Opinión Internacional

Más gobierno = menos libertad

(AIPE)- Mi colega Tony Snow de Fox News mantiene que “cuando los políticos corren a arreglar algo es señal que el paciente o se murió o ya se curó”. ¡Cuán cierto! Miren la manera cómo el gobierno de Estados Unidos ha convertido a los viajes por avión en una extraordinariamente desagradable experiencia.

El ataque terrorista contra las Torres Gemelas fue espantoso. Pero preocupa que el gobierno ahora insista que para mayor seguridad tenemos que sacrificar nuestra libertad. ¿No estamos así concediéndoles otra victoria a esos asesinos abominables?

Casi la totalidad de los terroristas del 11 de septiembre ingresaron legalmente a Estados Unidos, con visas estampadas en sus pasaportes por funcionarios consulares del Departamento de Estado. Sin embargo, el gobierno se ha lanzado en una campaña de militarización de la frontera con México, como si el peligro para la seguridad nacional fuera el campesino “espalda mojada” que busca un mejor futuro para sí y para su familia en este país.

Y la arremetida no es sólo contra los indocumentados. Se está construyendo una inmensa y costosísima infraestructura para inspeccionar la identificación y el equipaje de los viajeros. Además, en las oficinas públicas, tribunales y escuelas proliferan las revisiones, donde todas las personas son tratadas como delincuentes potenciales. La propaganda oficial ha sido tan efectiva que casi todo el mundo lo toma como un mal necesario, una incomodidad a cambio de mayor seguridad para todos.

Yo lo veo más bien como una trágica intervención gubernamental en la vida cotidiana de la ciudadanía, cuya inmensa mayoría es respetuosa de los derechos, la propiedad y el bienestar de los demás. Multiplicar el número de inspectores en los aeropuertos y crear para ellos cargos federales fue algo muy atractivo para políticos, ganándose así el apoyo de los sindicatos a los que pertenecen todos esos nuevos funcionarios. Lo que será extraordinariamente difícil será salir de ellos, una vez normalizada la situación.

Gran parte del problema ha sido el inmenso crecimiento del estado. La caída del Muro de Berlín, lejos de vacunarnos contra el Gran Hermano, parece haber difundido la infección. Si nuestro banco o el supermercado se vuelven insoportables, quitándonos los zapatos o palpando nuestros bolsillos para ver si les robamos algo, fácilmente podemos cambiar de banco y de suplidor. Pero el gobierno convierte todo en lo que se mete en un monopolio, eliminando toda alternativa.

Cuando desde Washington anuncian una “guerra” contra algo nos debemos asustar. La “guerra” contra la pobreza de Lyndon Johnson creó más de una generación de desempleados dependientes de la beneficencia estatal y disparó el nacimiento de niños fuera del matrimonio porque así era más fácil conseguir ayuda oficial, siendo la minoría negra la más afectada por las buenas intenciones de políticos empeñados en hacer caridad con dinero ajeno. La “guerra” contra las drogas convirtió al narcotráfico en el negocio más rentable de la historia y hoy es prácticamente imposible que un adolescente compre cigarrillos, pero la cocaína está al alcance de los niños en las escuelas, a pesar del inmenso poder concedido a zares de la droga y los miles de millones de dólares mal gastados en esa fracasada guerra.

Ojalá que no, pero está por verse si la “guerra” contra el terrorismo de alguna forma promueve más bien el desarrollo y la consolidación de los enemigos de la civilización occidental. Y es preocupante el doble discurso que se escucha en Washington. Los monopolios son vistos como enemigos del bienestar general, pero un cartel como la OPEP, bajo el control de indeseables, como la familia real de Arabia Saudita –una de las peores y más corruptas tiranías del mundo actual-, de Hugo Chávez, Gadafy, Hussein y los mandatarios de Irán y Nigeria resulta incomprensiblemente aceptable para Washington.

En América Latina crece una nueva ola antiamericana. En la Argentina el resentimiento hacia Estados Unidos alcanza niveles franceses, pero Washington continúa ignorando al hemisferio occidental y nada hace por difundir los ideales de la libertad individual, el respeto a la propiedad privada y el imperio de la ley como requisitos fundamentales para la prosperidad y el desarrollo económico. ¿Quién en Washington recuerda estas palabras de Thomas Jefferson?: “La experiencia nos ha enseñado que aun bajo las mejores formas de gobierno, aquellos encargados del poder -con el tiempo y poco a poco-, lo han pervertido en una tiranía”.

* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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