es producto de un mestizaje que se acentuó más en unos sitios que en otros, generando que cada nación tuviera su Gemeinschaft, con la finalidad para desenvolverse y conseguir su Telos. La materia social de América Latina es un tanto especial, porque pareciera ser que cuando decimos que es “latina”, es porque seguramente nos podríamos referir a Grecia, Italia o España, pero el ambiente social es totalmente diferente porque hemos presenciado durante estos últimos 200 años de evolución sistémica, que ha producido las características indígenas de América Latina.

(%=Image(1675351,»L»)%)Quizás sería oportuno poner un ejemplo para comprender nuestros razonamientos. Siguiendo de nuevo a Alain Ronquié, éste se refiere a los tres tipos de pueblos que tenemos, que son: a) Los pueblos testigos, b) Los pueblos transplantados y c) Pueblos nuevos, al cual podemos explicar de la siguiente manera. Los pueblos testigos “ son los descendientes de las grandes civilizaciones, azteca, maya e inca”[3].

Los pueblos transplantados formaron la América blanca. Tierras de población reciente, donde indígenas nómadas de escaso nivel cultural fueron despiadadamente eliminadas antes de la oleada inmigratoria, nació una especie de Europa austral”[4]. Conviviendo con los llamados pueblos nuevos de formación más reciente y que “son producto del mestizaje biológico y cultural”[5]. Cuando percibimos que solamente haciendo un corte longitudinal, la realidad de nuestra conformación social es bastante complicado, el resultado son formas políticas muy distintas a los europeos o norteamericanos, ya que la misma Gessellschaft latinoamericana tenía su propia Wirklichkeit, su propia lógica, que como veremos más adelante, cuando nos toque analizar la democracia en Argentina (1983-1998) podremos ver su complejidad.

Realmente la solidaridad latinoamericana la hemos visto a veces y durante toda nuestra historia como subcontinente un tanto en duda a tal punto que el único país independiente que no tuvo guerras con países vecinos después de 1830 fue Venezuela y en el siglo XX, hemos visto intervenciones armadas y apoyos a gobiernos europeos efectivos, hechos por gobiernos latinoamericanos (ejemplo: la guerra de Las Malvinas) y que lo que subyace a estas circunstancias fue el tradicional enfoque, de mirar y contemplar primero a las urbes europeas y no atender nuestras realidades. Manuel García Pelayo en sus obras completas nos habla que en toda sociedad existen dos tipos de organización, la primera, la ordenación o acomodación (Verdinglichlung) y “en donde la frontera sujeto-objeto no está demarcado por una coacción artificial-racional” [6], mientras que con el nacimiento del Estado donde se realiza la organización u objetivación (Versachlichung) del poder político, una estructura racional con arreglo a funciones [7]”. Estas dos etapas de la formación política del hombre y por tanto que América Latina intentó cumplir, presentó sus variantes ya que el orden creado (Versachlichung) tuvo connotaciones nominales (no obediencia a las leyes), no porque en América Latina sea rebelde, desfasada, sino porque nuestra propia dinamicidad tiene su parecer. La aspiración del goverment of law not of men [8], fue realmente una aspiración, Argentina un pueblo que conoció la democracia liberal-burguesa por el desarrollo de la Unión Cívica Radical (U.C.R.) e Hipólito Yrigoyen, pronto vivió dictaduras militares o gobiernos civico-militar de carácter populista que ensombrecieron la efectiva democratización del país sureño.

Oszlak nos habla que los atributos de la “stateness” son “a) externaliza su poder, b) institucionalizar su autoridad y c) diferenciar su control” [9], pero es que lo que ocurrió en nuestras “hermanas” naciones fue que el proceso degeneró en otras formas; si bien indudablemente para América Latina el efectivo cumplimiento de los atributos expuestos por Oszlak, le fueron difíciles de emprender y concretar dados las situaciones políticas en el subcontinente. Con ello pretendemos entender y comprender como una sociedad tan organizada y culta cayó a niveles alarmantes de intolerancia política. Para los efecto de nuestro trabajo, analizaremos el proceso de democratización en Argentina entre 1983-1998.

