Opinión Internacional

La vida en Rozsa

Muchos estamos conociendo a este hombre después de su muerte y ya estamos pensando que otra vez la política boliviana ha creado un icono, una bandera frente a un mundo viejo que se arruga más de lo que Mafalda había supuesto que se arrugarían los políticos de izquierda o de derecha, más de lo que la sagaz Mafalda hubiera supuesto que se encogería su padre agobiado por la rutina, por los mandatos, por la opresión de los mandamases que están en todas partes, que toman partido por las causas sociales y políticas sólo para sacar réditos económicos, para meterse en las mismas casotas que critican a los oligarcas, para enriquecerse rápidamente aún a costa de envenenar a la juventud y a la humanidad con narcóticos, a costa del narcoterrorismo, de matar, de deshacer las familias, de agobiar a los ciudadanos que quieren trabajar, de desquiciar a los pobres ciudadanos que aspiran a tomar un poco de aire fresco, a tener su carnaval, a tomarse unas cervezas con los amigos y a pensar que “la vida es rosa”, que todavía queda un espacio de libertad, una bocanada de aire libre para respirar, que no tenés al verdugo esperando que te descuides para quitarte la vida porque estorbás a sus planes, que no tenés al asesino esperando matarte por un celular, por tu billetera, por tu automóvil que le resulta apetecido.

Digan lo que digan los que ahora se han transformado en gorilas del poder las contradicciones de los hombres como Rozsa son efecto del mundo de dicotomías en el que vivimos, del mundo que pretende condicionarnos para que nos transformemos en lamebotas de los poderosos. Los Rozsas entran y salen de los ismos… entendiendo que ninguna ideología tiene porqué hipotecarles la mente y mucho menos la consciencia, son aquellos que saben que la libertad de discernir el bien del mal está en sus propias consciencias y que no aceptan entregarse a un partido, a un jefecito o jefezote para que él les exija que sean de su redil privado, o porque les paga suculentas sumas de dinero para que se queden en calidad de su mercenario incondicional. Rozsa en menos de tres días de haber muerto comienza a perfilar como un ícono, como un mito controvertido, como el hombre de las asimetrías, el hombre que no se detiene ante las banderas, que no se detiene ante la izquierda ni la derecha, que no se petrifica frente a los tiranos que desean ejércitos serviles y subordinados.

Así como el mito del Ché con su estrella encendida nació en Bolivia, y sirvió de inspiración a los jóvenes de muchas generaciones que trastabillando de aquí y allá buscaban un poco de fe, de libertad, que encarnaban una búsqueda errática para no caer en el conformismo, para no dejarse vencer con los pisotones, las torturas y las magulladuras que van dejando los poderes y los poderosos que siempre están apostando con la vida de los otros, negociando las vidas, exigiendo adherencias, fraguando elecciones, desoyendo la voz de los pueblos, acallando los pueblos para hablar por ellos según sus ambiciones.

Así como la derecha miope fabricó el mito del Ché, ahora la izquierda infame lo acaba de enterrar porque se escudaron en un ícono para mal usarlo, que ha sido ensuciado no sólo con el lodo de las ambiciones desmesuradas de quienes se dicen de izquierda, sino con la sangre de las víctimas que están siendo masacradas a nombre de la revolución de los oprimidos, usando a campesinos e indígenas para que mueran a nombre de la revolución, mientras los ministrillos los miran desde una colina y después de la masacre contratan prostitutas finas e inhalan hilachas e hilachas de cocaína y ser ríen del pueblo y de los muertos desde sus casonas y en Bolivia los intereses de todo tipo arman una guerra intestina de poderes, de todos contra todos, de derecha contra derecha, de izquierda contra izquierda, de ricos contra ricos y de pobres contra pobres, mezclados todos, una mezcolanza en la que ya no hay ideología y el gobierno aprovecha todas esas oportunidades, el gobierno traza maquiavélicamente el camino en el que todos entraran a buscar exterminarse para que ellos queden solos y reinen por siglos.

El Ché nació como mito en Bolivia y fue enterrado e incinerado en Bolivia también, por los mismos que antes se pusieron el rotulo de derecha y después de izquierda pero que sólo quieren poder, que matan por aferrarse al poder, que no saben que el poder tiene que tener alternancia, que no conocen un poco de desprendimiento para dejar vivir a las sociedades, para dejar que las sociedades vayan madurando, para actuar con esmero pero con la tranquila paz que deja la labor del hombre mesurado que sabe que ha cumplido y que no se aferra a ser Rey, Dios, Dictador, Tirano.

Rozsa es el ícono de ideas extremas, considerado un ‘talentoso aventurero’, apareciendo y desapareciendo en distintos lugares del mundo a los que dice adherirse y amar de la misma manera. Es el icono de las juventudes errantes y erráticas, de los que no quieren entregarse a los Fideles, a los Chávez y a los… de los que no se pueden postrar de rodillas, de las almas inquietas de este mundo moderno, de este mundo loco, desquiciado, malherido, purulento, inequívocamente enfermo, hambriento mientras una manga de jefazos eructan poder y sus seguidores roban a los pobres y a nombre de los pobres. Un mundo en el que la sensibilidad muchas veces se confunde con terrorismo, en donde el estómago se confunde con el sexo, el ano con el corazón, los riñones con el cerebro.

