Opinión Internacional

La relación de USA con América Latina

Los latinoamericanos vemos en cada nueva elección presidencial de USA una especie de ritual mágico que le traerá resultados instantáneos. “Esta vez sí”, “ese si es el hombre!”. Lo cierto es que en USA no está la llave que abre la puerta de nuestro progreso. Así como muchos piensan que cada primero de enero representara una nueva vida pero tal impresión dura solo unas horas, así pronto nos damos cuenta que un nuevo gobierno de USA no resuelve magicamente nuestros viejos problemas. Para comenzar, no existe una sola América Latina sino numerosos países, cada cuál con una agenda particular. No se trata de una relación simétrica multilateral sino que es inevitable pensar en términos de relaciones bilaterales o, a lo sumo, relaciones con bloques de países. Sin duda alguna, la personalidad del nuevo presidente estadounidense es importante en moldear la relación. Los presidentes quienes más se han acercado a nuuestra región: Roosevelt, Kennedy y Bush padre, le han dado a la relación un sello personal. Sin embargo, es poco lo que una relación personal puede hacer si USA continúa anteponiendo sus intereses a sus paradigmas.

Desde nuestra región el éxito o el fracaso de la relación dependerá de como evolucione (o involucione) la democracia regional. No hay dudas que la democracia ha ganado mucho terreno en la región, prevaleciendo sobre posturas ideológicas tales como el comunismo cubano, el populismo ecuatoriano o argentino o el fascismo-militarismo de Hugo Chávez. Mientras que en estos países el liderazgo se encuentra poseido por una retórica inefectiva, en Brasil, Chile, Perú y Colombia se ve progreso. Sin embargo, hay mucha cobardía e hipocresía en el liderazgo de la región, una tragedia ilustrada ampliamente por lo que sucede en el seno de la OEA. Allí, un secretario general ha preferido promover su agenda personal a la protección de los derechos humanos y políticos en la región y muchos de los gobiernos miembros callan ante la violación de la carta democrática interamericana, por miedo a las represalias de países miembros forajidos (Venezuela, Nicaragua, Bolivia) o por estar comprados por el dinero petrolero de Hugo Chávez. Lo que si es cierto es que América Latina tendrá que superar el síndrome del hijo olvidado, el tono quejoso y hasta humillante de quien espera recibirlo todo del poderoso sin dar verdadera amistad a cambio.

La relación de USA con México será clave, no solo por el problema inmigratorio sino por dos otros problemas que se agravan: la droga y el tráfico de terroristas que viene del oriente medio, via Venezuela y entran por México hacia los Estados Unidos. Se ha estado estructurando una alianza entre las mafias colombianas, venezolanas y mexicanas de la droga y los grupos terroristas del Oriente medio, la cuál se ha ido extendiendo hasta cubrir el entrenamiento y mobilización de terroristas hacia los Estados Unidos. Este es un fenómeno que probablemente se convertirá en un problema tal de seguridad para USA que obligue a medidas como las que llevaron a Manuél Noriega a prisión.

Esa es la parte fea y peligrosa de la relación. Por otra parte, la excelente relación entre USA y Brasil puede constituir la base de un nuevo mecanismo de progreso colectivo en el hemisferio. En paralelo debemos mencionar un concepto naciente en USA que podría cambiar para bien la faz de su relación con América Latina en el mediano y largo plazo. Se trata del “poder blando”, un concepto acuñado por Joseph Nye, en Harvard, quien postula la fuerza del poder de USA ejercido y orientado hacia lo cultural y hacia la cooperación bilateral, en preferencia a su papel de policía internacional. Este es un concepto interesante y vale la pena estudiarlo en más detalle, ya que tiene aplicaciones inmediatas en la relación. El nuevo presidente de los Estados Unidos haría bien en pensar en aplicar este concepto a las relaciones de USA con los países menos desarrollados.

Recordemos a Franklin Roosevelt , quien puso en práctica lo que dijo Walt Whitman: “Los Estados Unidos están predestinados a arar en los eriales de la humanidad”, más que a su primo Teodoro Rossevelt y su gran garrote.

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