Argentina es una nación sureña que es una de las primeras en conocer una democracia liberal burguesa, relativamente temprano con relación a otros, ejemplo: Venezuela pero éste país ha tenido y sufrido grandes y prolongadas intervenciones militares con el fin de resolver políticamente lo que los civiles eran incapaces de hacer. Sabemos que en América Latina las fuerzas armadas han tenido un papel predominante en la constitución de nuestras naciones en repúblicas, actitud que generó que este grupo político ejerciera constante presión sobre nuestros débiles Estados.

La histórica creencia de que ellos (las fuerzas armadas) eran los únicos con facultades para asumir el gobierno mermo la posibilidad de la instauración de una democracia efectiva, por lo que si observamos la historia de dicho país nos percatamos que la intervención militar es mucho más prolongada y persistente que la democracia.

El proceso dictatorial que vive la Argentina entre 1976-1983, fue producto de una respuesta autoritaria ante del descalabro económico y político del gobierno de Maria Estela Martínez mejor conocida como Isabel Perón (dicho gobierno venia de ser la sucesión después de la muerte de Juan Domigo Perón) fue catalogada por lo incapaz de conducir a la nación gaucha, por lo que la élite militar optó por un golpe de Estado.

Jorge Videla, Eduardo Viola, Leopoldo Galttieri y Reynaldo Bignone (éste último transición) fueron los militares que gobernaron la Argentina a finales de la década de los setenta, dicho gobierno autoritario se encargó de desarticular toda movilización popular, suspendiendo cualquier actividad proselitista en contra del régimen. La dictadura argentina de esta etapa en particular se dedico a perseguir y asesinar a individuos contrarios al gobierno, es decir, se dedicó a montar un aparato de coerción y vigilancia institucional con el fin de mantener su sistema autoritario.

La manifiesta incapacidad de los “gorilas” argentinos ocasionó una gran crisis económica de modo tal que las bases para la legitimación y consecuente gobernabilidad diese un soporte digno para la ejecución política poco a poco se fue desmoronando, con lo que en un acto de locura (para conseguir oxígeno a tan desgastado gobierno) se inventó una guerra en disputas por las Islas Falklands, mejor conocida como las Malvinas. Dicha y tamaña estupidez lanzó al país al vacío, no sólo en la maltratada economía y la consecuente ingobernabilidad, sino que también sumergió a la sociedad argentina a una crisis internacional con nada mas y nada menos que Inglaterra una de las cinco primeras potencias nucleares del mundo.

El resultado fue obvio, Argentina perdió la guerra y con ella sobrevino una super-crisis política que los mismos militares no pudieron contener lo que con irresolutamente convocaron a elecciones generales en el año 1983. En dichas elecciones fue electo el presidente Raúl Alfonsín, candidato del longevo partido político, Unión Cívica Radical.

A nuestro juicio las consideraciones que hace Detlef Nolte (1995: 10-11) nos parecen justas mencionarlas acerca de la transición argentina.

-“En comparación con las Fuerzas Armadas en la mayoría de los otros países de América Latina, las fuerzas armadas argentinas no tuvieron el poder de condicionar y dominar el proceso de transición, debido a la debacle de las Malvinas y de los fuertes conflictos interinstitucionales.

– En 1983 los radicales vencieron por primera vez a los peronistas en elecciones limpias sin proscripciones.

– El gobierno de Alfonsín nunca tuvo una mayoría en ambos cámaras del Congreso, siendo desde 1987 claramente minoritario. Esa constelación restringió su espacio de maniobra y forzó al presidente a compromisos muchas veces costosas con partidos provinciales y legisladores peronistas”.

Esto presentó una situación que para hacer viable la transición, Alfonsín tuvo como norte la consolidación de las instituciones democráticas, lo que motivó a que lo económico fuera secundario. Aunque el gobierno del radical Alfonsín sea recordado por lo nefasto de su plan económico para enfrentar la Crísis (llamada Plan Austral), debe ser reconocido históricamente por la preocupada actitud de crear un sistema de partidos y la reinstitucionalización de las autoridades públicas que “a los militares argentinos no les fue posible estructurar el proceso de transición y poner condiciones al primer gobierno civil” [10].

El nuevo gobierno civil se tomó en serio el juicio contra los militares, la investigación de las violaciones a los derechos humanos, por lo que su relación con los militares fue un tanto contradictoria, posibilitada por la resistencia militar que motivó varios alzamientos (felizmente controlados) de los “carapintadas”. Dichos actitudes entorpecieron la labor inquisidora del gobierno.

