Opinión Internacional

Las lecciones de Israel en seguridad aérea

Mucho antes de que Osama ben Laden reivindicara el frustrado atentado de Navidad contra un avión norteamericano -y mucho antes que el 11 de Septiembre-, Israel tenía claro que la aviación civil es uno de los grandes blancos del terrorismo.

Es precisamente la alta conciencia respecto del peligro lo que llevó a los israelíes a desarrollar un singular sistema de revisión en su aeropuerto internacional, que muchos sostienen que es «el más seguro del mundo».

«El desafío es permitir que el aeropuerto funcione normalmente y que los pasajeros reciban un servicio rápido y eficaz, mientras se presta máxima atención a la seguridad», explica Pini Schiff, que se desempeñó durante 30 años como jefe de seguridad en la Dirección de Aeropuertos de Israel. «El secreto es mirar al pasajero a los ojos», dice.

La rutina es la siguiente: un funcionario de seguridad se acerca a pedir el pasaporte y el pasaje cuando el viajero llega a la fila para su vuelo. Se le pregunta si hizo sus valijas solo, si éstas estuvieron a su lado todo el tiempo, si alguien le dio algún paquete para entregar, entre otras cosas.

El objetivo principal de las preguntas, explica Schiff, es «leer» las reacciones del pasajero, la forma en que se comporta ante el funcionario. «Hay elementos, cuando se pregunta sobre el trasfondo de la visita y detalles de su estadía, que permiten captar actitudes sospechosas». Es imperioso lograr una combinación entre la impresión del funcionario y la tecnología: si el viajero no despierta sospechas, su valija ya importa menos.

«Hay algo clave que debe ser comprendido: la bomba no viaja sola», dice Oded Raz, que fue vicedirector de Seguridad en el Shin Bet, el Servicio de Seguridad de Israel, que maneja la seguridad en los aeropuertos. «Alguien trae la bomba o sale a su encuentro, por eso es imprescindible tener la habilidad y la experiencia para identificar cuándo una persona responde de forma extraña o denota nerviosismo», explica el experto.

Eso fue lo que salvó, el 17 de abril de 1986, a los 375 pasajeros que tomaron el vuelo de la compañía israelí El Al que salió del aeropuerto Heathrow, en Londres, rumbo a Tel Aviv. Allí viajaba Ann-Marie Murphy, una irlandesa de 32 años que había sido entrenada para responder a las preguntas de los guardias israelíes por su novio palestino Nizar al-Hindawi. Ella nunca sospechó que en el falso fondo de una valija que él le había pedido que llevara había casi dos kilos de un explosivo plástico.

La mujer pasó los controles en Heathrow, hasta que fue interrogada por un agente de El Al, que captó que algo estaba mal. Su valija fue enviada a una exhaustiva revisión, en la que se identificó el letal doble fondo.

Procedimiento

En el aeropuerto Ben Gurión, los controles son graduales. Al entrar en la zona del aeropuerto, los conductores se topan con el primer perímetro de seguridad, en el que guardias de civil preguntan con una sonrisa «¿Cómo está?» y «¿De dónde viene?» Ahí también la intención es «leer» su forma de reaccionar.

Ya en la terminal, otros guardias están apostados cerca de las puertas, simplemente para observar el comportamiento de la gente. Sólo si algo resulta sospechoso, se acercan a preguntar e inspeccionar. El gran desafío es hacer el control sin enloquecer a toda la terminal. «En Ben Gurión no hay gente esperando seis o siete horas para que avance la revisión», aclara Pini Schiff.

Cuando se le pregunta acerca del reciente atentado fallido de Navidad en un vuelo a Estados Unidos, afirma: «Hay que ser cauteloso con aseveraciones de este tipo, pero en Ben Gurión eso no hubiera pasado. Había datos en la historia de ese pasajero que deberían haber sido interpretados a tiempo. Eso fue un fracaso colosal».

Rafi Sela, presidente de AR Challenges, una consultora global de seguridad en el transporte, considera increíbles las demoras y trastornos en los aeropuertos en Estados Unidos después del reciente intento de atentado. «En Israel casi no hay fila, y eso es porque no buscan líquidos, sino que simplemente lo miran a usted», explica.

Para agilizar más aún el procedimiento, se acaba de poner en funcionamiento, de modo experimental, un sistema biométrico de revisión, que en esta primera etapa puede ser usado sólo por ciudadanos israelíes.

Se trata de una tecnología avanzada que permite una rápida y más eficaz autentificación de la identidad del pasajero, que se tiene que registrar previamente dejando los datos y códigos de su pasaporte como su huella digital.

«Hay apoyo de guardias que observan todo el proceso y están allí para esa impresión clave tan necesaria», cuenta una funcionaria de seguridad en el aeropuerto Ben Gurión. «Pero las primeras preguntas las hace el sistema y eso puede acelerar todo», aclara.

La impresión que tenga quien revise al pasajero que pretende tomar un avión sigue siendo clave. «El terrorista puede equivocarse cada día y volverá a intentarlo, porque nos estudia y analiza», dice Oded Raz, que pertenecía al Shin Bet. «Pero nosotros no tenemos ese lujo. Una sola equivocación equivale a, por lo menos, 150 muertos o más», precisa.

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