Opinión Internacional

Natalicio de Eugenio María de Hostos

(%=Image(2814634,»L»)%)El 11 de enero del año que se inició, se recordó en las Antillas y en todo el continente latinoamericano, el 163 aniversario del natalicio de (%=Link(«http://www.preb.com/biog/emhostos.htm»,»Eugenio María de Hostos»)%)
, figura eminente del pensamiento vernacular, quien a lo largo de toda su existencia que concluyó en agosto de 1903, se dedicó a luchar por la independencia de la amada isla borinqueña, sin que haya podido constatar la libertad de la patria terrígena, cuando sobre la base de una ignominiosa transacción, vergonzosa para la historia de la humanidad, el decadente imperio español traspasó en 1898 – como si se tratara de una gran caja con sus habitantes adentro- la Isla de Puerto Rico al imperio emergente para fines del siglo XIX: EE.UU. de Norteamérica

Eugenio María de Hostos ante tal infamia, que dolorosamente experimentó en los postreros años de su existencia, solicitó a sus connacionales, compañeros de lucha en el exilio, que sus restos mortales después de su muerte física, reposaran en la República Dominicana, donde transcurrió buena parte de su ciclo vital. .Hasta el sol de hoy, duerme el sueño eterno en el Panteón Nacional de Santo Domingo, en espera que algún día la libertad plena se cierna sobre Puerto Rico.

En esta oportunidad, quisiéramos aludir a una verdadera proclama que elaboró Hostos en 1869, cuando retorna de España, abatido, por no haber logrado de los líderes, compañeros suyos de ideales, mientras permaneció en el país hispano, quienes mientras luchaban por obtener el poder gubernamental le prometieron, que una vez logrado el mandato favorecerían la situación de la posesión de ultramar puertorriqueña. Lamentablemente, los amigos resultaron unos viles demagogos, entre los que figuran: Emilio Castelar, Salustiano Olózaga; Nicolás Rivero; Práxedes Sagasta y otros, por cuanto cambiaron de posición, manifestando que Puerto Rico y las Antillas consideraban que “no cabían en la Constitución”. Hostos, de inmediato, tomó la decisión de retornar a la lucha en América. Reflexionó, diciendo que: ”Donde no cabe mi patria, yo no quepo”.

Deseamos compartir con ustedes, este mensaje pleno de fuerza y vigor libertarios. Se inicia de la manera siguiente:

“Ha llegado el momento de la verdad, puertorriqueños.

Vengo a someterme a vuestro juicio, y también a ponerme a vuestras órdenes.

Soldado de una idea, ella es árbitro de mi existencia. Cuando queráis triunfar con ella o morir por ella, decidlo. Yo tengo dos palabras que decir: Cuando queráis.

Luego, agrega expresiones de entrega total por la causa que impulsa: “Mucho más crueles que las balas, mucho más que la muerte corporal, son los padecimientos por la justicia, la muerte lenta del alma que he sufrido en España por la patria. A ella, a su dignidad, a su independencia , a su libertad, a la igualdad absoluta de sus hijos blancos, y sus hijos negros o mulatos, he consagrado toda la fuerza de mi alma, los años vigorosos de mi vida, los únicos ensueños de mi corazón ansioso, la mirada fija de mi conciencia vigilante. Si hay sacrificio en el cumplimiento de un deber, todo lo he sacrificado a mi deber: afectos, familia, gloria, posición, carácter, esperanzas, vida”.

Más adelante alude a ciertos individuos, que tanto en su época como en las posteriores se han convertido en seres autoritarios, a quienes caracteriza y cuestiona así:
“Yo no creo en los hombres extraordinarios, ni en los héroes, ni en los genios. Creaciones del despotismo, engendros de la adulación o del fanatismo, son enemigos de la libertad si creen en lo que llaman su misión, son enemigos de la libertad, son verdugos de pueblos y de ideas si cometen el crimen de sustituirse a las ideas. Yo no creo en otros hombres, que en aquellos que aman o no aman, que cumplen o no cumplen con el deber de servir a la libertad y a la justicia. Que he cumplido con el mío, que seguiré cumpliendo con él, eso es lo que vengo a deciros, eso es lo que quiero que juzguéis. Yo he pasado en España los años necesarios para saber que no es posible esperar nada de España”.

Finaliza esta proclama con una visión futurista para su patria aherrojada: ”Una revolución purificadora, un gobierno de ciencia y de conciencia, trabajo para todos, escuela para todos, educación e instrucción universal y estáis salvados, y ofreceréis al mundo el mejor espectáculo que puedan dar los hombres al Progreso y a la Historia; el espectáculo que han dado todas las nacionalidades pequeñas desde Grecia a Suiza, en donde la libertad ha utilizado los elementos propios del país; el espectáculo de la prosperidad producida por la práctica de la justicia, por el ejercicio normal de la libertad,por la vida completa de la Dignidad.

Puertorriqueños, vuestro porvenir está en vuestras manos. Cuando queráis, puertorriqueños”.

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