Opinión Internacional

Lo que se esconde detrás de la guerra entre Estados Unidos e Irak

Yo soy unas de las personas que piensan que no habrá guerra entre estadounidenses e iraquíes, me inclino más por aquello de mucho ruido y pocas nueces o porque me niego a creer rotundamente que los altos mandatarios puedan hacer oídos sordos a las peticiones, no sólo de sus propios países, si no por todas las protestas mundiales que se llevan a cabo en contra de esta bendita guerra.

Más allá si es o no un conflicto petrolero, digo esto porque hay argumentos –válidos- de algunas personas que piensan y aseguran -como el Premio Nóbel de Economía en 1992 (%=Link(6291944, «Gary S. Backer»)%) – que la guerra con Irak no es por Petróleo, pero si contra la amenaza que representa Hussein para el mundo. Yo discrepo totalmente con esta forma de pensar, para mi entender es más que claro que el control de un punto estratégico y a su vez, un centro neurálgico para un control logístico en la producción y comercialización del crudo, como lo es el canal de SAT al-Arab significa muchísimo para los intereses de los gobiernos de Oriente y Occidente. Simplemente recordar que durante la Guerra que enfrento a iraníes e iraquíes (1980-1988) USA ofreció información de inteligencia a Irak (Hussein) y abasteció con armamento a Kuwait y a los que brindaban apoyo al gobierno iraquí Jordania y Arabia Saudita. Pero también se sabe que les vendió armas a los iraníes con el fin de fortalecer a los sectores moderados o visto con otros ojos, prolongar la guerra. Así de esta manera se veía favorecida debilitando a ambos ejércitos. Otro beneficiado de este debilitamiento y agotamiento militar era Israel, que observaba como dos de los ejércitos más fuertes del Islam se caían con el paso del tiempo. En tan solo unas líneas se refleja que hay tres grandes conflictos dentro de una misma bolsa, el económico, el religioso y el geográfico. Para seguir argumentando sobre un problema petrolero, casi sin respiro del termino de la Guerra Irán-Irak, en 1990 Irak invade Kuwait ya sea por ser un objetivo de recuperar a Kuwait desde que logro la independencia en 1961 sobre el protectorado británico y reclamarlo como suyo o por la ceguera de un dictador o bien, por hacer un control masivo de la producción petrolera –luego de la invasión a Kuwait, Irak controlaba el 20% de la producción mundial de petróleo-. Estados Unidos, con casi toda la opinión mundial a su favor y con la autorización del Consejo de Seguridad, interviene en el Golfo Pérsico con la llamada Operación Tormenta del Desierto. Los norteamericanos tardaron menos de 100 horas en desarticular un ejército apagado, sin orientación táctica ni planificación militar, haciendo notar nuevamente las carencias como líder y estratega de Hussein, que tan solo luchaba con una mezcla rara de valor humano y mucho fanatismo religioso. Pero fuera del campo de batalla se llevaron acciones diplomáticas sumamente estratégicas, James Baker Secretario de Estado norteamericano, se reunió con varios líderes políticos del mundo. Entre las reuniones más benefactoras fue la que mantuvo con el presidente sirio Assad –quién era un archienemigo de Hussein- y luego de varias deliberaciones acabó colaborando con los Estados Unidos de Norte América. Recordemos que durante la Guerra de Irak-Irán, Sira y Libia se habían mostrado favorables a Irán. Al finalizar la Guerra del Golfo, Irak termino reconociendo a Kuwait en 1994, pero un año más tarde los iraquíes habían recuperado su ejército casi en su totalidad. Sin embargo, no había caído el régimen dictatorial de un déspota.

Pues bien, todo lo anterior fue una reseña mínima de lo que me hace pensar que estamos ante un conflicto netamente petrolífero. Pero es coherente pensar que algo más se trae entre manos esta guerra tan anunciada. Dejando parcialmente de lado todo lo que significa el desgaste sicológico de una guerra, todo el dolor, toda esa angustia acentuada en los más ancianos y en los niños, todo el desastre ecológico que eso significaría, todos los efectos secundarios que se trae consigo la guerra, todo el hambre y la miseria que deja de regalo una guerra, todos esos miles de muertos, heridos, mutilados, huérfanos, desamparados, refugiados y otros tantos males que todos detestan, que todos no quieren, que todos dicen odiar y que todos repudian, voy a explicar que otras dos evidentes complicaciones –a mi entender- se esconde detrás de este conflicto.

