Opinión Internacional

Modelando a Thomas Hobbes: Analizando la campaña desde el autor del Leviatán

Considérese a Thomas Hobbes (1603-1679) leyendo los diarios en Colombia un domingo de febrero de 2006. Repasando también algunas páginas del Leviatán. Su obra, considerada como máxima arquitectura teórica de la filosofía política moderna. Pensemos que condensa sus observaciones sobre las condiciones dominantes durante esta campaña electoral, ofreciendo una versión modelada de la emergencia de los nuevos actores políticos. Hobbes observando la dinámica del poder político y la fragmentación de intereses entre el partido de la “U”, “Cambio Radical”, el presidente Uribe, Carlos Moreno de Caro, Luis Alberto Gil y Emilce López, “la Gata”. El modelo que nos expondría Thomas Hobbes, quedaría bosquejado más o menos como sigue:

(a) i pagó tributo a j (servilidad).

(b) i recibió tributo de j (protección).

(c) i peleó en el mismo bando de j (amistad)

Con la proximidad de las elecciones, los compromisos entre amigos fueron disminuyendo de modo que:

(d) i peleó y se trasladó al bando opuesto a j (hostilidad)

De modo que no estamos lejos de nuestro Leviatán (1648). La motivación que orienta la campaña al congreso y la presidencia es la misma: Homus Homine Lupus. Las lealtades son un sofisma, un embuste del poder político. O mejor, cuando un actor paga tributo a otro, también es probable que esté parcialmente bajo su dominación política y compelido por lo tanto a asistirlo la próxima vez. Los efectos de la sumisión en el tiempo resultan pagaderos. Típicamente, un gobernante local se ve comprometido a ayudar a su protector, ya sea por elección o necesidad. Lo primero es obvio en caso de ostentar un mayor poder. Lo segundo, si debe repartir contratos con los recursos destinados a la salud o la educación. Un alcalde que le consulta al comandante paramilitar.

De otro modo, piensa Hobbes. También es un lugar común la protección de políticos que han proporcionado beneficios, como manera de proteger futuras fuentes de ganancia. La siguiente ilustración que proveen los archivos es el caso de políticos que han peleado juntos en el pasado (Rocío Arias, Eleonora Pineda, Luis Alberto Gil, Mario Uribe) han vivido parcialmente comprometidos en el futuro. Los planes trazados incluyeron implícitamente una lealtad recíproca. Hasta que una variable libre quebró el espejismo. El poder en la política no destina condiciones estacionarias. Siendo un poder dinámico, se pasa de amigo a enemigo y viceversa. Y a este panorama el autor del Leviatán le denomina: la política.

Se deriva del modelo hobbesiano que los aumentos y disminuciones del compromiso entre las nuevas fuerzas o partidos serán de un monto constante, es decir, incrementos del 10%. Además el compromiso de un político con otro nunca podrá ser más del 100% ni menos del 0%. Aunque podrán ser menos discretos los aportes a las campañas. Los apostadores de la Costa le entregaron a la campaña de Uribe en el 2002, más o menos 1000 millones, según Petro. Estos compromisos económicos reclaman ahora una simetría. Si ambos sectores hace cuatro años peleaban juntos en contra de un mismo enemigo. Hacían la guerra desde el mismo bando.

El estimativo del modelo de Hobbes, ayuda a comprender que los compromisos y el dinero en la política, superan las lealtades recíprocas. Por lo tanto, cuando un político activo está evaluando la vulnerabilidad de su contendor, puede tomar en cuenta los compromisos y los dineros de todos aquellos que quieran unirse a su campaña. De manera semejante, el enemigo puede determinar el costo que tendría para él la lucha calculando el daño que la alianza atacante podría causar, y la proporción de ese daño que el enemigo sufriría, que puede ser el valor de los aportes consignados en las cuentas de la tesorería con los que contribuye la agencia de protección paramilitar.

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