Opinión Internacional

Las relaciones con el Norte en el 2006

El año arranca y la semana pasada hablábamos del escenario que nos aguarda en un continente que pareciera virar hacia la izquierda. Una vez adentrados en el 2006 deberíamos preguntarnos cual rol le tocará jugar a los Estados Unidos en este entorno que se pudiera volver hostil.

Muchos son los países latinoamericanos que culpan a los norteamericanos de haberles vendido durante décadas una suerte de solución mágica que lo que ha traído es pobreza para sus administrados y menos capacidad de auto sustentar su crecimiento.

Algunos mandatarios, entre ellos el nuestro, junto con Castro, y ahora con Kirschner y con Morales se han vuelto adalides del antiamericanismo para ganar con su retórica votos y adeptos.

Las relaciones del gigante del norte con América Latina están en su punto mas bajo desde el fin de la Guerra Fría y desde el 11 de setiembre el interés de Estados Unidos en estos lados del mundo ha sido esporádico y centrado en problemas puntuales.

Pero sin embargo, nunca las relaciones comerciales han tenido números mejores. Estados Unidos exportan a Latinoamérica casi tanto como a toda la Europa unida: 150 billones de dólares al año y mantienen relaciones preferidas con Chile, con México, con Colombia y Ecuador. Pero además han montado un entramado de acuerdos que hacen pensar que los lazos tienden a ser cada vez mas estrechos. Poco importa si el mercado unido del ALCA, una propuesta americana que no ha podido materializarse, va a llegar a un buen termino o no. Mientras cada uno de los 34 países vea al norte como su mejor y mas cercano socio, el comercio siempre será creciente. Y, por otro lado nadie, léase bien, nadie en el continente siente que es posible sobrevivir eficientemente sin la inversión gringa en sus sectores industriales y afortunadamente, con las puertas que se mantienen abiertas, ella ha seguido fluyendo sin mayor dificultad.

Dos temas estarán en el tapete en nuestra relaciones mutuas mientras avanza el 2006: una es el tráfico de drogas y el otro es la inmigración. Los países al sur del Río Grande cada vez aceptarán menos que la cooperación norteamericana vaya ligada a condicionamientos, lo que ha sido el caso hasta ahora y, por otro lado, reclamarán un mejor trato para sus nacionales en suelo estadounidense.

Así que, aparte de las preocupaciones que el norte pueda tener por la pérdida del liderazgo que antes exhibía en estas tierras, es difícil creer que el panorama de su relación con Latinoamérica pueda enturbiarse en el inmediato futuro.

La realidad es que su foco de atención se ubicará en otros lugares mas convulsionados del planeta y América Latina seguirá languideciendo como hasta el presente sin la adecuada atención que debería recibir.

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