En primer lugar hay algo que rompe los ojos y debería ser uno de los factores a tener mayormente en cuenta. Se deslumbra una división alarmante en las naciones de Europa. Esta separación se viene haciendo bajo la discrepancia de opiniones sobre una posible intervención militar en Irak. Esto pone en dos polos opuestos a cuatro grandes potencias, por un lado esta Estados Unidos e Inglaterra que manifiestan su intención y su voluntad de hacer uso del poder militar para derrocar a Hussein. Cruzando las calles de las opiniones opositoras están otras dos grandes potencias China y Rusia que se muestran negativos a una operación militar. Hoy este intercambio de opiniones espera cual de estos cuatro países tiene mayor poder de convicción sobre la base de datos y aquel que argumente mejor su postura terminará venciendo en la mesa de las negociaciones. Diplomáticamente Estados Unidos e Inglaterra buscan apoyo internacional que respalden su postura como lo hacen los gobiernos de España y Bulgaria. Sin saber con certeza lo que más le conviene y queriendo estar bien con Dios y con el Diablo, Francia espera que el viento más fuerte lo lleve a Irak o le deje una buena imagen dentro de sus fronteras. China y Rusia cuentan en sus filas con Alemania, que a mi entender es una nación que desde el término de la II Guerra Mundial viene trabajando lento pero sin pausas y fortaleciendo todos su frentes –económico, militar, científico, social, etc.- de una manera sorprendente. A Europa le ha costado mucho unificar su comercio de manera uniforme. Hoy la comunidad europea es un centro sobresaliente en el ámbito comercial, industrial y tecnológico, con una idea futura en positivo y con grandes intenciones de progresar –no obstante ya se marco para el 2004 la entrada de países como Hungría y Bosnia, entre otros tantos-. Curiosamente y como una verdadera paradoja, Inglaterra enfrenta algunas diferencias con la Comunidad Europea. Para hacer una competencia leal tanto para los trabajadores, los países involucrados y las empresas, la Comunidad Europea busca que –obligatoriamente- se fije en cada país un salario mínimo. Inglaterra todavía no a accedido en este punto y dificulta mucho las aspiraciones comunes. El hecho que los ingleses no marquen la puesta en práctica de un artículo o una ley que fije un salario mínimo para todos los trabajadores, estimula que una infinidad de empresas provenientes de otros países –así como a nuevos inversores- a instalarse en Inglaterra porque juegan con este pequeño pero importante beneficio. Esta es otra forma de dividir políticamente a un continente.

Sin embargo, en segundo lugar y muy relacionado con las diferencias y oposiciones políticas, está un factor preponderante en el interés económico y social del mercado común europeo. Hoy en día los países que intervienen en esta comunidad establecieron como moneda única el Euro. Dado la gran evolución que a presentado este mercado, ganando territorio a pasos agigantados y logrando a nivel europeo fortalecer su moneda al punto tal que supero al dólar americano. En otras palabras esta afirmación monetaria del Euro hizo devaluar el dólar en Europa. El dólar americano fue perdiendo validez paulatinamente en el mercado del viejo mundo, dejando ver entre líneas –que muchos economistas no quieren hacer referencia- que este factor puede acelerar un desplome económico en Estados Unidos. Indudablemente ese desplome repercutirá de forma negativa en los países Americanos, algo opuesto a lo ocurrido cuando cayo la Bolsa de Valores en el año 29. En aquella oportunidad los europeos vieron hechos añicos sus planes futuros de desarrollo lo que desencadeno una miseria universal. Posteriormente y ligado a esta situación económica, surgieron sentimientos muy nacionalistas como en la Alemania Nazi. Para los Estados Unidos ver como su moneda pierde validez en un mercado como el europeo es sencillamente catastrófico. Dos cosas a tomar en cuenta: ¿Qué pasaría con los importadores americanos si el dólar sigue devaluándose? Y ¿Qué pasaría si los países productores de petróleo deciden de ahora en más cotizar los barriles en Euros?. Sistemáticamente si el euro sigue su camino ascendente habrá un quiebre directo y peligroso en los intereses norteamericanos. Para un exportador de Estados Unidos ya no es lo mismo exportar 1millon de dólares en marzo del 2003 que en noviembre del 2002, hoy en día puede significar una suba en la venta de sus productos ya que le resultan más económicos al comprador europeo –mayormente siempre los exportadores se ven beneficiados con una devaluación monetaria-. La relación es obvia, si un producto cuesta menos, el cliente tiende a comprar mayor cantidad y su ganancia es directamente proporcional a la venta, pero si la exportación no cambia su perfil cuantitativo –se vende la misma cantidad de mercadería en noviembre del 2002 y en marzo del 2003-, ahí se vería un descenso del 7.9% en las ganancias. Para aquellos importadores estadounidenses el tema es muy diferente. No significa lo mismo comprar en marzo del 2003 cien mil dólares a un proveedor europeo que haberlos comprado en noviembre del 2002, esto equivaldría a un incremento del precio entre un 12 y un 16 por ciento, lo cual se reflejaría en el margen de las ganancias. No obstante, donde se ven beneficiados los operadores del dólar es en las tasas de interés, sigue habiendo por el momento un diferencial que favorece al dólar en contra del euro. Es decir que por ahora rinde más tener un depósito bancario en dólares que en euros. Esta desvalorización del dólar se vería mayormente agravada si los grandes productores de petróleo optaran por cotizar el barril del crudo en euros. Esto sería un punto vital si planteamos que el mercado europeo es uno de los más grandes consumidores de este producto. Si doce de los países europeos hacen disparar sus demandas, la OPEP caería en una encrucijada por la presión de sus miembros. Si la demanda es mayor no valdría ningún acuerdo en el control sobre la producción –los productores de la OPEP representan dos tercios de la exportación petrolera mundial-, de esta manera también con el aumento de la producción bajaría el valor del crudo, lo que sería axiomático prever otro conflicto.

Se pueden seguir brindando datos que, sin importar su origen o por cual de los puntos cardinales llegan, nos llevan a una guerra. Es enrevesado y a la vez arriesgado buscar cual es la verdadera piedra filosofal del hombre actual. Es áspero un pensamiento que confirme en cual de los siete infiernos de Dante están las sociedades del mundo que hoy vivimos.

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