Opinión Internacional

La débil democracia europea

(%=Image(7298703,»L»)%) Washington (AIPE)- ¿Es la Unión Europea democrática? Casi todos los europeos creen que sí, pero hay grados de democracia. Muchos europeos se sienten cada día más impotentes frente a sus gobiernos nacionales y mucho más frente a la Unión Europea. Y tienen poderosas razones para sentirse así. Aunque muchas naciones europeas son más viejas que Estados Unidos, todas las democracias europeas (con la excepción parcial de Suiza) son más recientes, siendo muchas de ellas democracias desde hace unas pocas décadas y menos aún las que pertenecieron a la Unión Soviética.

Muchas de las naciones europeas fueron monarquías autoritarias que se han transformado en socialismos autoritarios, sin crear las instituciones democráticas que protegen a los individuos del gobierno.

Cuando un pequeño grupo de personas se reúne y vota por sus líderes y por todas las cuestiones realmente importantes, a ese proceso lo llamamos “democracia directa”. Muchos pueblos de Estados Unidos, especialmente en Nueva Inglaterra, convocaban a la gente a reuniones de ciudadanos donde se decidía sobre los impuestos y cómo gastar el dinero de los contribuyentes. La mayoría de los países tienen hoy “democracias representativas”, donde la gente elije a representantes que apoyan sus deseos y opiniones.

El sistema suele funcionar bastante bien cuando los ciudadanos conocen a sus representantes, pueden interactuar con ellos y cuando estos representantes temen perder su posición si no reflejan el deseo de la mayoría.

Muchos países europeos han construido su sistema político de arriba hacia abajo, en lugar de desde abajo hacia arriba. En tales países, la élite política decide qué es lo que conviene a la ciudadanía. Francia es un buen ejemplo de ese sistema. La mayoría de los líderes políticos franceses fueron a la misma universidad elitista, donde desarrollaron su red de amigos, razón por la cual tanto los políticos de izquierda como los de derecha en Francia quieren un gobierno grande, donde ellos lo controlan todo. Los parlamentarios están bajo el control estricto de los partidos y, por lo tanto, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, votaciones en contra de la línea partidista son muy raras.

En el Congreso de Estados Unidos, los líderes están todo el tiempo negociando con sus compañeros de partido, tratando de lograr mayorías. La principal lealtad de los congresistas es hacia sus electores, no hacia los líderes de su partido.

En Europa, y también en América Latina, lo normal es lo opuesto. Si los congresistas no siguen la línea partidista los van a eliminar de la lista de candidatos, reemplazándolos por otros de su distrito. Por lo tanto, los congresistas ocupan casi todo su tiempo en quedar bien con los jefes del partido.

El líder del Partido Conservador del Reino Unido acaba de anunciar que el partido no luchará por rebajar los impuestos durante la próxima campaña electoral. Los dirigentes de la vieja guardia thatcheriana están indignados y lo consideran dañino tanto para el país como para el partido, pero si no bajan la cabeza y lo aceptan, sus nombres no aparecerán en las listas de candidatos.

Otro factor influyente en el centralismo poco democrático que prevalece en Europa es la importancia de la televisión gubernamental. Como es de esperar, los canales del estado apoyan al gobierno grande que les paga sus salarios. El caso más notorio es la BBC, cuyos ingresos provienen enteramente del impuesto que pagan todos los que tienen un televisor en el Reino Unido. Como es de esperarse, los comentarios y la presentación de las noticias de la BBC son siempre en contra de un gobierno limitado e impuestos más bajos.

De esta forma, la defensa de la libertad individual y el libre mercado confrontan una doble desventaja en Europa en su lucha contra del monstruo gubernamental que distribuye favores por cuenta del presupuesto nacional y manipula la información a través de la televisión estatal.

Dado que en Europa a las élites más poderosas ni a los medios de información mejor financiados les gusta mucho la democracia, crece el estatismo, lo que a su vez ha destruido gran parte de la vitalidad económica europea.

___* Director general del Center for Economic Growth y académico asociado del Cato Institute.

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