Opinión Internacional

Lo que debe cambiar en segunda vuelta

El demorado anuncio de los resultados finales de la primera vuelta de las elecciones generales ha dado la razón a esa inmensa mayoría de peruanos que manifestó su desconfianza en los organismos electorales, manipulados por la siniestra capacidad del régimen autocrático de AFF para falsear su composición en el caso de colegiados o para poner al frente de la ONPE o el Reniec a gente de su confianza.

De todos ellos, fue el jefe de la ONPE, José Portillo Campbell, quien mejor disimuló su adhesión al régimen ña pesar de su dudosa actuación con ocasión del fallido proceso de referéndumñ protegiéndose detrás de un discurso aparentemente «científico» que aseguraba ñsegún sus propias palabrasñ para la oficina a su cargo los más modernos sistemas electrónicos, dando 100% de rapidez y seguridad al proceso de cómputo.

Nada de esto sucedió. A 72 horas del cierre del acto de votación, los peruanos seguíamos sin resultados finales de los comicios; en cuanto a la seguridad, al fracaso de los simulacros técnicos hechos por ONPE se suman ahora reiterados casos de inclusión de votos «fantasmas» no procedentes de actas en el sistema de cómputo, como por azar todos ellos engordando indebidamente la votación del candidato oficialista. Al mismo tiempo, surgen denuncias respecto de escamoteo de votos opositores.

Pero la desconfianza suscitada por ONPE llegó al límite a raíz de las demoras y vaivenes registrados durante el avance del proceso de cómputo. La percepción de un inminente fraude en beneficio de AFF colmó la paciencia de la ciudadanía y la puso de pie y en las calles en los últimos días, sumiendo al Perú en una gravísima crisis política que, de acuerdo a la percepción nacional e internacional, sólo podía resolverse con la realización de una segunda vuelta electoral entre los dos candidatos más votados el domingo 9 de abril.

El suspenso ha encontrado una solución provisoria: la ONPE entregó los resultados al 97.68% y dio paso a la tan esperada segunda vuelta. Se ha logrado así una descrispación importante de la crisis, pues ahora hay un camino de salida. Según lo señala la Constitución vigente en la segunda parte del artículo 111: «Si ninguno de los candidatos obtiene la mayoría absoluta, se procede a una segunda elección, dentro de los treinta días siguientes a la promulgación de los cómputos oficiales, entre los candidatos que han obtenido las dos más altas mayorías relativas».

Pero si la segunda vuelta es un hecho, ella no significa sino un paso inicial en la larga batalla por obtener un proceso electoral transparente, justo y equitativo. Por lo pronto, el escenario se traslada al JNE ñotro organismo cuestionado por la ciudadaníañ donde es probable que el oficialismo intente algunas maniobras antes de la proclamación oficial de los resultados.

Debido a este contexto, la oposición deberá permanecer muy atenta a cuanto ocurra en el JNE. Y, desde luego, reclamar la conformación de un nuevo JNE para presidir la segunda vuelta del proceso electoral, lo mismo que cambios en los Jurados Electorales Especiales y en las Oficinas Departamentales de Procesos Electorales. Este reclamo, que ha sido formulado desde distintos sectores ñmenos el oficialistañ, nos parece indispensable para asegurar la limpieza de lo que resta del proceso.

De igual manera, si el locuaz señor Portillo continúa aferrado al cargo con el argumento de no poder renunciar con un proceso electoral en curso, es necesario dotar a la ONPE de un sistema de monitoreo electrónico que permita a los personeros seguir el vaciado de actas en simultáneo, y no a posteriori de realizado. Es posible demandar asesoría a la ONU y reclamar el envío de personal calificado.

En cuanto al señor Celedonio Méndez, quien desde el Reniec ha sido responsable de una pésima depuración del Padrón Electoral, en el cual se calcula que restan trescientos mil fallecidos por retirar y otro tanto de ciudadanos que residen definitivamente en el exterior, su partida también contribuiría a sanear el proceso.

La formación de un nuevo JNE permitiría generar condiciones indispensables para una campaña limpia y equilibrada, pues corresponderá a este organismo demandar espacios en los canales de TV de señal abierta, erradicar las campañas de demolición de la prensa amarilla, poner límites al uso de la publicidad estatal y a los excesos de un candidato-presidente que confunde intencionalmente ambas funciones, entre otras tareas urgentes.

Ahora la lucha de las fuerzas democráticas se desplaza a este terreno. Repetimos, se ha ganado una batalla, pero hemos de permanecer muy alertas, si es que queremos evitar la reiteración de un proceso electoral que nos ha llenado de descrédito y vergüenza.

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