Opinión Internacional

La obsesiva continuidad

Capitulación precoz

Los Federales no debieron bajarse de la interna contra El Furia.

La recuperación artificial de Kirchner no basta para neutralizar a los radicales. Ellos son los directos beneficiarios. Quien paga la recuperación es el Peronismo Federal. Por haber generado fuertes expectativas. Pero se quedaron en el amague del camino.

La factura la paga, también, el Trío Desperdicio, que se disolvió.
Es el que compusieron Macri, Narváez, y Solá. Representaron la imagen añeja del triunfo.
O mejor, de la derrota de Kirchner.

Eduardo Duhalde, por otra parte, es el exponente más calificado de la disidencia peronista. Pero debería replantear la estrategia.
Reconocido como Piloto de Tormentas (generadas). Tendría que disponer del plan alternativo para encarar su proyecto.
Sobre todo cuando no emergen, en el horizonte, los nubarrones.
Sin estigmas de tormenta.

Aparte, el pelotón de candidatos federales se precipitó en renunciar a la confrontación interna del Partido Justicialista. A celebrarse, en los papeles, en agosto del 2011.

De haber decidido “jugar por adentro”, los federales podían haber dispuesto del año entero para despedazar sistemáticamente al adversario. El Furia.

Si el objetivo consistió en aislarlo, fueron los federales los que se aislaron.
Abandonaron ingenuamente la cancha grande. Para jugar en la pista pequeña de salón.

Un picadito, entre ellos. Para transpirar un poco. Solá, el Alberto, inconcebiblemente Duhalde.

Además, en el peronismo de truhanes, siempre se brinda tiempo para bajarse.
Podía contenerse la capitulación precoz.

La obsesiva continuidad

A Kirchner le va bastante menos bien de lo que aparenta. Impera la obsesión por la continuidad, pero los números no le dan.
En defensa propia, tiene que permanecer. Para proseguir con la residencia en Olivos, tiene que superar un conglomerado de problemas. Emergen como obstáculos.
La señora Cristina, La Elegida, es el problema -acaso- fundamental. Supo habituarse al pedagógico oficio de ser Presidente. Pero quiere más. Lícitamente manda (Ver “Dilemas de política conyugal”, cliquear).
Aparte, “mide” mejor que él. La supera, específicamente, en el rubro de la negatividad.
Constatación numerológica que le disgusta, a Kirchner, que le señalen. Días pasados, cierto consultor se atrevió a insinuarlo delante de testigos. Fue fulminado con un comentario categórico de El Furia:
“Ella no va a ser, ni quiere ser” (ampliaremos).
El segundo litigio lo representa Moyano. Kirchner le teme a Moyano, porque lo excede. (”Huye de lo que te excede”, aconsejaba el sabio griego).
Por ahora Kirchner lo mantiene a Moyano a cierta distancia. Resistió, incluso, la idea de suplantar a Balestrini. Para no cederle al “Campera” -Moyano- el lugar que le correspondía. La presidencia del Partido Justicialista de la provincia sustancial (Buenos Aires).
Para colmo -y El Furia lo constata con estupor- es una idea que a Scioli, el líder de la Línea Aire y Sol, le encantaría.
Es que Scioli se entiende mucho mejor con Moyano que con Kirchner.
Pero también lo tiene corto (Kirchner a Moyano) con la relativa influencia en el control de la causa judicial. La que a El Campera lo atormenta. Lo suficiente para suponer que persiste el riesgo estratégico de hacerle compañía a Zanola, el entregado. También ampliaremos.
En este tour a través de sus obsesiones, el tercer problema lo representan las figuras inabordablemente indomables de los mini gobernadores. A los que Kirchner -sensatamente- les desconfía. Por considerarlos bastante próximos a la traición.

