Opinión Internacional

La globalización y Kim Jong Un

Prácticamente el mundo quedó consternado cuando en estos días apareció en la prensa nacional e internacional lo ocurrido con el tío del dictador de Corea del Norte, Kim Jong Un, cuando de acuerdo a la información periodística ordenó la muerte de su tío por perros hambrientos y con la crudeza inhumana de verlo morir acompañado con funcionarios de su gobierno.

Esta situación llena de crueldad y de incivilización tiene múltiples lecturas. Pero la más importante, a mi juicio, lo constituye el hecho de que hasta los momentos no existe ningún organismo internacional, no solamente que se haya ocupado del hecho trágico en sí mismo, sino la ausencia de actuación por parte de estos organismos que condenen esos hechos y propongan al mundo civilizado una respuesta firme y global ante tal monstruosidad ocurrida en pleno siglo XXI.

La Carta de las Naciones Unidas en su preámbulo dice textualmente que uno de sus propósitos es: «reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas», para lo cual conlleva necesariamente una actuación del organismo que se traduzca en orientación hacia no solo los pueblos del mundo sino especialmente a sus gobernantes. La Organización de Naciones Unidas, así como todos aquellos órganos transnacionales que se relacionen con los derechos humanos, deben pronunciarse de manera inmediata ante tan vil hecho incontable para las nuevas generaciones de hombres y mujeres en el mundo. La globalización como fenómeno mundial supone la unificación cultural y sobre todo científica e informática que se traduce en una ayuda para los pueblos del mundo y lograr con ello una información universal, lo cual implica en todo caso, facilitar las políticas de bienestar que ocurran tanto en países desarrollados como subdesarrollados. Ahora, la globalización debe también materializarse en casos como lo ocurrido en Corea del Norte. Ciertamente, la globalización no se debe limitar a la sola información como modelo científico, sino del mismo modo, incentivar una actuación común, como denunciar lo ocurrido, y desde luego, instar el cambio de tales conductas provocadas y ejecutadas por gobernantes de esa naturaleza.

El hecho es inconmensurable, imposible de medir, por cuanto, que un ser humano sea desaparecido de esta forma por la sola voluntad de otra persona, acontece en violación absoluta de todos los derechos humanos que los ordenamientos jurídicos le confieren en contra de su dignidad, y más aún, a favor de un disfrute de sadismo y de disfrute de un poder conferido al que alienta tal situación. Es como el horror de haber matado 6 millones de judíos, es como repetir esa historia, pero peor aún, sin posibilidad que esa historia sea reparada o indemnizada. ¿Qué podemos hacer los simples mortales que vemos esos hechos? Nada. Simplemente nada. Benedicto XVI, cuando visitó Auschwitz, pidió perdón y dijo: «Por qué, Señor, callasteis. ¿Por qué toleraste esto?». Hagámosle también esta pregunta a la ONU.

 / @gbricenovivas

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