Opinión Internacional

Lula es el jefe de una facción

Aunque es uno de los máximos referentes de la política brasileña, en los últimos tres meses de campaña el ex presidente Fernando Henrique Cardoso estuvo casi ausente del ruedo electoral. Sin embargo, ahora que el opositor José Serra, candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, en el que también milita Cardoso), pasó a la segunda vuelta, está dispuesto a hacer lo que le pidan para vencer a la oficialista Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT).

Y en sus esfuerzos por apuntalar a su abanderado no duda en criticar con dureza la activa y por momentos agresiva participación que tuvo en la campaña el padrino político de Rousseff, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

«Lula dejó de ser jefe de una nación para ser jefe de una facción», afirmó Cardoso a LA NACION, durante una entrevista conjunta que concedió a este diario y a El País, de Madrid, en las oficinas del instituto que lleva su nombre, en el corazón de la metrópolis paulista.

«Su participación fue más que excesiva; fue algo que nunca antes se había visto. Ha sido una presión directa. Pero Lula es así, no es algo novedoso. Nunca se destacó por limitarse en sus posiciones, ni en sus dichos ni acciones. Es más, ni siquiera respetó la ley; fue multado varias veces por hacer campaña anticipada», recordó el ex mandatario.

Con la tranquilidad que le dan sus 79 años y su vasta experiencia política al servicio público -fue senador, canciller, ministro de Economía y presidente del país durante dos períodos, desde 1995 hasta 2003-, Cardoso hizo un minucioso análisis del significado que tienen para Brasil estas elecciones, que se dan en momentos en que atraviesa la mayor bonanza jamás vivida y con el presidente más popular de su historia.

«Creo que ya el hecho de que Serra haya llegado a la segunda vuelta es una cosa muy significativa. Es importante para la democracia, porque pone freno a la idea de que Lula tiene una mayoría aplastante y quien tiene la mayoría puede hacer todo. Poner un contrapeso a esa idea es saludable para la democracia», destacó con el tono académico de sus años de profesor de Sociología y Ciencia Política.

Y no dudó en resaltar que, frente al 47% de los votos que logró Rousseff, la oposición sumó la mayoría del electorado: Serra, ex gobernador del estado de San Pablo, obtuvo 33%, y la candidata del Partido Verde (PV), Marina Silva, un sorprendente 20%. Con ese nuevo escenario, bastante distinto del que pronosticaron las encuestas antes del domingo, Cardoso sostiene hoy que Serra todavía tiene posibilidades de ser consagrado presidente.

«Hubo un impacto en la opinión pública y ahora dependerá de la ola que se genere. Más allá de que las encuestas se equivocaron, hubo un cambio de opinión en la gente. No sé si ese cambio va a permanecer, pero el hecho de que se haga una pausa para tomar aire es importante. Claro que no soy ingenuo y sé que no es algo fácil, pero creo que aún podemos ganar», afirmó.

Ayer, los diarios brasileños indicaron que el PSDB había elegido a Cardoso para tender puentes de acercamiento con Marina Silva, pedirle una declaración de apoyo y ganar terreno dentro de ese jugoso electorado que será clave para una victoria en el ballottage.

Silva era la senadora más joven del país cuando Cardoso estaba en el Palacio del Planalto y desde entonces tejieron una muy buena relación; se respetan y admiran mutuamente. Sin embargo, el ex presidente afirma que su mediación es pura especulación. Al menos, por ahora.

-Si Serra le pidiera que interceda con Silva, ¿usted lo haría?

-Seguramente. Todo lo que Serra me pide yo trato de ayudarlo. Pero hay que ver qué es lo más apropiado. Los votantes de Marina son un grupo muy diversificado; hay ecologistas, gente que la apoya por una cuestión confesional, y hay jóvenes a los que les gustó el modo en que ella se comportó durante la campaña. Ella ahora es todo un símbolo, pero yo creo que lo fundamental es ganar los electores de Marina. Claro que si ella dijera unas palabras de apoyo sería muy lindo, pero tan importante como eso es atraer a sus electores. Y eso depende mucho más de la credibilidad con la que los candidatos hablen sobre los temas. Marina es un símbolo de un momento, que ha galvanizado una parte de la opinión, pero no tiene una estructura grande que la apoye. Por tal razón, mucho más que una negociación con el partido será importante tener un mensaje que sea coincidente con el estado de ánimo de los que votaron por ella. Creo que hay que ser convincente en el mensaje.