No sólo basta en un proceso democratizador como el vivido en Argentina, transar y entenderse con los “milicos”, sino también con los sindicatos; es por eso que la consolidación de la democracia y del sistema de partidos disminuyó el peso político de los sindicatos” [11], que en otros tiempos sustituyó al Partido Justicialista y a la U.C.R.. Si realmente los sindicatos en búsqueda de ciertos privilegios y los militares buscando también algo de legitimidad sostuvieron encuentros para ayudarse mutuamente, pero esta relación se terminó con la progresiva consolidación del sistema de partidos logrando la merma sindical, a tal punto que en 1983 ellos tuvieron 35 diputados nacionales y en 1993 sólo llegaron a ocho.

La política de Alfonsín con los sindicatos fue bastante traumática sobre todo porque la C.G.T., (Confederación General de Trabajadores) se resistió a la implementación de paquetes neoliberales con lo que al no poder recurrir a conversaciones exitosas que calmaran las exigencias de cada sector, nos encontramos que este gobierno tuvo que enfrentar 13 huelgas generales lo que la presión en contra del mismo gobierno fue bastante dura. Podemos decir que necesariamente Argentina para poder realizar reformas económicas fuertes, duros, no necesitó de un golpe militar, realmente su virtud fue realizada bajo la democracia.

El drama de la democracia argentina tuvo su gran primera prueba cuando el presidente Alfonsín, adelantó los comicios presidenciales el año 1989, inflación de 5000%, varios intentos de golpe de Estado, debilidad del gobierno constitucional, sin embargo Argentina quebró el paradigma que para realizar cambios económicos profundos, es necesario un gobierno militar, porque la democracia se consolidó y quedo vitorioso el presidente Carlos Menem del partido peronista.

La victoria justicialista podemos decir que en la tradición del mensaje y de la retórica política del peronismo conocida por lo ortodoxo en cuanto a su filiación al populismo, fue reconvertida a un mensaje político cargado de sacrificios y de medidas económicas externas, que hablaban de disciplina fiscal, aumento en el pago de servicios, mayores impuestos, etc., pero para lograrlo debía cumplirse una condición sine qua non y es que “el proceso de reconstrucción de la autoridad pública tiene dos cara en la Argentina menenista. Tiene la cara de la estabilidad económica que aporta a desmontar incertidumbre y reforzar la autoridad pública y tiene la cara de un sistema político en el cual hay mucha corrupción y muchos escándalos como factores para conocer la autoridad pública” [12].

Por lo que los éxitos para vitalizar la democracia vinieron de medida impopulares, donde los éxitos políticos y económicos dependieron de la capacidad de los partidos para canalizar la aversión a la incertidumbre asociada con la inestabilidad económica” [13], es por eso que la inestabilidad fue contrarrestada con una imagen de autoridad matizada con rasgos autoritarios. Esto impulsó la reconstrucción de la autoridad pública y como eje para la reorganización de las conductas colectivas.

Si bien Menem también tuvo crisis militar, éste fue más hábil que Alfonsín, ya que al indultar a los militares y conceder perdones y considera olvidado el pasado Menem captura para sí a los militares, haciéndolos entrar en razón y colocándolos al servicio de las regla del sistema democrático, resultando que la integración de las fuerzas armadas a la vida institucional fuese un hecho, por otro lado termina con el pretorianismo y consigue finalmente la subordinación a las leyes democráticas.

Necesario fue la negociación con los sindicatos para poder implementar sus medidas “shock”, éstos quienes frente a Alfonsin fueron radicales, para Menen fue más fácil porque consigue a un sector sindical dividido con lo que al realizar una efectiva política de negociación pudo abrir un compás de oportunidades de beneficio para los sindicatos en algunos áreas (ej. Seguridad social) y en otros no, impulsando que sus necesarias medidas no tuviesen tropiezos.

El sistema democrático argentino a nivel internacional tuvo varios retos por delante como por ejemplo: hacer notar que realmente el fantasma de la bota militar estaba desapareciendo, por ello comenzó a elaborar una política de reducción de gasto que le tardó una década, es así como bajo el gobierno de Menem se le asignaban menos recursos a los militares, que en tiempos de Alfonsín, luego se realizó un desmantelamiento de un proyecto de un misil balístico (Cóndor II).

