Opinión Internacional

mercosur ¿Un nuevo estilo de integración?

Ahora resulta que MERCOSUR, según los teóricos de la revolución bolivariana, está imponiendo “un nuevo estilo de integración”.

Los conocedores de la materia saben de sobra cuál es el particular tipo de integración que se acomoda a los designios de los bolivarianos: la ideológica y militar.

Pero ¿Cual es el discurso demagógico con que se edulcora el “nuevo estilo de integración”?

Según sus defensores, los planes de este “nuevo” estilo implicarían: la “ampliación y diversificación de los canales de participación social en el diseño y ejecución de los programas integracionistas y, resultado de ello, una democratización de la distribución de beneficios derivados de los mismos”; un “Plan Estratégico de Acción Social para el incremento del Empleo y hacia la Integración Productiva, con especial énfasis en las pequeñas y medianas industrias”, y el “Gran Gasoducto del Sur en el marco de la iniciativa venezolana sobre PETROSUR”; todo lo cual revalorizará “el papel de los Estados y reconoce a la cooperación como la expresión máxima de la integración”.

Así, para los que ponderan este “nuevo” estilo, “Nuevamente pareciera recuperar su lugar en la agenda regional la conformación de la Unión de Naciones de América del Sur, UNASUR”, “criticada integración política que viene proponiendo el Gobierno venezolano desde 1999, lamentablemente incomprendida.” (“La nueva agenda del MERCOSUR: hacia un nuevo estilo de integración”, Juan Francisco Rojas Penso, Venezuela Analítica, agosto 2006)

Este enfoque que viene a concretarse, según F. Rojas Penso, en la última reunión de Córdoba, nos luce más bien declarativo y hecho para complacer y compensar al recién estrenado miembro de MERCOSUR por su amplia generosidad y lo que él significa en términos geopolíticos. En el fondo no es más que aquella idea absurda de pretender comenzar la construcción de una casa por el techo; o sea, en lugar de crear riqueza para después distribuirla, se reparte antes sin haberla producido.

Porque si bien toda acción política debería apuntar a la solución de los problemas sociales, es menester, primero, establecer las bases económicas que permitan alcanzar tal fin, y esta tarea principalmente de carácter nacional, como cualquier especialista lo sabe, se hace aún más difícil enfrentarla en el ámbito internacional mediante la cooperación o la integración, independientemente de que éstas sean herramientas que coadyuvan a las políticas internas de los países.

A aquella inversión de los factores se le quiere dar una significación seudo-social, cuando realmente es una retórica caza-bobos que esconde intereses, exigencias y propósitos político-ideológicos. Así, el “nuevo estilo de integración” revolucionario, bien escudriñado, se revela como parapeto que disimula un plan de poder autoritario, colectivista y demencial para el sub-continente. Tal y como lo ha señalado el neocomunista Heinz Dieterich, lo importante es la creación de un bloque de poder regional que enfrente, primero, a EEUU, para luego construir el socialismo marxista.

Me cuesta creer que los otros gobernantes de MERCOSUR hayan adherido a tal equivocada visión asumiéndola como suya; sin embargo, ya sabemos que el papel aguanta eso y más.

Pero para el militante revolucionario, las opiniones y deseos del Führer bananero son ley sacrosanta. Así, la integración en la CAN y MERCOSUR es puro neoliberalismo salvaje y comercialista, y lo importante es la constitución de una fuerza militar para la “integración de los pueblos” que deben enfrentar al imperialismo. La ideología y la paranoia por encima de todo. Sin las kalashnikovs, no hay integración.

Finalmente, debemos decir que en Venezuela hemos tenido la oportunidad, desgraciada, de experimentar en qué consiste ese “nuevo estilo de Acción Social” que ahora se proyectará en MERCOSUR: más pobreza, más inseguridad pública, más ciudadanos sin vivienda, más corrupción, más deterioro de los servicios públicos, más carreteras y calles rotas, más hospitales deteriorados, más parques abandonados, más violaciones a los derechos humanos, más irrespeto a ley, más incompetencia gubernamental, en fin, más autoritarismo y desorden social.

¿Así van a construir los revolucionarios esa otra entelequia llamada UNASUR?

¡Qué desfachatez¡

EMILIO NOUEL V.

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