-¿Y usted cree que Serra tiene la habilidad para seducir a ese electorado tan heterogéneo e independiente?

-Serra tiene una ventaja comparativa, porque en la cuestión confesional él siempre ha sido percibido como una persona católica y ha tenido posiciones en línea con esa fe. Y en cuestiones de medio ambiente, nadie hizo más que Serra aquí en San Pablo; muchos colaboradores que tiene ahora Marina han trabajado con Serra. Y la visión que tiene Dilma del desarrollo, como Lula en general, se acerca mucho a la que tenía el general Ernesto Geisel; son desarrollistas en el sentido de que lo que vale es la producción, hacer crecer el producto bruto. Para ellos los temas ambientales son un obstáculo para la consecución de sus metas.

El teléfono privado de Cardoso suena repetidas veces. Lo llaman políticos del PSDB, algunos senadores y gobernadores elegidos el domingo último y otros que no tuvieron la misma suerte. A todos los exhortó a aglutinar sus fuerzas en torno a Serra. «Vamos a continuar luchando», les dijo, para contagiarles el entusiasmo.

Al preguntársele por los motivos por los cuales no estuvo muy activo en la campaña hasta ahora, Cardoso aclaró que, por un lado, había decidido no involucrarse tanto en cuestiones electorales. Pero además fue una decisión táctica de Serra, que sospechaba que Lula y su candidata intentarían comparar todo el tiempo el Brasil de hoy, potencia económica emergente, con la administración de Cardoso, que tuvo grandes dificultades para estabilizar la economía y combatir la inflación, lo que finalmente se logró con el Plan Real.

«Lula tiene gran dificultad en reconocer que está avanzando en un camino que yo le abrí; no entiendo por qué. Es una mezquindad de Lula, porque eso no resta nada a lo que él ha hecho. Pero él siempre está diciendo que él hizo cosas y yo no hice nada. Y Serra no quiso caer en la trampa de ese tipo de comparación, porque el gobierno de Lula tiene la ventaja de que vino después. Siguiendo su lógica, yo me tendría que comparar con el gobierno que me precedió», indicó Cardoso, quien aseguró que no alberga ningún resentimiento con respecto a Serra, con quien tiene una relación fraternal desde hace 45 años.

-¿Lo decepcionó el resultado que obtuvo Serra, mucho más bajo que el previsto?

-No fue más bajo de lo que se preveía al final de la campaña, pero sí mucho más que cuando se inició. A lo mejor hubo un error de cálculo sobre la estrategia de la campaña misma. Yo pensaba que había que consolidarnos en el Sudeste, y la campaña se abrió a todo el país. Yo me hubiera concentrado en San Pablo, Minas Gerais y Rio Grande do Sul. Luego, creo que también hubo demasiada concentración en la persona de Serra y no se resaltaron el equipo, el partido y las alianzas. No sé si eso explica todo lo que sucedió. Marina capturó el voto de los que quieren un aire nuevo en la vida pública. Quizás el PSDB se presentó como demasiado tradicional; el PT tampoco ofreció una novedad y Marina entró por ahí. Ahora el desafío es convocar a esa gente que quiere algo distinto en términos éticos, en la discusión de temas nuevos, de la juventud.

-¿Cree que Dilma puede ser una caja de Pandora?

-Sí, creo que sí. Pero el país tiene pesos y contrapesos. Por eso fue importante esta elección. Ya nadie hace aquí lo que le da la gana, ni Lula.

FERNANDO H. CARDOSO

Ex presidente de Brasil

    * Edad: 79 años

    * Carrera política: fue senador, canciller, ministro de Economía y presidente (de 1995 a 2003)

DIXIT

» Lula tiene gran dificultad en reconocer que está avanzando en un camino que yo le abrí; no entiendo por qué. Es una mezquindad de Lula, porque eso no resta nada a lo que él ha hecho»

» Marina es un símbolo de un momento, que ha galvanizado una parte de la opinión, pero no tiene una estructura grande que la apoye»

«A lo mejor hubo un error de cálculo sobre la estrategia de la campaña misma. Creo que también hubo demasiada concentración en la persona de Serra y no se resaltó el equipo, el partido»

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