Opinión Internacional

Las “trampas” de Obama

El nuevo gobierno norteamericano de Barak Obama ha empezado a cambiar gradualmente la política de sus predecesores hacia Cuba, aunque los objetivos son los mismos: instaurar en Cuba un sistema económico y político afín al de EE.UU., lo que solo es posible evitando el avance de Cuba hacia el socialismo.

La Secretaria de Estado acaba de declarar que el Ejecutivo norteamericano “respetará una eventual decisión del Congreso de levantar el embargo”, fijando claramente la posición de Obama y su gobierno ante el bloqueo. Si esto no es un cambio en la política del Ejecutivo, que pronto podría completarse con movimientos en el Congreso y no es éste el momento para realizar las transformaciones socialistas en Cuba, entonces habría que concluir que nunca serán hechas por la dirección actual.

El gobierno de Cuba fue advertido con toda la claridad por varios autores, incluido el que suscribe, sobre estas alteraciones con tiempo suficiente para haber realizado los cambios fundamentales hacia más socialismo. Mucho antes de que el propio Obama fuera siquiera candidato demócrata a las elecciones del 2008, desde el 2006 se avizoraban cambios en la política del imperio hacia Cuba, y la necesidad de realizar profundas transformaciones socioeconómicas para más socialismo en Cuba, cómo única forma de enfrentarlos.

En agosto del 2007, en un extenso ensayo intitulado: “Alerta Cuba: EE.UU. puede cambiar su táctica política, no sus fines estratégicos” (1) se abordaba toda la proyección del cambio de política hacia Cuba que ya se preveía, así como la necesidad de implementar las ideas del nuevo socialismo, que estaban floreciendo en nuestro propio país desde principios del 90, sustentando en las ideas de Marx y Engels que nunca han sido aceptadas por esta dirección.

Allí se explicaba: “La ofensiva no será con tanques, aviones ni helicópteros. No habrá bombardeos masivos sorpresivos o dirigidos. No se utilizarán bayonetas, armas de fuego, cohetes inteligentes, ni nucleares. No habrá desembarco de tropas. Los cañonazos van a ser de millones de dólares. No será una guerra en el plano militar, será una guerra de capacidades en lo ideológico, político, económico, social y cultural.”

Era, para esa otra “guerra”, para la que había que haberse preparado. Desde entonces mucho tiempo se ha perdido con más de lo mismo en política económica y propaganda política de viejo cuño inservible. El gobierno cubano se aferró a la defensa del estatismo asalariado burocrático y centralizado, la esencia del “socialismo” estalinista y a que siempre sería muy improbable que el Imperialismo levantara alguna vez el bloqueo. Alguna izquierda internacional siempre complaciente con la dirección cubana, decía lo mismo. “Suspender el embargo, sería aceptar el socialismo en Cuba y eso jamás lo admitiría el imperio” y en este argumento había razón.

Se confió en que Obama, quien se había manifestado en contra de mantener el bloqueo, no saldría candidato, después no llegaría a ser Presidente, luego que podría ser asesinado o que el imperio no le iba a permitir cambiar la política hacia Cuba, por último ya se pusieron en duda sus declaraciones de campaña sobre el levantamiento del bloqueo. Con la citada declaración de la Clinton, se despejan los titubeos, a menos que el mandatario estadounidense esté jugando con cartas escondidas, lo cual podría desacreditarlo.

El imperialismo, que mucho estudió todo lo que pasó “detrás de la cortina de hierro”, puede haber entendido, primero que los dirigentes cubanos, que el sistema estatista asalariado con libertades y democracia burocratizadas, incapaz de resolver las necesidades básicas de la población, no era más que un remiendo estatal del anterior sistema de producción capitalista.

Con el estatismo asalariado se podría contentar a los trabajadores mientras exista subsidio extranjero. ¿Esperan conseguirlo del Imperio?

Al parecer, algo tan humano como el menosprecio a la opinión de otros, ha impedido a algunos revolucionarios ver lo que otros comunistas advertían. El diálogo con el pueblo, la discusión democrática se reconocieron… de palabra. Todavía el VI Congreso del PCC sigue sin convocarse. A veces pareciera que lo único que le importa al gobierno de Cuba es que le levanten el bloqueo, ¿y el socialismo, el poder para el pueblo y todo lo otro por lo que hemos luchado 50 años, qué? ¿Toda la justicia, toda la libertad, toda la democracia dónde quedan?

Si el dinero, los recursos y las riquezas resolvieran los problemas del socialismo, como dicen algunos burócratas, ¿porqué no hay socialismo en EE.UU. y en el Grupo de los 7?

Hoy, cuando ya estamos contra el reloj, la pared o el abismo, -no se sabe bien-, todo lo que el gobierno cubano pueda hacer de lo que se viene planteando desde el IV Congreso del PCC en 1991 en las bases del Partido, podría parecer ahora una “concesión” al imperialismo.

Una muestra: el desgravar al dólar, solicitado recientemente por Obama, podría parecer una concesión. En septiembre de 2007 para la discusión del discurso de Raúl, se publicaron las 15 propuestas concretas para revitalizar el socialismo en Cuba, la segunda expresaba textualmente: “2-Restablecimiento de la paridad del Peso Cubano Convertible con el dólar, con impuesto mínimo sobre el cambio, para estimular el turismo, la inversión extranjera controlada (preferiblemente indirecta y en empresas mixtas), las remesas y el movimiento interno y externo de la economía.”

