Opinión Internacional

Malos aires en Buenos Aires

Los venezolanos podríamos caer en una torpe tentación si asimilamos lo que hoy está sucediendo en Buenos Aires con nuestra experiencia de 1975: la nacionalización de la industria petrolera. Y digo torpe porque, a veces asimilamos algunos datos destacados de un fenómeno, con algunos que observamos en otras sociedades, obviando peligrosamente lo que losdistinguiría.

Para nosotros, donde todo lo que tenga que ver con el petróleo -y sobre todo con el delicado asunto de quién es, en definitiva, el dueño de tan preciado bien- trae una carga de politización extrema, hay que esforzarse en distinguir nuestro singular caso de lo que en este momento sucede en Argentina.

Para nosotros estaba claro que nuestro petróleo, desde que apareció era un bien público que tocaba al Estado manejar en nombre de todos los venezolanos. Y lo hicimos creando la figura de la concesión. Tan claros estábamos que no teníamos ni el cuantioso capital para distraerlo en su prospección, extracción y comercialización, ni mucho menos el suficiente know how de unos masivos recursos humanos para llevar a cabo esa explotación, que se la concedimos a empresas multinacionales.

Y así fue desde el comienzo. El escaso y debilucho Estado que teníamos no podía indigestarse con algo tan abrumador como el petróleo. Ese no fue el caso de Argentina, que se encuentra a medio camino entre la mexicana Pemex y nosotros.

Cuando ya el Estado venezolano, para los años 70 del pasado siglo, se sintió fuerte, con un inmenso capital y vastos recursos humanos, decidió «nacionalizar» la industria petrolera, luego de un amplio período de consultas para lograr el consenso abrumador de la nación y la aceptación de las concesionarias. En ese sentido, la nacionalización venezolana ha sido un modelo, que no tiene nada que ver con el alboroto bonaerense y tampoco con la brusca nacionalización que, en 1938, emprendió el presidente Lázaro Cárdenas en México.

No, el alboroto bonaerense tiene más parecido, aunque no totalmente, con el caso de la Cantv. En efecto, los fulanos Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) tenían más parecido con la Cantv estatal que con lo que era nuestra industria petrolera.

YPF padecía una desastrosa gestión del Estado argentino; por eso Menem, aprovechando la oleada privatizadora que recorrió al continente, decide venderla. Según el periodista argentino Caparrós, con la colaboración de Néstor Kirchner, quien tanto supo aprovechar la ocasión que de allí emana su fortuna.

YPF, por lo tanto, no ha sido «liberada». No, retorna a la mazmorra de la gestión estatal, que ahora llevan adelante Cristina y su pandilla; y lo hace con un trance que caro le va a costar al petróleo argentino. Viéndola -esa es la maravilla de los medios contemporáneos- uno no deja de asombrarse. ¿Es un acuerdo o es un mitin de barrio?, ¿qué es esto?

Ustedes me dirán, ¿qué buen augurio puede tener una industria «que retorna al seno de la nación» en un parto traumático y con fórceps? ¿Cuál es su futuro cuando nace en medio de tal huracán y con enemigos a montón? Argentina no nada en petróleo como Venezuela y Libia, y por eso depende de susexportaciones en otros rubros que tan competidos están por el mundo. ¿Se da cuenta esta señora de cuánto las arriesga?

Argentina ya vivió el trauma de un «corralito» como para alegremente acercarse a otro. Y para ello, ¿con qué y con quienes cuenta? ¿Tiene abundante capital y la última tecnología, tiene mercados seguros y fieles? Lo que sí parece que no tiene es gente competente. ¿Es que no se contempla en el espejo chavista, o es que no lo conoce?

Con niños malcriados como el viceministro de Finanzas, o con veteranos expoliadores como el señor Devido, el colapso de la «reconquistada» YPF es seguro. Pero el mayor peligro que acecha al país es el que asoma desde las otras empresas extranjeras que hacen vida en la Argentina. Su perplejidad podría provocar una catastrófica «estampida» cuyas consecuencias no parecen entrever.

Según la prensa hay otro peligro quizás mayor: el entourage de la señora Kirchner, ante cuyo canto de sirenas da signos de haber sucumbido ya. Conocida como «La Cámpora» -una temible combinación de La Piedrita con el Frente Miranda- es lo más amenazante para ese país en estas circunstancias.

Nada, que en el momento en que los venezolanos nos acercamos al fin de la pesadilla, los argentinos parece que avanzan hacia ella bajo la mirada protectora de la imagen de Eva Perón. ¿Una extraña iconografía de tiempos idos? Quizá.

 

 

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