Opinión Internacional

La historia sin fin de Brownfield

El reciente hostigamiento contra el Embajador Brownfield, cuando decenas de motorizados oficialistas agredieron su caravana con huevos, tomates y basura, se suma a otros incidentes anteriores constituyendo un hecho grave que procura limitar la libertad de desplazamiento del diplomático norteamericano.

El Presidente Chávez en vez de condenar estos hechos de barbarie, más bien amenazó al Embajador agraviado señalando que, si se repetían estas provocaciones “preparara sus maletas porque sería declarado “persona non grata”.

Nadie discute la potestad que los países tienen de declarar “persona non grata” a cualquier diplomático sin dar explicaciones. Pero ello debe hacerse cumpliendo las reglas de prudencia que impone la cortesía internacional y con base en los mecanismos diplomáticos que regulan las relaciones de la comunidad civilizada de Naciones. Igualmente esta decisión acarrea la aplicación de la reciprocidad.

Por otra parte, las autoridades venezolanas han interpretado de manera equivocada los alcances de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas porque ésta reglamenta las facilidades, privilegios e inmunidades para que los diplomáticos puedan cumplir su Misión, estipulando para ello la obligación del Estado receptor de “impedir cualquier atentado contra el agente diplomático, su libertad o su dignidad” y asegurándole “la libertad de transito y de movilización en el país”.

El Ministro de Información William Lara -quien al mismo tiempo es el portavoz del Movimiento V Republica- dio muestras del actual tono agresivo que prevalece en los campos diplomático y político, al señalar desde Miraflores que Brownfield “debe entender que su rol no es el de guapetón de barrio y camorrero”, y días más tarde desde la sede del MVR señaló que “debe entrar por el aro” El Gobierno y el partido de gobierno reaccionan de manera injustificada por un donativo deportivo, mientras que la diplomacia Venezolana se permite adelantar una cooperación Sur-Norte en barrios como el de Bronx con la presencia del Embajador Álvarez.

Las autoridades Bolivarianas deberían actuar con mayor cautela porque el Departamento de Estado reacciona de manera distinta a la tolerancia que la caracterizaba en los inicios del régimen. Frente a estos incidentes el Portavoz Americano ha sido claro al señalar que de afectarse la agenda de compromisos de Brownfield, también se procedería a restringir severamente la libertad de movimiento del Embajador venezolano en Washington. Esta situación sería lamentable porque nos ubicaría al mismo nivel de las relaciones que tienen con países como Cuba, Irán, Corea del Norte y con los representantes Palestinos del Hamas. ¿Será eso lo que busca nuestra actual diplomacia de confrontación?

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