Opinión Internacional

Lecciones desde Túnez

Un país de larga historia, allí estuvo Cartago, con los fenicios. Pasaron los romanos y los vándalos; vivió bajo el Imperio bizantino y el otomano. Luego de varios califatos, llegaron los franceses a fines del siglo XIX y lo convirtieron en un  protectorado hasta su independencia en 1956. Habib ben Alí  Bourguiba fue el padre de la independencia y su primer jefe de gobierno. Su régimen, de partido único y laico, fue el más occidentalizado y socializante de los países árabes. Bourguiba, quien fue francófilo y chinófilo, y antigringo y antisovietico, luego abrió la economía a la inversión extranjera y permitió el desarrollo de un sector privado, durante los años setentas, lo que le ganó la simpatía europea.

En 1975 se hizo proclamar Presidente Vitalicio. Pero desde 1980, autorizó la existencia de otras formaciones políticas y convocó elecciones en 1981, que ganó. “Removido” por motivos de salud en 1987, asumió el recién depuesto General Zine El Abidine Ben Ali, quien gano cuatro elecciones seguidas con el 90%, por lo que la comunidad internacional lo consideraba democrático. Además, se mostraba como un freno al fundamentalismo islámico. Túnez es una próspera economía que cada vez se abre más a lo internacional, con un crecimiento real de un 5% por varias décadas, con un IPC de cerca de US$ 2500  y una inflación promedio del 2.5%, aunque se ha duplicado.

 Luego de 23 años en el poder Ben Alí, el “hombre fuerte benévolo”, para algunos o “Zinochet” para otros,  que había creado una cleptocracia familiar y un sistema represor  militarista, con ojos y oídos en todas partes, fue depuesto por el pueblo en las calles. Este hecho trascendente histórico entre los árabes, fue una explosión masiva secular renovadora con mujeres al frente de las marchas a rostro descubierto.

Los jóvenes jugaron un papel muy importante. Cientos de miles de ellos, muchos educados y occidentalizados, se lanzaron a las calles frustrados por la corrupción, no tener futuro, el poco empleo y los bajos sueldos, luego que uno de ellos, desempleado-buhonero universitario, se prendiera fuego en protesta. La sociedad civil tunecina no está organizada y los partidos opositores son débiles, por lo que el grito de libertad puede frustrarse y las “viejas guardias” regresar o lo que sería trágico: el fundamentalismo religioso, que si está organizado.

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