Luego ratificaron el Tratado de Tlatelolco y el de No- proliferación de armas nucleares [14], siguiendo con la eliminación del servicio militar obligatorio y del número de efectivos. “Así a principios de 1993 las fuerzas armadas argentinas incluyeron solamente 70.000 hombres comparados con 93.000 de su vecino Chile”.

En base a lo que hemos planteado el gobierno de Alfonsín durante la década de los ochenta comenzó a restablecer relaciones comerciales con Brasil, “llegando a promover protocolos de intercambio comercial y de cooperación política en 1985” [15], así como también debemos reconocer que en parte el nacimiento del Mercosur se da o se origina bajo el gobierno de la U.C.R., pero el gobierno de Menem, no sólo fue más allá con el Mercosur, sino que también diseño una política hemiférica de ayuda en operaciones de paz de la O.N.U., en países con problemas políticos, a su vez ayudó a los Estados Unidos de América en la guerra del golfo en el año 1991, la propuesta de los cascos blancos fue elaborada por el presidente Menem, así que Argentina ha tenido avances en la transición democrática, la ha ganado la partida al autoritarismo pagando un precio muy alto, como lo es el dolor de familias que se quedaron sin sus hijos, de tener que reunificar a un país dividido, en fin , creemos que la democracia en Argentina va por buen camino, todavía falta mucho, es perfectible.

Conclusión:

Argentina realmente le ha costado mucho tener un régimen democrático, no en vano ha sido su sufrimiento durante décadas dominado por regímenes despóticos, ahora, en el fondo Argentina ha podido superar las crisis pasadas, pero si algo ha sido cierto es que en el desarrollo y crecimiento de nuestra región “las relaciones entre democracia y modernidad, no fueron nunca lo suficientemente claros en la historia de América Latina” [16], por lo que es ahora a finales de siglo que comenzamos a visualizar otras tonalidades para afrontar los retos del futuro, el caso argentino y su transición es digno de observar porque si bien es cierto que “lo político” es muy importante en la reinstitucionalización de la autoridad pública, la sumisión al poder civil de los militares, la ampliación en la gama de opciones políticas, el factor económico es fundamental para lograr dicha meta. Este planteamiento lo hacemos porque nuestra región tiene potencialidades (aún no exploradas) y conservamos deficiencias en la manera de producir y crear sistemas de asignación de recursos de una manera más justa.

Cómo nosotros los latinoamericanos no somos un pueblo que nació bajo la democracia, (nos ha costado) a veces la pobreza que ocupa gran parte de los países, que suele dejarse llevar por promesas populistas (que algunas veces producen daños cuantiosos) y que en lugar de acercanos al progreso, más bien nos retrasan, no solo en lo económico, sino también en la conformación del tejido estructural-institucional.

NOTAS:

[1] Rouquié, (s/f), pag. 17.

[2] Ibid. op. cit.

[3] Ibid. pag. 34.

[4] Ibid. pag. 35.

[5] Ibid. pag. 35.

[6] García Pelayo (1191), pag. 2246.

[7] Ibid. (1991), pag. 2247.

[8] Rivas, (1997), pag. 246.

[9] Oszlak, (1979). Pag. 243.

[10] Nolte (1995), pag. 18.

[11] Ibid, op cit. pag 32.

[12] Ibid,op. cit. pag 29.

[13] Ibid, op.cit. pag 28.

[14] Ibid, op.cit. pag.19.

[15] Valero, (1996), pag. 5

[16] Weffort (1195), pag.

BIBLIOGRAFIA:

GARCÍA PELAYO, Manuel. Obras Completas. Madrid 1991.

NOLTE DETLEF. “De la larga agonía de la Argentina Peronista a la Reconversión Menenista”, en Transformación de los Sistemas Políticos en América Latina. Fundación Konrad Adenauer. 1995.

OSZLAK, Oscar. El Estado, Locke, Moore y otros. U.C.A. Editores. San Salvador. 1979.

RIVAS, Elide. Idea y praxis en la concepción política de Guzmán Blanco; en POLITEIA Nº 20. Instituto de Estudios Políticos. U.C.V. 1997.

VALERO, Eduardo. Venezuela y Mercosur. ¿Una posible integración? . Trabajo presentado para la materia Teoría Política II. 1997.

WEFFORT, Francisco. La América equivocada. Apuntes sobre la democracia y la modernidad en la crisis de América Latina, en Reyna José Luis (compilados), América Latina a fines de siglo. F.C.E. 1995.

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