La obsesiva continuidad

Gracias a Larcher, Pocino y El Ingeniero, Kirchner dispone de la  información más calificada. “Punta de lomo”. La Secretaría de Inteligencia le es incondicional. Y conste que no es el presidente formal.
No obstante, la lluvia de datos sueltos suelen sumergirlo en el error. Kirchner adhiere a la placidez de la interpretación convenientemente equivocada. Cree -o por lo menos sostiene que lo cree-, que en la última elección, donde fue arrastrado hacia el descenso por un novatón como Francisco De Narváez, los mini-gobernadores lo traicionaron. Los de la primera y tercera sección electoral.
Si no lo votaron a El Furia fue por culpas ajenas. Inspiradas en la carencia de gestión. O en la mala gestión, a su criterio, del gobernador que tanto subestima.
Scioli emerge como el cuarto problema. Justamente cuando Scioli quisiera representar la solución.
Desconoce ya la manera eficaz de sobreactuar -con fe, con esperanza, para adelante- la lealtad que Kirchner, en definitiva, no se merece.
Lo que sí, Kirchner mantiene un acertado diagnóstico político. Como si se copiara de los razonamientos del Portal, El Furia -según nuestras fuentes-, divulga, en la intimidad, que no existe ninguna solución, para la Argentina, si es que no se resuelve la problemática de “Buenos Aires, la provincia inviable” (cliquear).
Si es que no se resuelven, en simultáneo, las calamidades básicas del conurbano. Desde aquí, la legitimación de la desconfianza, hacia los mini gobernadores, adquiere un nivel superior. Pero de aquí parte, también, la desmesurada alucinación que lo instiga a convertirse -el propio Kirchner- en el gobernador.
Aparte, para imponerse en Buenos Aires no se necesita de la segunda vuelta. Instancia que, en el escenario nacional se le presenta, a El Furia, como fatídica.
La derrota representa la más terrible de las obsesiones. Confeccionada a la medida justa de Alfonsín (al que también menoscaba). De Binner, o de Cobos.
De todos modos, el que más le preocupa es Macri. Pero supone tenerlo fuera de carrera.
Y el que más desprecia, Duhalde, todavía no alcanza siquiera a inquietarlo. Ampliaremos también.

El mérito del desconocimiento

Otro error consiste en esmerilarlo a Scioli. El deseo orgánico de atormentarlo, justamente cuando más lo necesita.
La idea de “Kirchner Gobernador” es tema para el whisky perjudicial de sobremesa.
Es más altamente probable que Scioli sea reelecto como Gobernador a que Kirchner consiga la re reelección como Presidente.
La irritabilidad que le produce el líder de la Línea Aire y Sol lo induce a mantenerlo en estado permanente de tensión. Autoriza el desparramo de las versiones que aluden a un Scioli debilitado. Con características de trebejo manejado con facilidad.
Scioli se encuentra lanzado a repetir la gobernación. Pero parece no haberse ganado el derecho de imponer su opinión. Acerca -incluso- de su destino.
La menos demencial de las versiones consiste en barajarlo como candidato a vicepresidente, a los efectos de reiterar la fórmula del 2003.
De cuando Kirchner no tenía, en el bolso, más del 3 por ciento impropio de los votos. Situación incomparable con la actual. Porque Kirchner contaba, en el 2003, con la extraordinaria virtud de ser un desconocido. En un momento donde, las figuras que se conocían, habían edificado, todas juntas, el hartazgo.
Exactamente lo opuesto a lo que le ocurre hoy. Cuando Kirchner puede asegurarse entre el 21, y hasta el 23 por ciento. Pero con un gran defecto. Lo conocen. Demasiado.
Suficiente para que los mini-gobernadores -de los que desconfía-, lo confundan, hasta identificarlo, con un banco.
Lo explicitó confidencialmente un mini-gobernador de la Tercera:
“Mientras el banco esté abierto, seguiremos con él”.
Final con capelinas
Como Cristina, Scioli le exhibe, a El Furia, la vulnerabilidad de los números. Mide alrededor de 20 puntos más.
Diferencia que no motiva, precisamente, el corte de manga que Kirchner, en el fondo, merece.
Al contrario, Scioli -con fe, esperanzas, siempre para adelante- lo sigue. Lo abraza después de los discursos. Soporta que Kirchner lo hostigue por intermedio de Sergio Massa, el Paladín de los Sub 45.
Es -Massa- el portador de la insolencia peronista que (a Kirchner) lo seduce.
Para colmo, El Furia también decide hostigarlo a Scioli con la presencia familiar. Es la sucursal del banco que mantiene la misma terminal. La gerente es la Hermanita Alicia. Que inicia el recorrido por el conurbano, lamentablemente sin las vibrantes capelinas. De las capelinas que Cristina, según nuestras fuentes, suele burlarse. Como aquel 25 de Mayo, en la Basílica de Luján.
Instruida por el hermanito, que suele obsesionarse en martingalas alocadas. La penúltima demencia artesanal consiste en volver a trasladarlo, a Scioli, hacia el Artificio Autónomo de la capital. De donde nunca, tal vez, debió haber salido. El distrito donde Kirchner está en banda. Muy mal. Casi como en Córdoba. O en Santa Fe. E infortunadamente Tito Lusiardo, alias Juanjo, el operador instalado, poco puede hacer para mejorarlo. Claro que vamos a ampliar.

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