Opinión Internacional

Los derechos humanos de los ilegales en E.U.

El trato inhumano que en muchos casos las autoridades de inmigración le dan a los ilegales en E.U. es sencillamente un pecado que a mediano o largo plazo les acarreará graves consecuencias morales a la nación del norte. Las viudas, los huérfanos, los pobres y los extranjeros, son la clase de personas por las que Dios siempre está presto a salir en su defensa. Dios no puede ser burlado, ya que todo lo que el hombre siembra en este y en cualquier otro caso y tiempo, eso mismo recogerá tarde o temprano.

Los E.U. desde sus inicios (siglo XVII) son una sociedad de inmigrantes y de esclavos procedentes de otras latitudes geográficas. En apenas 250 años algunos norteamericanos han olvidado de dónde proceden. Principalmente de Europa occidental provienen los blancos. Y, los esclavos negros, fueron traídos por los “cabellos” desde diferentes puntos de Africa. Los indios ya estaban aquí y, algunos españoles se habían asentado en el Sur del territorio a partir del siglo XVI. Es decir que, parte de estas tierras ya estaban pobladas cuando los colonos ingleses pusieron su pie en ellas. Sin embargo, nadie los expulsó; muy por el contrario, fueron los europeos incluyendo a los españoles quienes expulsaron a los nativos de sus dominios para instalarse ellos. Más tarde sí se presentaron algunos conflictos puntuales que terminaron en guerras. Pero, bueno, esa historia pertenece a la colonización; de tal manera que no vamos a remontarnos tal alto para decirles a nuestros hermanos los descendientes de los extranjeros de ayer, que lo que están haciendo contra los inmigrantes de hoy es un atropello que atenta contra los principios de libertad e igualdad que le insuflaron vida a esta nación, y que, socava la dignidad humana y la integración de la familia consagrada por Dios en las sagradas escrituras, que dicho de paso sea les sirvió de inspiración a los fundadores de esta gran nación para constituir sus leyes.

Todos los imperios del mundo han perecido por desgaste, por corrupción, o porque no le hicieron honor a los propios principios humanitarios que le dieron vida. Si ayer los E.U. necesitaron de la ayuda de Dios y del apoyo foráneo para consolidar su nación; hoy los inmigrantes también necesitan de la ayuda de Dios y del apoyo de la sociedad norteamericana o de E.U. para consolidar sus familias y poder alcanzar el “sueño americano” que no es otra cosa que la aspiración natural de todo ser humano de vivir dignamente. Además, la mayoría de los inmigrantes de hoy, en la práctica son los esclavos modernos de algunos de los descendientes de aquellos esclavistas de ayer. Algo así como la pasantía de 400 años que los Hebreos tuvieron en Egipto antes del éxodo hacia la tierra prometida liderada por Moisés, pero con la diferencia de que los egipcios querían más bien retenerlos antes que dejarlos ir. Los descendientes de los colonos no deben olvidar que la guerra civil americana a la que llamaron “la guerra de los siete años” y que finalizó en 1763, se produjo precisamente porque un grupo de hombres notables del norte se oponían a la esclavitud, mientras que algunos aristócratas del sur insistían en mantenerla a sangre y fuego. Fue la bandera contra la discriminación racial y social la que permitió el triunfo de los Federales y la consolidación de su magno proyecto conocido como los Estados Unidos de Norteamérica. Irónicamente fueron los Republicanos de ayer los que izaron la bandera de la abolición de la esclavitud; mientras que hoy, son los Demócratas quienes la enarbolan e impulsan una reforma a ley de inmigración mucho más justa y proponen una amnistía para los ilegales.

Los ilegales en E.U. que suman entre 12 a 14 millones, al igual que los pobres del mundo que rondan los 3 mil millones, son una bomba de tiempo que tarde o temprano estallará irremediablemente contra la sociedad moderna. Es mejor “hacer bien sin mirar a quien”. En la equidad se funda el ejercicio de las leyes. Es la base del evangelio de Cristo: Amar a Dios por encima de todo y de todos, y, al prójimo como así mismo. Un brillante ejemplo de amor al prójimo lo vemos en Jonathan el hijo del rey Saúl que se desprendió de su capa real para dársela a un joven campesino al que apenas estaba conociendo, pero que sabía de antemano que había luchado duro para vencer al enemigo de su padre y de la nación de Israel: Al gigante Goliat. Los E.U. están embarcados en una guerra muy, pero muy lejos de sus fronteras que ha diezmado a más de 3.300 combatientes y dejado heridos a más de 25.000. Tienen por lo tanto un enemigo declarado, por no decir que varios, muchísimo más grande que el gigante Goliat al que llaman Terrorismo. Pero los E.U. con esta actitud hacia los inmigrantes en lugar de sumar amigos dentro de sus fronteras como hizo Jonathan, absurdamente están restándolos debido al trato despiadado que le dan a los ilegales. Me parece que la Organización de los Derechos Humanos debería tomar cartas en este asunto a fin de ponerle un “detente” a esta “cacería de brujas”, ya que un ilegal no es igual que un delincuente. Esa matemática de inmigración no se corresponde con el espíritu de sus leyes ni mucho menos con la declaración de los derechos humanos consagrada precisamente después de la revolución francesa que fue principalmente una lucha de clases.

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