Para que mencionar todo o parte de lo expresado en las Propuestas Programáticas para un Socialismo Participativo y Democrático, presentadas en Agosto de 2008, cuando todavía Obama no era candidato presidencial, ella completa o cualquiera de sus partes podrían ser ahora “concesiones al imperio” Tal vez a algún redomado burócrata se le ocurra acusarlas de eso.

Dada la intransigencia del gobierno cubano a realizar los cambios necesarios que vienen demandando hace tiempos muchos revolucionarios cubanos, grandes sectores de la población y nuestra propia realidad socioeconómica, el gobierno de Obama podría ahora convertirlos en solicitudes suyas, a sabiendas de la oposición oficial cubana. El simple fortalecimiento de nuestro sistema democrático de elecciones, facilidades para el acceso a Internet, el respeto pleno de la propiedad individual, la eliminación de absurdas medidas migratorias o la revisión de las excesivas condenas de algunos mercenarios de la pluma que escribían a sueldo del imperio, hoy podrían parecer concesiones “al imperialismo”, medidas relativamente sencillas, algunas de gran demanda popular que hace rato debían haberse verificado.

El nuevo Presidente de EE.UU. nada tiene que ver con ninguno de sus predecesores. El gobierno de Cuba, si no lo ha hecho, debe comprender que está frente un adversario extraordinario en todos los órdenes. Baste conocer algunos antecedentes biográficos y la forma vertiginosa en que escaló la nomenclatura política de su Partido y de su país.

Obama sigue representando al Imperio en su conjunto, es cierto, pero lo está haciendo desde posiciones más democráticas y menos agresivas, desde la fortaleza que implica el hecho de que un afro americano sea el Presidente, llegado a la Casa Blanca en medio de un gran crisis del sistema capitalista, apoyado por amplios sectores populares y enfrentado a guerras que no apoyó y a fuertes grupos mafiosos de poder a los que en algún momento tendrá que reprimir de alguna manera, sea por las torturas, y la corrupción política y financiera.

De una parte Cuba tiene que desarrollar sus mecanismos de defensa ante la ofensiva pacífica de Obama, y de otra evitar servir de obstáculo para que el mismo pueda maniobrar internamente contra los super monstruos a los que tiene que oponerse, que son también los peores enemigos del pueblo cubano y su Revolución. Sí, Obama y Cuba tienen enemigos comunes en el seno del imperio. La intransigencia oficial podría no solo acabar con la Revolución, sino hacer también el juego a las peores fieras del imperio contra Obama.

Aún cuando pueda parecer que algunas acciones de Cuba son concesiones a Obama, lo primero que debe acabar de entender el gobierno-partido-estado, si es que no quiere agudizar las contradicciones internas que está generando el acelerado movimiento norteamericano hacia el levantamiento del bloqueo y su propio inmovilismo, es que las medidas que demanda la realidad cubana no son para satisfacer al nuevo inquilino de la Casa Blanca, sino para responder a las necesidades de los propios cubanos, de sus carencias económicas, políticas y sociales, para hacer avanzar el socialismo en Cuba y garantizar que la Revolución no sea revertida.

Cada día de inmovilismo es un día más a favor de la reversión de la revolución.

Y por eso, el único culpable de lo que acontezca será el gobierno cubano. Ya se ha dicho: oponerse a la socialización necesaria es hacer el juego a las políticas enemigas; y también es brindar armas al adversario para que esgrima en sus negociaciones y ponerlas como condiciones o solicitudes, lo que pondría al gobierno cubano ante cada paso necesario, como un supuesto cumplidor de las exigencias del imperio.

Y es ahí donde puede estar la trampa, no de Obama, sino la auto-fabricada por la actual dirección: basándose en la interpretación dogmática por parte del gobierno de Cuba, de que todo lo que el enemigo quiere es necesariamente negativo, el Presidente norteamericano podría pedir que el gobierno cubano haga lo que la mayoría del pueblo quiere y ha estado clamando en los espacios que le han permitido, a sabiendas de la reticencia oficial, a fin de que el gobierno se vea cada día más separado de la realidad del país y enfrentado al pueblo. Entonces, cada día más aparecería el señor Obama como “el salvador”, lo que además no le viene mal con su historia de niño pobre, luchador por los derechos civiles y además negro, un héroe “pintado” para los cubanos.

Si en artículo anterior señalaba que el VI Congreso del PCC, previsto para fines de este año, podría ser la ultima oportunidad del Partido para estructurar una política integral consensuada hacia más socialismo capaz de enfrentar el desafío norteamericano, hoy ya parece que mejor sería adelantarlo todo lo posible, pues la “política” actual solo conduce al desastre.

El lobo está llegando, pero en lugar de pistolas, trae fajos de dólares. Para enfrentarlo armado hay preparación, para combatirlo en el plano económico, político e ideológico, no: el recibimiento que algunos se aprestan a darle, se anuncia jubiloso, viene “Santicló”, solo que negro, joven y sin barbas.

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