Opinión Internacional

Lo que pasa en Colombia

La sabiduría convencional de formadores de opinión o expertos en análisis político tiende a honrar con frecuencia penosos lugares comunes. El debate de Petro sobre los alcances estructurales del paramilitarismo, ha derivado en una secuencia de valoraciones atropelladas. Como decir que Petro defraudó al auditorio porque no aportó mayores novedades a lo conocido. Que la presentación estuvo sustentada en casos fallados por los tribunales y entonces carecía de valor probatorio. O en comentarios más ad hominem, que la autoridad del expositor es mínima por su ex militancia con el M19. Una pobreza analítica sobre el contexto del debate, que deja en un mismo nivel de impacto la propuesta final de Petro con los pormenores de las masacres más despiadadas de nuestra historia reciente. La declaración de los comandantes paramilitares en Itagüí ha tenido, luego, la misma carga semántica de algunos analistas. Pasar la página de tantos crímenes y desplazamientos, porque la economía muestra signos de evidente crecimiento.

Llegar a semejantes grados de ambigüedad en los análisis del debate no obedece a factores de casuística. Y en casos como este lo mejor es advertir que podemos tener otros criterios de explicación. El debate se enmarca dentro de evidentes condiciones de amnesia colectiva, o en términos menos refinados, un deseo de la mayoría por escuchar temas distintos al paramilitarismo. El gobierno realizó todos los esfuerzos por desvirtuar por anticipado al ponente, empleando la técnica retórica del freno. Apelando a lugares de cantidad para limitar las dimensiones de su responsabilidad política. Y en este contexto, el paso de ministros y asesores por los medios de opinión expresaba un cálculo estratégico para crear la mayor confusión posible. Los voceros del liberalismo, el uribismo y los conservadores, entre tanto, se fastidiaban con el protagonismo del Polo.

Y la suma de estos factores es sostenida antes, durante y después de la intervención de Petro. Planteado en términos de una competencia de gallera, algunos medios se sumaron a simplificar el problema central del debate con la pregunta de montón: ¿Quién ganó y quien perdió el debate? Y con esta unidad de información a todos los colombianos se nos puso a tomar partido: «En contra de Petro o en favor de Petro». El tema central colocado en este sentido pierden gravedad, los factores centrales del problema paramilitar se diluyen en una feria de vergonzosas vanidades. Políticos y analistas aparecen repitiendo e imitando unidades de información inercial: «ganó el gobierno», «perdió Petro», «aunque los Ministros no estuvieron afortunados», «de nuevo, nada le sucedió a la economía», etcétera.

Un análisis de los procesos de información en política condenaría tanto lugar común. Porque las técnicas de procesamiento colectivo de información, nos pueden enseñar que en política es posible desvirtuar al oponente, atacando y desfigurando sus hipótesis. O que el tema central en discusión se puede desviar descalificando el peso de sus premisas o las conclusiones. Por fas o por nefas, con razón o sin ella. En política la información carece de la objetividad necesaria. Por esto resultó risible la argumentación de los ministros como expertos historiadores de la violencia. Y de lejos, las alusiones de ironía del mandatario contra Petro, ridiculizan más bien al gobernante.

Los aspectos de fondo, luego, se pueden reconstruir en otra dirección. Petro describió con suficientes materiales probatorios las siniestras relaciones de las Convivir con el Paramilitarismo en Antioquia. Aunque las pruebas sobre las masacres, los desplazamientos y las desapariciones forzadas, no fueron empleadas con una finalidad jurídica. El debate fue político. Las dimensiones y alcances del paramilitarismo en algunas regiones han socavado ostensiblemente la institucionalidad democrática. Y los principios de buena fe de quienes crearon o apoyaron las Convivir en Antioquia, estuvieron atrapados por una maquinaria de muerte, dispuesta por los intereses privados de hacendados, ganaderos y empresarios. Los graves efectos sociales y políticos del paramilitarismo no desaparecerán mientras sus principales representantes puedan obtener impunidad. Lo comprende así la comunidad internacional. De modo que las referencias directas de Petro, no son el asunto trascendental.

El argumento central de Petro es una contribución a la preservación mínima de una memoria colectiva sobre hechos dolorosos vigentes. Pero también la exposición de motivos en el seno institucional de nuestra democracia, como la resistencia elemental que debe tener una sociedad frente quienes actuaron como criminales directa e indirectamente. De modo que lo que importa no es únicamente la propuesta sobre el acuerdo final por la verdad, sino la obtención gráfica de todo el conjunto de factores que han gravitado sobre la vida del país durante las últimas décadas.

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