Opinión Internacional

La lección de Ucrania

El 21 de noviembre de 2004, el pueblo de Ucrania atendió el llamado a elecciones. Dos candidatos se disputaban la presidencia de ese país, antigua posesión del imperio soviético que -como consecuencia de los grandes cambios debidos al desmembramiento de la URSS y derrumbe del muro de Berlín-, recuperó su autonomía y solidificó su independencia política. Por el sector oficialista compitió Víctor Yanukovich, de tendencias autocráticas, frente a Víctor Yushchenko, político liberal y ferviente partidario de reforzar el sistema democrático. Era la primera vez que dos Víctor se disputaban la victoria…

Cuando se supo que el candidato de la oposición aumentaba el respaldo a su favor, reflejado su favoritismo en el primer puesto en las encuestas, los reaccionarios partidarios del autócrata manipularon las elecciones y promovieron un espantoso fraude. Allá también se conculcó, entonces, la voluntad del pueblo y para lograrlo se echó mano de los recursos del poder para apuntalar la bribonada.

Pero, en tierras ucranianas el oficialismo no pudo contener la avalancha de la oposición que mostraba su mayoría con firmeza tanto para enfrentar a los timadores como evidenciar su entusiasmo en las grandes marchas y concentraciones populares, en las que ciudadanos con una actitud patriótica no se dejaban amilanar ante el embate de los partidarios de la autocracia y el totalitarismo, pues éstos en sus prédicas no escondían sus propuestas para concentrar el poder en una sola mano y “añoraban” el “mar de la felicidad” de la otrora época de dominio ruso.

En Ucrania, sí hubo una oposición unida y sus diversos componentes ideológicos dejaron a un lado pretensiones personalistas y apetitos sectarios; para ellos, el país siempre fue lo fundamental. Para ellos, la unidad no fue una consigna hueca y sin sentido. Para la oposición ucraniana fue necesario demostrar suficiente coraje no sólo para denunciar el fraude sino para demostrarlo. Por ello, no cedieron un ápice y con entereza no se dejaron arrebatar una victoria legítima, pese al control oficialista en el seno del Consejo Electoral de ese país.

Para la oposición ucraniana no hubo nada que la detuviera en su empeño patriótico. La coordinación opositora incluso desafió las durezas y severas condiciones del frío inclemente. Ello no fue obstáculo para salir a la calle y demostrar con firmeza su vocación democrática; no estaban dispuestos a entregarse al autócrata y “regresar” al terror de la época soviética. Marcharon y expusieron con valentía su opinión en contra del régimen, protestaron el fraude, rechazaron el atropello y arbitrariedad “cocinados” en la estafa denunciada. En consecuencia, sufrieron las arremetidas de los sicarios del régimen, se enfrentaron a las bandas armadas del gobierno y no cedieron un centímetro ante el desafuero cometido por el Consejo Electoral plagado de arrodillados y corruptos.

De este modo, pasaron los días y las semanas. La mayoría del pueblo ucraniano se enfrentó al aprendiz de dictador. Ya había asimilado la experiencia de los serbios quienes, en 1999, también se habían enfrentado exitosamente contra el no menos fraudulento “proceso” capitaneado por el tristemente célebre Slobodan Milosevic. Ese aguerrido pueblo salió y se congregó en asambleas de ciudadanos y en las plazas de las principales ciudades demostró su férrea aptitud reclamando nuevas elecciones, dirigidas por un poder electoral limpio y con presencia de observadores internacionales independientes. El mega-fraude no podía pasar. Rápidamente el pueblo ucraniano recibió la adhesión y apoyo de las fuerzas democráticas de todo el mundo. Era necesario dar una lección de civismo. Había que cerrarle el paso al intento autocrático y crear las condiciones esenciales para la defensa de la democracia en ese rincón del mundo. El clamor del heroico pueblo ucraniano estremeció el ímpetu pro-totalitario. Como consecuencia, el Tribunal Supremo –actuando independientemente, sin injerencia del Poder Ejecutivo y sin obedecer a ninguna instancia política- comprobó el fraude, declaró nulas las anteriores elecciones y fijó fecha para los nuevos comicios.

El 26 de diciembre, día fijado para la nueva elección presidencial, los ucranianos acudieron a las urnas con renovados bríos. Los observadores extranjeros realizaron su labor con imparcialidad y honestidad; solo se recordaba que el Centro Carter había actuado con cierta disposición a favor del oficialismo. A la hora del escrutinio, sin máquinas caza-huellas y pérdida de tiempo, el candidato de la oposición Víctor Yushchenko contabilizó a su favor cerca del 60% de los sufragios; se trataba de la confirmación de una victoria anunciada; era la comprobación de que sí había habido fraude. Los oficialistas –incluso- no pudieron esconder su máscara y la verborrea demagógica con que habían actuado en los últimos tiempos, pese a sus intentos para acallar la libertad de expresión, perseguir a la disidencia y tratar de concentrar el poder en un solo sector. Los ucranianos no se dejaron pasar las estratagemas de los autócratas pro rusos. En Ucrania sí hubo elecciones transparentes. Los observadores internacionales responsables así lo corroboraron y la democracia ganó otra victoria.

Ahora, el nuevo presidente de Ucrania recién ha iniciado su ardua tarea para poner orden en el caos dejado por el gobierno anterior en su descabellado “proceso” autocrático y exclusivista, basado en propuestas para “resucitar” un esquema político inviable y plagado de inconsecuencias que ya no cuadran con el firme propósito progresista y democrático en los albores el siglo XXI.

Ucrania dio una gran lección al mundo. El esfuerzo y empeño de los demócratas ucranianos contra el intento reaccionario y exclusivista proporcionó resultados positivos. Es otro ejemplo de la lucha del pueblo para cerrar el paso a los corruptos y, por consiguiente, abrir el derrotero hacia nuevas formas de existencia, en un mundo más justo y más humano; para lograr instaurar una nueva sociedad, la de la libertad, la paz y la democracia verdadera….!

*Abogado, Politólogo y Profesor universitario

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