Opinión Internacional

La llave del futuro está en Bolivia

El dicho “vale un Potosí” se refiere a la plata y el oro extraídos por los españoles durante siglos en las minas de Potosí (Bolivia), descubiertas en 1545 y utilizadas para financiar guerras en Europa y para llevar a cabo nuevas empresas colonizadoras. Se dice que, con toda esa plata, se podría construir un puente entre Bolivia y España.

Después de los metales preciosos fueron los hidrocarburos, extraídos por multinacionales que sólo tenían que “convencer” a Gobiernos dominados por una minoría blanca que ahora pretende desgajar el país ante “la amenaza de un Gobierno indigenista” que pone en peligro sus intereses. Es decir, la gestión de los codiciados hidrocarburos.

El Gobierno boliviano toma sus precauciones para evitar que suceda lo mismo con sus reservas de litio descubiertas el año pasado, las más grandes del mundo. El mineral, llamado a sustituir al petróleo por sus propiedades para conducir calor y electricidad, es componente esencial para fabricar baterías de coches eléctricos, además de teléfonos celulares, marcapasos, computadoras portátiles e incluso satélites.

La empresa francesa Bolloré ya ha enviado tres delegaciones a Bolivia para convertirse en la principal inversora para la extracción del metal. Por su parte, Mitsubishi, Ford y Nissan compiten también por las reservas, aunque el presidente Evo Morales afirma que no tiene ningún compromiso por escrito.

El presidente boliviano sostiene que el Estado conservará el monopolio de su explotación, desde la extracción hasta la fabricación de baterías, con un mínimo del 60% de participación estatal en las acciones. Así lo establece también la nueva constitución, tan poco popular en los países ricos y en las zonas de Bolivia donde se concentra la minoría blanca.

Chantal Liegeois, encargada del informe científico del salar de Uyuni, donde se encuentran las grandes reservas respalda la postura de Evo Morales: ya no se trata de exportar materias primas.

“Si el Gobierno decide seguir adelante con su proyecto, Bolivia cambiará”, afirma Liegois, tras insistir en la necesidad de controlar la extracción, la producción y la comercialización del litio, estratégico en un mundo que vive una crisis energética.

Estas afirmaciones rompen el modelo comercial internacional de los últimos siglos, forjadora de una línea sociológica que ha dividido el mundo en dos: el Norte sociológico industrializado y el empobrecido Sur.

Con frecuencia se plantea la pregunta de por qué países con tantas riquezas naturales pueden ser tan pobres, mientras algunos países con materias primas bastante más limitadas ocupan los primeros puestos en los índices de riqueza. Incluso se ha llegado a hablar de ‘la maldición de los recursos’ o a sostener que la lucha del ‘hombre blanco’ contra condiciones climáticas y geográficas adversas lo han llevado a la lucha para alcanzar grandes niveles de desarrollo. “En el trópico son vagos porque hace mucho calor y porque las frutas caen de los árboles”, se suele decir, como si en Florida, en California, Texas, todo el Sur de Estados Unidos y algunas partes de Australia no hiciera calor y la gente no trabajara.

Para muchos países empobrecidos, los recursos han supuesto una maldición a la falta de tejidos sociales sólidos, de estructuras políticas y económicas justas y transparentes, así como de auténticos Estados de derecho que protejan tanto los derechos políticos y civiles como los económicos, sociales y culturales.

Los países ricos suelen llevarse las manos a la cabeza por la corrupción estatal en los países empobrecidos. Sin embargo, tanto se han beneficiado de ella las oligarquías, las dictaduras militares y las pseudo-democracias de esos países como lo han hecho algunas empresas multinacionales, que rinden pocas cuentas a sus Gobiernos.

Estas multinacionales controlan la explotación del petróleo, del coltan, los diamantes, el cacao, el zinc, la bauxita… oligarquías y dictaduras militares han aceptado grandes sumas de dinero a cambio de estas materias que han dado a grandes empresas un poder que desafía la soberanía de los Estados, que pone presión en los sistemas jurídicos y comerciales internacionales y pone en peligro los derechos humanos. Esto plantea nuevos desafíos al derecho internacional, ocupado hasta hace poco tiempo en la conducta de los Estados.

Por ahora, Bolivia celebra lo que le ha dado la Pachamama (la Madre Tierra) y reivindica que ha llegado su momento de gestionarlo.

Periodista

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