Opinión Internacional

Los mitos de las fechorías norteamericanas

Al comenzar Estados Unidos una larga e intensa lucha contra Osama ben Laden y su organización, hay quienes afirman que Estados Unidos es la causa de su propia desgracia. Sus argumentos se basan en los mitos de las fechorías cometidas por
Estados Unidos en el mundo.

En un momento en que Estados Unidos debe estar unido internamente, respaldado por sus aliados y claramente comprendido en el mundo, se debe poner fin a estos mitos.

El primer mito es que los ataques del 11 de septiembre no hubieran ocurrido si Estados Unidos hubiera presionado a Israel a hacer concesiones a los palestinos. Esta afirmación transforma erróneamente la yihad de ben Laden en una extensión del conflicto árabe-israelí.

De hecho, durante la década pasada ben Laden ha demostrado poco interés en la dinámica de las relaciones palestino-israelíes. Su principal atención estuvo enfocada en Estados Unidos y su presencia militar en la península arábiga — en su opinión, la
manifestación más horrenda de la intrusión de Occidente en la sagrada esfera del Islam. Esta es la queja central que da justificación a su llamado de «matar a los norteamericanos y sus aliados — civiles y militares — en cualquier país donde sea
posible».

Osama ben Laden desea ver a Occidente tan agotado y desmoralizado por la matanza como para que se retire al norte de Europa y a América del Norte. Israel es solamente uno de los muchos lugares donde se puede atacar los intereses de Estados Unidos y Occidente en general. Para ben Laden es irrelevante dónde Israel establezca sus fronteras con Palestina puesto que la mera existencia de un estado judío en el Medio Oriente representa para él un ofensa impía.

Aquellos que afirman que la raíz de la ira de ben Laden radica en que Estados Unidos no haya forzado a Israel a hacer concesiones tienen mucho que explicar.

¿Por qué atacaron a Estados Unidos los asociados de ben Laden durante los años en que se estaba poniendo en efecto el proceso de Oslo? ¿Por qué se atribuye ben Laden el asesinato de los norteamericanos en Somalia, en 1993, si su motivación es la causa palestina?

La ironía está en que los que defienden el mito de que el conflicto árabe-israelí es la razón principal de los ataques ocurridos el 11 de septiembre están manchando la causa palestina con este asesinato masivo. Estados Unidos debe seguir esforzándose para que se logre una paz justa en el Medio Oriente, pero no por causa de ben Laden.

El segundo mito es que el terrorismo de ben Laden está siendo propulsado por la pobreza. Según esta afirmación, la explotación económica perpetrada por extranjeros y la corrupción dentro del país son lo que alimenta este terrorismo; el terrorismo desaparecería con un programa masivo de ayuda.

No hay duda de que el estancamiento económico y la privación en gran parte del mundo islámico han creado gran descontento. Esto, a su vez, ayuda a explicar el atractivo de ben Laden entre los descontentos en países desde el norte de Africa hasta Indonesia. También da cierta dirección al esfuerzo de Occidente de acabar con el apoyo a los seguidores de ben Laden. Pero la pobreza no es la fuerza motriz detrás de un asesinato en esta escala apocalíptica.

Los mismos atacantes del Centro Mundial del Comercio hacen de este mito una mentira. Ellos no provinieron de los tugurios de Gaza sino del confort de Arabia Saudita y de los Emiratos Arabes Unidos. El cabecilla era hijo de un abogado egipcio.

Igual que los islámicos radicales de Egipto de las décadas de 1970 y 1980, los terroristas provinieron predominantemente de la clase media profesional. En Estados Unidos, vivieron confortablemente, pagaron por un costoso adiestramiento en escuelas de aviación y tuvieron dinero de sobra.

La verdad incómoda es que estos ataques fueron motivados por una sensibilidad religiosa violenta, no por un deseo de ayudar a los pobres del Islam.

El tercer mito es que Estados Unidos ayudó a la creación de ben Laden al haber intervenido en la guerra afganistana. Este mito se ha convertido en un favorito de los comentaristas europeos y del Medio Oriente que procuran justificar su propio
antinorteamericanismo. Arguyen que Estados Unidos no solamente hizo que ben Laden sea una figura formidable entre los islámicos radicales, sino que encendió también la mecha del Islam que ahora nos acosa.

Es verdad que Afganistán ha sido un crisol del extremismo. Pero al achacar esto a Estados Unidos se pasa por alto el hecho de que fue la Unión Soviética la que invadió Afganistán en 1979 y, por intermedio de un régimen títere, brutalizó a su población más allá de todo límite.

Estados Unidos hubiera sido en Afganistán una presencia apenas visible, aún en el punto culminante de la guerra y ben Laden probablemente nunca conoció a un agente norteamericano, y menos aún fue reclutado por la CIA. Estados Unidos y los muyajedín tuvieron importantes objetivos comunes en Afganistán. Pero lo que provocó la campaña de ben Laden contra Estados Unidos fue descubrir, al regresar de su guerra contra un ejército de infieles, que había otro que «ocupaba» la cuna del Islam con la bendición de sus guardianes sauditas.

Puede ser que estos mitos hagan que algunos se sientan mejor en cuanto a su equivocación moral en vista del sufrimiento en Nueva York. De ser así, a la larga demostrarán ser políticamente debilitantes. Pero al hacer que los que creen en ellos nieguen la amenaza innegable que representa ben Laden, estos mitos socavan ahora mismo la capacidad de defender nuestras sociedades de un ataque devastador.

Los redactores son, respectivamente, director adjunto del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos y principal investigador residente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales
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