Opinión Internacional

Luz, cámara, acción

Con un gran despliegue de fuerzas policiales y de bomberos se llevó a cabo
el allanamiento de la casa del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, para
buscar documentación comprometedora que aporte al esclarecimiento del caso
por el cual está siendo juzgado en Bolivia.

Durante la actual gestión presidencial, tal como en otras circunstancias que
son parte de la política boliviana, hemos visto escenarios de guerra,
también acciones detectivescas policiales, e incluso reiteradas acciones en
las que el pueblo es empujado al pánico y el terror.

En el operativo que se llevó a cabo, fue visible la participación del
aspirante al cargo de Fiscal General de la República quien dirigió la
operación, planteando que debe esclarecer el caso de octubre de 2003.

No se puede discutir que las muertes deben ser esclarecidas, tal como las
que han ocurrido en la presente gestión gubernativa, pero nos asombra
encontrarnos con la misma carga de hipocresía que pretende ver en las
acciones del pasado los males y los horrores que se tratan de evadir en los
hechos actuales, pese a que se están dando similitudes en las cuales sólo se
han invertido los roles con los mismos protagonistas. En octubre de 2003 las
fuerzas armadas provocaron una matanza en respuesta a una ola de protestas
alentada, entre otros opositores, por el propio Morales. Ahora el presidente
Morales ha sacado las tropas en varias oportunidades para enfrentar a
quienes considera sus opositores o a quienes le plantean tumultos o
exigencias a su gobierno. Entonces ¿donde está la diferencia?,¿qué ha
cambiado?, ¿acaso el cambio o la inversión de roles hace buenas las cosas
que antes fueron malas?
El allanamiento que se protagonizo a la residencia de Sánchez de Lozada, no
parece tener como única misión el tratar de encontrar papeles o firmas de
alianzas comprometedoras, tiene también el cometido de mandar un mensaje
cifrado a los políticos que ahora son oposición, ante los cuales el actual
gobierno quiere cumplir un papel de Robin Hood o de Chucho el Roto,
planteando que tomarán en sus manos la ley, dejando por sentado que todo lo
que venga de ellos tiene que ser interpretado por bueno y santo, mientras
que lo que venga del lado de la oposición es delito y debe ser punido.

El fiscal Mendoza, dijo que está dispuesto a buscar el documento emitido por
un organismo militar en octubre de 2003 titulado »Lealtad con Bolivia»,
que en su criterio sería un pacto de impunidad en el seno de ese gobierno.

La verdad es que estamos ante los enconos, odios y pugnas de poder de
siempre, en las que el ahora Presidente de Bolivia, antes diputado, jefe de
sindicatos cocaleros, ha participado y sabe muy bien como moverse en el
ambiente político, pues ha estado enfrentando al poder, primero con el
trapo rojo, luego con las espadas y quiere terminar por clavarle el puñal.

En realidad, queremos decir que ésta pretende ser la estocada final a la
clase política, que para el actual grupo oficialista es parte de la política
tradicional, aunque en las mentes de los pobres mortales que somos los
ciudadanos de a pie, crece una tremenda confusión entre lo
oficial-tradicional-opositor, en la circularidad laberíntica e infalible en
la que se cifra la lógica política.

En la operación que se hizo para buscar el «pacto de lealtad», un equipo de
bomberos subió por sus escaleras y por las paredes hasta ingresar en la
casa, mientras otros policías rompieron candados y cerraduras. «Luz, cámara,
acción», se ha filmado un nuevo episodio de la vida política del país.

Valga la aclaración. En la casa que fue «allanada», no vivió el ex
presidente Sánchez de Lozada, que utilizó como vivienda la residencia
presidencial de San Jorge, que ahora ocupa el presidente Evo Morales.

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