Opinión Internacional

Llamado a la Paz

Como ya resulta natural en estas fechas navideñas en las que los cristianos celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia Católica, por intermedio de su vocero Principal, el Santo Padre Benedicto XVI, nos recuerda nuestro deber de buscar y ser promotores de la paz en el mundo, la cual empieza siempre en el corazón de cada hombre. Es así como en el tradicional mensaje urbi et orbe (a la ciudad y al mundo), el Vicario de Cristo hizo especial énfasis en la necesidad de paz, siendo que es necesario como condición para la paz, que “se reconozca, tutele y promueva el bien integral de la persona humana, respetando a todo hombre y toda mujer en su dignidad”, advirtiendo que «nuestro Salvador ha nacido en el mundo, porque sabe que lo necesitamos. A pesar de tantas formas de progreso, el ser humano es el mismo de siempre: una libertad tensa entre bien y mal, entre vida y muerte”, a lo que agrega que “en la época actual postmoderna necesita quizás aún más un Salvador, porque la sociedad en la que vive se ha vuelto más compleja y se han hecho más insidiosas las amenazas para su integridad personal y moral”.

Recordó el Papa con especial preocupación las situaciones de tensión que tristemente se viven en Oriente Medio, probada por numerosos y graves conflictos, abrigando la esperanza “que se abra a una perspectiva de paz justa y duradera, respetando los derechos inalienables de los pueblos que la habitan. Confió al divino Niño de Belén “los indicios de una reanudación del diálogo entre israelitas y palestinos que hemos observado estos días, así como la esperanza de ulteriores desarrollos reconfortantes”. De igual manera recordó la situación del Líbano, pidiendo que después de tantas víctimas, destrucciones e incertidumbres, reviva y progrese la democracia, con una apertura en diálogo con las culturas y las religiones. Hizo también un llamamiento “a los que tienen en sus manos el destino de Irak, para que cese la feroz violencia que ensangrienta el País y se asegure una existencia
normal a todos sus habitantes”. Igualmente invocó a Dios para que “en toda África se ponga término a los conflictos fraticidas, cicatricen pronto las heridas abiertas en la carne de ese Continente y se consoliden los procesos de reconciliación, democracia y desarrollo”. No podía olvidar el Santo Padre a nuestra América, para la que invocó “que se extingan los focos de tensión que hacen incierto el futuro”.

En definitiva, tal como lo indicara Juan Pablo II y lo reitera Benedicto XVI, la paz es fruto de la justicia y es nuestro deber promover la justicia en todos los rincones del mundo. Deben cesar los enfrentamientos, especialmente entre hermanos nacidos en una misma tierra, lo cual aplica también para nuestro país, donde tristemente se ha querido separar a los venezolanos, según sea que estén o no con un proceso, produciendo injustas exclusiones y discriminación en múltiples campos de la vida social, cuando no ha producido situaciones de tensión y violencia. Confiemos que el llamado que nos hace el Santo Padre, podamos aplicarlo a nuestra conducta, hacerlo vida en nosotros y convivir con la tolerancia y la paz. Que así sea.

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