Opinión Internacional

La fascinación de la prensa por Obama

En una acción casi desesperada, el Comando de Campaña de John McCain ha denunciado el favoritismo de muchos medios norteamericanos por su contrincante, Barack Obama. Textualmente, el comunicado de dicha oficina califica como bastante evidente que los medios tienen una fascinación extraña hacia Obama. Algunos hasta podrían llamarla una historia de amor, lo cual será gracioso si no fuera tan serio.

La queja surge en plena onda expansiva de la gira de Obama por Afganistán e Irak, con un ejército de periodistas cubriendo sus pasos desde lejos y cerca, pero el caso había estallado antes, tras el rechazo que The New York Times hizo de un artículo de Mc Cain, con el cual éste esperaba equiparar el buen cometido de Barack Obama en una anterior publicación. La dirección de ese periódico había argumentado que no podía aceptar el artículo del republicano tal y como estaba escrito.

Al parecer, el escrito que le rechazaron a McCain se centraba en desvirtuar los planteamientos de Obama para terminar con la guerra en Irak, sin especificar cuáles son sus propias ideas al respecto. La dirección de The New York Times bien pudo jugar al equilibrio publicando el artículo como una complacencia, pero al sostener el rechazo, insinúa que el artículo del republicano no aportaba nada nuevo y vendría a ser como una simple diatriba. Alguien debió sugerirles que lo publicaran como remitido, aviso pago, porque el periódico definitivamente no lo asumió como material informativo o de opinión.

Qué está pasando? En primer lugar, Barack Obama es un escritor, un intelectual propiamente dicho, con varios libros de su plena autoría, publicados incluso cuando ni pensaba entrar a la política. De hecho, su salto al protagonismo nacional se debía en gran parte a la exploración que hizo de su vida privada, cuando contó el desastre de su familia, especialmente los sufrimientos a causa de su padre díscolo e irresponsable.

El escritor Barack Obama escribió sus libros, como sus artículos, como sus declaraciones, como sus discursos e intervenciones en debates, en primera persona, con un sello personalísimo, propio del hombre leído y cultivado. Nada de esto podrá lograrlo, ni con mil asesores, redactores y teleprompters el adusto John McCain, de meritoria trayectoria, legislador de experiencia, héroe de guerra, pero sin la inteligencia comunicacional que el otro exhibe.

John McCain tiene razón al quejarse pero los medios no son los culpables. Claro que sí hay el favoritismo, pero en verdad no opera una preferencia política hacia Obama, sino un legítimo orden de prioridades. El anciano, frío, poco emotivo John McCain, quien casi nunca improvisa, con una parafernalia comunicacional perfectible, es poco noticioso, mientras que el afroamericano Obama vende ejemplares, aumenta la sintonía de los canales, motiva tirajes adicionales, por su sola imagen.

En el fondo subyace un conflicto entre dos estilos de hacer política. Barack Obama tiene además de su notable formación e inteligencia, un perfil más mercadeable. Habla como un predicador, se sustrae a su relativa negritud, es joven y de porte atlético, con excelente dicción, de actitudes originales pero muy histriónicas y se atreve a airear su vida íntima, sus debilidades y problemas como si la carrera presidencial fuera un talk-show de varios meses de duración.

El senador McCain, con una biografía mucho más construida, de seguro que con más experiencia y no sí con superiores dotes de estadista, carece del encanto que el otro ofrece. Nada más natural que los reporteros, los entrevistadores, las salas de redacción y los empresarios prefieran al fenómeno comunicacional del momento.

Se trata de una pelea muy desigual a la cual no hubiesen llegado de haber coincidido las primarias de ambos partidos. Para cuando los republicanos elegían a McCain, todo indicaba que su contrincante sería la igualmente fría, inmutable, hierve tica Hillary Clinton. De haber sabido que lidiarían con un personaje tan impredecible, denso y carismático, en lugar del septuagenario héroe de Vietnam habrían tenido que apelar a otra figura del espectáculo, a algún senador mucho más joven, capaz de plantarle la pelea en el decisivo espectro de la comunicación de masas.

Abogado y politólogo

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