Opinión Internacional

Las falacias en política

La prueba reina que expone el gobierno para acusar a Rafael Pardo de querer sobornar políticamente a las Farc, es un CD pirata. Y la salida de Luis Alberto Restrepo, estuvo sin argumentos pero con rumores. Entre pruebas babosas y rumores infundados, sumaremos una comedia de equivocaciones. El asunto en realidad corresponde, no tanto a hechos que puedan modificar inmediatamente al electorado, sino a fenómenos de la retórica en política. Específicamente, lo sucedido podría ser objeto de estudio de las falacias en política. Este juego de falacias, sin embargo, dejará mal parado al gobernante y sus áulicos seguidores.

Los reflectores de los medios han adelantado en parte el desenlace. Rafael Pardo, con todos los méritos de integridad moral reconocidos, también ha decepcionado. Primero, porque sus respuestas han estado por debajo del perfil que las circunstancias exigían. Segundo, porque mostró poca temeridad como posible contendor del presidente. Y tercero, porque consecuente con un formalismo deslucido buscó protección entre las toldas roídas del liberalismo. Los medios se encargaron de tenderle un tapete por adelantado, pero cayó. Claro que el ganador de la contienda es Uribe. Porque sin haberse desgastado en explicaciones bizantinas supo cómo manejar la ocasión y el lugar.

La estratagema de Juan Manuel Santos, funcionó. Bajo la forma de un rumor preparado artificiosamente crearon una calumnia. La prensa y los medios dispusieron las condiciones. Mientras Rafael Pardo palidecía frente a las cámaras en el entorno local, en Guatemala, el presidente Uribe, hablaba de las garantías electorales en las democracias de América Latina. Y para complementar esta comedia de actos grandilocuentes, Luis Alberto Restrepo, identificaba como prueba un CD pirata de las Farc.

En relación con el argumento esgrimido contra Rafael Pardo, Irving Copi, filósofo de la lógica, lo llama ad hominem strictu sensu. O argumento ad personam, o ad hominem abusivo. Que es un ataque contra la persona del adversario y tiende a descalificarlo. Este procedimiento, a veces es reprochable, pero los políticos no pueden dispensarse de su uso porque en muchas ocasiones da justo en el clavo. Si en lugar de encontrar argumentos contra las ideas del contendor, se le ataca, acusándole de una doble moral, se logra disminuir su prestigio. Las réplicas de Pardo no han conseguido hasta ahora provocar una reacción política arrolladora. Y aquí tenemos algo en clave.

Pardo y el liberalismo pueden hacer cuanta maniobra se les antoje. Colocar el caso en manos de las autoridades competentes. Pero sus alegatos resultarán improcedentes. Porque las pruebas y refutaciones en la retórica política se pueden prolongar per secula seculorum. Uribe no dará la cara. Sabe que sin mover un solo dedo sus bastiones frente a la reelección todavía permanecen altos. Con esta jugada estaría ganando por partida doble. Dejando debilitado ante los medios a Rafael Pardo y sus críticos. Y comprometiendo el descrédito y el desprestigio de la guerrilla. Porque a nadie que tenga un mínimo de cordura le cabe creer en el testimonio guardado en un CD pirata de las Farc.

Será una campaña electoral del gusto de Schopenhauer. Recordemos que fue uno de los primeros pensadores en advertir que la retórica en política depende de la sagacidad. Y que al tratar de ganar la voluntad de la opinión, un político desplegará pruebas por faz o por nefas. Con razón o sin ella. Porque la dialéctica predominante en un combate por el poder de dominar admite el juego sucio. La política en estos casos es inmoral. Y nada parece indicar que en las campañas que se avecinan los políticos cambien de parecer. Unidades retóricas como la calumnia, la difamación y la injuria, ocuparán el debate de ideas, programas o proyectos de ley.

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