Opinión Internacional

La gran armada literaria portuguesa

El más reciente y más importante de los eventos culturales de la capital francesa fue, sin duda alguna, la XX edición del Salon du Livre. A lo largo de los 50 mil m2 de la feria, la misma fue visitada por cerca de 250 mil personas en tan sólo cinco días, o sea un incremento de 5,8% con relación al año anterior. Tres fueron las grandes estrellas de esta XX edición: el libro electrónico, el brasileño Paulo Coelho y Portugal, el invitado de honor de este año. Sobre esto último escribiremos hoy.

“Es, por eso, con una sensación de quien pisa un terreno encantado que, durante días, se ve repetirse lo que Eça nos contó, pero a la inversa: de hecho, hoy son los franceses quienes se precipitan sobre libros y autores que traen a París una de las literaturas europeas todavía por descubrir. Es claro que Pessoa, Torga, Lobo Antunes, Saramago, entre otros, formaban ya parte del mundo de referencias del lector francés, pero lo que la prensa, la radio, la televisión nos muestran es que, además de ellos, hay muchos otros por traducir, desde los clásicos a los contemporáneos»

Nuno Júdice
Da minha língua vê-se o mar/De mi lengua se ve la mar. Con esta frase de Vergílio Ferreira, una de las grandes figuras de la novela contemporánea portuguesa, Portugal, mejor dicho la literatura portuguesa, tomó por asalto la capital francesa dando de sí misma una visión marcada por el gusto de la poesía, de la aventura y de la utopía, a la cual dio forma física la arquitecta de Pacheco Marques, que había sido igualmente la responsable por la construcción del stand de la Feria de Frankfurt, el mismo año en que Saramago obtuvo el Nobel de Literatura.

Como extraordinario evento de masas que es, el Salon du Livre, con su casi cuarto de millón de visitantes, de los cuales 15 mil profesionales, y sus cerca de dos mil autores francófonos, constituyó un escenario privilegiado para la exposición de una muestra encabezada por la visita personal de 47 escritores portugueses – una “verdadera armada” como lo definió Le Figaro – y de los 66 editores y 59 títulos de autores portugueses. Pero si esto ya es bastante no lo es todo ni mucho menos. Bastaba un pequeño paseo a pie por esta ciudad llena de luz, encanto, historia y cultura para darse uno cuenta de que había en ambiente un aire familiarmente lusitano.

Los afiches que tapizaron las calles, avenidas y bulevares invitando a la población a acercarse al Salon informaron claramente cuál era el país invitado. Las traducciones al francés de autores portugueses se asomaban desde las vidrieras de muchas librerías. Por su parte, los libreros se esmeraron tanto en la decoración de sus espacios que se creó un concurso para premiar la mejor exhibición. Pero fueron los medios de comunicación los que más hicieron por saludar la presencia portuguesa en el evento. Además de registrar la entrevista televisiva de Bernard Pivot a Agustina Bessa-Luís en su prestigioso Bouillon de Culture, vale la pena mencionar, en un apunte muy sucinto, algunos espacios publicados en la prensa.

El ya mencionado Le Figaro, con la grandilocuencia que le es característica dice que “en un siglo , Portugal fundó lo que será quizás su verdadero Quinto Imperio, el del verbo”, (evidente referencia ideológica a Fernando Pessoa) y dedica al tema un suplemento de cuatro páginas a lo largo de las cuales desfilan entre otros Agustina Bessa-Luís “un monumento” y Mísia “el gran chal negro del fado”.

Le Nouvelle Observateur, revista emblemática de la cultura francesa, abre su reportaje, con un Des Enfants Terribles a todo lo ancho de la página y juega con los colores de la bandera portuguesa: verde, amarillo y rojo. Le Monde, otra de las 25 publicaciones que se refirió con detalle a la presencia portuguesa en esta feria, dedica todo su cuaderno literario de 14 páginas a las letras lusitanas. Eduardo Lourenço, Sophia de Mello, Mário Cesariny (en París pero inexplicablemente no invitado al evento) y el insoslayable Saramago tienen honores de notas individuales pero son muchos más los mencionados. Liberation contribuye con 4 páginas, otras tantas son las que aparecen en el católico La Croix. Y el comunista L´Humanité, probablemente para no quedarse atrás, llega a las 8 páginas. Télérama, con un respetable tiraje de 700 mil ejemplares, entre las 15 páginas dedicadas al Salon, reserva un buen espacio para el stand portugués, y entre otros menciona a Eça de Queirós, “rebelde y europeo del siglo XIX” y a Miguel Torga “injustamente ignorado”.

Epok, revista de FNAC (importante cadena librera y discográfica al nivel europeo), que tira la cantidad nada despreciable de 400 mil ejemplares que se venden en sus 54 tiendas, además de ofrecer en su site entrevistas-video a Mário de Carvalho, Bessa-Luís, Lobo Antunes, Lídia Jorge, etc., proporciona a sus lectores una agradable visita a Lisboa de la mano de Cuaderno de Bordo, de José Cardoso Pires.

Para concluir, digamos simplemente que, además de todo lo anterior, del lanzamiento de varias traducciones en el marco del Salon y de la inauguración de un par de exposiciones sobre literatura policíaca y periodismo, la ciudad de París impuso medallas a varios autores portugueses, entre ellos Nuno Júdice y Urbano Tavares Rodrigues, (que, al igual que el Nobel Saramago ya estuvieron en Venezuela invitados por el Instituto Portugués de Cultural, una ONG con sede en Caracas), además de a Luísa Costa Gomes y Maria Velho da Costa.

El Salon du Livre fue sin duda la confirmación de la gran pujanza y actualidad de la literatura de un pequeño país fuertemente enraizado entre nosotros.

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