Opinión Internacional

Mediadores regionales?

Las crisis políticas que ocurren hoy en la región han estimulado a algunos para ofrecerse como «mediadores” para solucionarlas . Es el caso del Secretario General de la OEA y del presidente brasileño quienes ofrecen gestiones “mediadoras” para solucionar la crisis política interna en Honduras y las tensiones entre Colombia y Venezuela. El chileno Insulza tiene un mandato que se deriva de sus funciones como Secretario General de la OEA. Lula, por su parte, funda su capacidad en la necesidad de que, ante la ausencia de la Administración de Estados Unidos y de Obama, que según él, han abandonado la región, surja un nuevo gendarme regional. Una justificación sin fundamento que se contradice con el papel mediador ejercido por Washington en la crisis hondureña.

Una precisión previa del término resulta necesaria para concluir que ni Inzulza ni Lula tienen autoridad para ejercer una mediación en las dos crisis regionales. La Mediación es un “mecanismo o procedimiento de solución pacífica de controversias previsto en el artículo 33 de la Carta de la ONU, que supone la participación de un tercero independiente, Estado o persona individual, en las negociaciones entre dos o más sujetos de Derecho Internacional involucrados en una controversia…(…)… Las recomendaciones del Mediador no tienen, en principio y por lo general, un carácter vinculante. Se trata de simples recomendaciones que las partes en la controversia pueden o no aceptar.” (Terminolgٳa de Derecho Internacional. Rodríguez Cedeño, Betancourt Catalá y Torres Cazorla, Caracas, en edicion).

Las iniciativas mediadoras del Insulza y de Lula podrían ubicarse en este mecanismo, pero su falta de imparcialidad y objetividad les descarta. En el caso de Honduras, Insulza y sus represenatntes actúan como parte interesada en la crisis, al representar expresamente la postura de Zelaya. Sus declaraciones y las de los enviados a Tegucigalpa por la OEA, un tal Rico, entre otros, traducidas en presiones indebidas, son descaradamente favorables a las propuestas del depuesto Zelaya, desconociendo el papel de las instituciones y el deseo del pueblo hondureño. Si Insulza no tiene capacidad para mediar, tampoco la tiene Lula que ha pasado de un protagonismo muy cuestionable, a un bajo perfil poco decisivo. La sorprendente iniciativa de Lula de “regresar” a Zelaya e introducirlo en la Embajada brasileña, alterando las normas internas y las mas elementales de derecho internacional y de las relaciones inetrnacionales, es igualmente comprometedora y favorable a una de las partes. Insulza y Lula terminaron jugando un papel secundario en el proceso. Más grave aún, lejos de contribuir con la solucion de las crisis, sus posturas torpes han afectado muy negativamente las negociaciones.

En el caso de las tensiones entre Venezuela y Colombia, la situación se plantea en términos similares. Lula no tiene ninguna capacidad para ejercer la mediación, como tampoco lo tendría el gobierno español, igualmente identificado con las políticas y acciones de Caracas. El presidente brasileño declara expresamente que “sentará a los dos Presidentes en al reunión de Manaos” a celebrarse a finales de este mes, mostrando el complejo neoimperial y los objetivos a mediano y largo plazo de Brasil.

Lula no está calificado para ejercer ninguna gestión mediadora entre Uribe y Chavez, simplemente, porque siempre ha tomado partido en la controversia, al coincidir con Chavez, directa e indirectamente, en sus ataques a Colombia, bien en sus peligrosas relaciones con el terrorismo de las FARC o en relación con la instalación de las bases militares de Estados Unidos, en territorio colombiano.

Las diferencias entre Uribe y Chávez son insuperables y eso lo sabe Lula. El apoyo de Chávez a las FARC, al ELN y al EBL, a la izquierda alborotada de Colombia es aboslutamente inaceptable por Uribe. Bogotá no acepta ni aceptará, con toda razón, injerencia alguna que busque desestabilizar al país y facilitar el expansionismo bolivariano.

Si Lula pretende sentar a los dos Presidentes en una mesa debe llevar propuestas e iniciativas imparciales y serias. Sus planteamientos difícilmente convencerán a Uribe, por lo que la solución de la crisis no está en sus manos, tampoco en las de los Isulzas, menos en las de los Moratinos.

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