Opinión Internacional

Los reformistas iraníes tratan de dar jaque a los radicales

El próximo día 18 los iraníes se verán inmersos en una trascendental batalla electoral. El país, dividido en dos bandos, acudirá a las urnas para renovar el Majlis, el Parlamento de la República Islámica, pero, más que unas elecciones legislativas, esta jornada se convertirá en un plebiscito de apoyo o rechazo a la apertura política del presidente Mohamad Jatamí.

Dos son las fuerzas en liza. Por una parte se encuentra el búnker, los sectores inmovilistas del régimen, liderados por la conservadora Asociación del Sacerdocio Combatiente y agrupados en torno a las candidaturas de la Línea del imam Jomeini. Por otro lado, los reformistas, organizados en el Frente 2 de Jordad (Mayo), en recuerdo de la aplastante victoria electoral que en 1997 llevó a Jatamí al Gobierno.

Tras alcanzar la Presidencia con el respaldo de 20 millones de votos y copar los ayuntamientos en los comicios municipales del pasado mes de marzo, los partidarios de Jatamí se lanzan ahora al asalto del Parlamento, principal institución controlada por el búnker y en el que se estrellan, una y otra vez, todas las medidas liberalizadoras del Gobierno.

Aunque, como se prevé, los reformistas también consigan ahora una holgada victoria, esto no quiere decir que la Línea del imam desaparezca de escena.

En sus manos quedarán importantes resortes de poder, como las Fuerzas Armadas, la Justicia y todas aquellas instituciones, dependientes del guía de la Revolución, que colocan al poder religioso por encima del político.

Precisamente, la gran diferencia entre los dos contendientes reside en el valor que dan a este determinante factor del régimen instaurado por Jomeini en 1979. Para la mayor parte de las 18 organizaciones que integran el Frente 2 de Jordad, el sistema político iraní debe homologarse a un Estado de Derecho, en el que no existan poderes excepcionales, como el Consejo de Vigilancia, la Asamblea de Expertos o la propia figura del guía de la Revolución, que invalidan los órganos emanados de la representación popular.

Frente reformista

La principal novedad de estas elecciones legislativas, las sextas desde la creación de la República Islámica, está en la propia formación del frente reformista. En un hecho sin precedentes, los principales partidos, sindicatos, organizaciones universitarias y asociaciones cívicas partidarias de un sistema democrático y pluralista se han unido para derrotar electoralmente a quienes se resisten al cambio. Se trata de un auténtico jaque al integrismo radical. Los dos bandos llevan meses acumulando fuerzas y tomando posiciones.

El búnker, utilizando la capacidad de veto del Consejo de Vigilancia, ha apeado de las listas electorales a 760 candidatos -entre ellos a nueve diputados en ejercicio-, generalmente vinculados a la tendencia reformista o a los partidos de oposición tolerada. En total se han presentado 6.191 candidatos, que han tenido que pasar tres filtros: el del Comité Ejecutivo del Ministerio del Interior, el del Comité de Supervisión y el del Consejo de Vigilancia. Sin poder presentarse claramente como opciones políticas alternativas, tienen apenas una semana para difundir sus programas en una campaña llena de restricciones.

En una arriesgada jugada judicial, gracias al control de los tribunales, también han logrado deshacerse de la figura más popular entre los reformistas, la del ex ministro Abdulá Nuri, condenado a prisión en un reciente juicio por un delito de «propaganda antiislámica». La ausencia de Nuri puede restar votos al Frente 2 de Jordad pero, generalmente, se confía en una amplia victoria reformista y en que el nuevo Parlamento dé un fuerte impulso a las relaciones con el exterior y a los cambios económicos, culturales y políticos que ya se están imponiendo en la vida cotidiana.

Profundizar el foso

Entre tanto, los principales partidos de la oposición clandestina y tolerada han pedido a sus partidarios que utilicen estas elecciones para profundizar el foso entre las dos tendencias enfrentadas del régimen islámico.

El Partido de la Nación Iraní y el Movimiento de la Liberación de Irán han aprovechado el rechazo de sus candidatos para organizar una manifestación en la que, el pasado domingo, participaron cientos de personas. El Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI), con amplio apoyo en las regiones kurdas, incluso ha realizado un llamamiento público para que se vaya a votar y se respalde a los mejores candidatos.

Solamente dos importantes organizaciones opositoras -los monárquicos y los muyahidin- se han pronunciado claramente por el boicoteo y la abstención. Los segundos han sido acusados de colocar las bombas que han estallado últimamente en Teherán junto a las sedes de la Presidencia y del guía de la Revolución, Alí Jamenei.

Otras versiones señalan con el dedo como responsables de esta oleada de atentados terroristas a los Fedayines del Islam Puro, acusados, a su vez, de los asesinatos de intelectuales ocurridos en 1998 y radicalmente opuestos a cualquier apertura política. Según esta interpretación, el clima de inseguridad logrado con la oleada de atentados provocaría entre los electores el temor a los cambios propuestos por el Frente 2 de Jordad.

Tomado de (%=Link(«http://www.el-mundo.es/»,»El Mundo»)%) de España del 10 de febrero de 2000

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