Sé que esto que escribo les va a caer mal a los hombres y mujeres mediocres que sólo se sienten seguros con los rótulos, que sólo se sienten cómodos cuando se dividen en los que son de izquierda y los que son de derecha, a esos que se definen por el medio y se marean de pánico ante la posibilidad de ser tildados de extremistas. Esas pobres almas que se ufanan de no ser radicales, que se complacen de ser medianeras para estar bien con Dios y con el diablo, porque de repente si no les da Dios venden su alma al diablo y asunto concluido.

Sé que no todos pueden entender la libertad de encontrar el bien y el mal de manera clara y diáfana más allá de los rótulos, más allá del sectarismo, más allá de las fronteras, porque las causas del bien se huelen, se sienten, se palpitan, circulan por tu sangre con dolor, con la compasión ante aquellos que son amenazados, que son destruidos, asesinados y perseguidos por un puñado de poder.

Es muy gracioso que los extremistas de antaño a quienes los encarcelaron por extremismo, los que bloqueaban, mataban a nombre de sindicatos cocaleros ahora maten a nombre de la conservación del poder presidencial.

Decididamente los que tienen dos dedos de frente pueden entender que este mundo infame es una ruleta rusa, una pistola cargada que ahora le toca a unos y mañana en manos de otros acaparadores disparará su carga mortal sobre el oponente.

Lo que podemos decir es que Bolivia iba a los tumbos pero ni remotamente nos imaginábamos que el odio estuviera a la vuelta de la esquina, que el odio engendrara tantas muertes, que la política se transformara en guerra, en violencia ciega.

Bolivia es ahora el lugar en el que un “chico” comunista comienza a vestir a generaciones del icono contra el terror sembrado por los de izquierda.

En su blog se pueden leer sus ideas: “compromiso que rige hasta hoy mi vida: no es el individuo quien cuenta, sino la causa, los valores. Hay que tomar partido. Si no, no tiene sentido el paso fugaz por el mundo…”. Un comunista convicto que después que vivió en la antigua Unión Soviética, se sintió decepcionado del ´socialismo real´: “He llegado a la conclusión de que no se puede hablar de socialismo —ni ´hacer´ socialismo— si no se respetan plenamente la libertad y el derecho a la autodeterminación, sea esto de los individuos, o de los pueblos o naciones en general”, dijo también en la entrevista publicada en su blog. “Me tocó vivir y cubrir algunos acontecimientos claves en la otrora centro-europa socialista. Rumania, entrevistas con intelectuales disidentes de la minoría húngara oprimida por ese demente dictadorzuelo que se llamaba Ceaucescu. Luego, las manifestaciones en Praga, más bien desfiles de carnaval, organizadas por ultraliberales, pacifistas y otros bichos raros, o sea nada serio”. Son otras de sus ideas trasladadas al blog que empezamos a conocer y que no es un diario de campaña, pero es la ruta de viaje por el mundo de un aventurero moderno, de un descreído, de un decepcionado, pero que plantea desde las decepciones que sufre con las ideologías que no se pueden perder los valores y los principios.

Un bicho raro en los anaqueles de los nuevos dioses y los nuevos tiranos. El periodista español Manu Lequineche comentó de Rozsa que fue un periodista que tomó partido y las armas hasta convertirse en el comandante de las brigadas internacionales en Croacia. “Fue una toma de decisión, tal vez la más simple o sencilla que yo haya tomado en mi vida hasta este momento. Después de casi tres meses de trabajar como corresponsal, de ver todo el sufrimiento, y la rabia de una nación prácticamente desarmada, pero así enfrentada al entonces cuarto ejército más fuerte de Europa, combatiendo por su libertad e independencia”.

También planteaba, “¿La lucha armada es una opción? “Vaya, cómo no va a ser justificada la lucha armada…No quiero decir que todo periodista tire la pluma o la cámara y que se enrole en el primer despelote que se le ponga enfrente. Pero quien no toma partido, pudiendo hacerlo (…) para ayudar a quien lo necesita, es un ser egoísta, y por lo tanto despreciable”.

Los escribidores no somos los que hemos creado el mito, este comenzó el día en que el grupo de encapuchados Delta ingresaron al Hotel Las Américas en pleno corazón de la ciudad de Santa Cruz y lo acribillaron junto a otros “chicos”. Miren las asimetrías, el Ché fue acribillado en la selva en el cañon de Ñancahuazu, Chico Rozsa estaba en una habitación de hotel, en medio del concreto de la ciudad, durmiendo, soñando con no sabemos que cosas de la vida que para él dejó de pronto de ser Rozsa.

El Ché fue un extremista acribillado, Rozsa es otro extremista acribillado, la historia y las aguas darán su veredicto.

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