Opinión Internacional

Neosocialismo, viejo bolero

Santiago de Chile (AIPE)- El socialismo fue la gran estafa del siglo XX. Su proyecto totalitario condujo a la pobreza, a millones de muertos y violaciones de derechos humanos y a una degeneración de la democracia. Bajo el socialismo, las personas libres terminaron avasalladas por el Estado grande, planificador del pensamiento, usurpador de ingresos y de propiedades y de un enorme poder discrecional en favor de los miembros del partido único. Todo con el noble propósito de crecer con igualdad, objetivos que nunca ha logrado.

En Chile, el socialismo liquidó la democracia a comienzos de los años 70, nos dejó en la calle y casi generó una guerra civil que habría costado decenas de miles de muertos. Estos y su anhelada dictadura del proletariado, es decir, de ellos, fueron evitados por los militares, a un costo muy inferior al de la guerra civil. De paso, Pinochet hizo el cambio más revolucionario del siglo XX, convirtiendo a Chile en un líder liberal del desarrollo, después de medio siglo de mediocridad estatista, con subalimentación, alta mortalidad infantil y mala distribución del ingreso.

Nuestros gobiernos concertacionistas ya no expropian, hablan del libre comercio y hasta critican la inflación y el déficit público. Pero suben los impuestos y regulan hasta el gato, lo que comenzó a matar el crecimiento. Tuvimos un quinquenio malo y ahora, con uno de los mejores términos de intercambio en décadas, vamos a crecer al cinco por ciento. No se ve una preocupación por el desarrollo y quieren controlarlo todo porque todavía piensan que el capital, el ahorro y el trabajo son cosa del diablo, y los empresarios, unos explotadores. Piensan que somos tontos, por lo que se nos debe proteger y dirigir; así hacen leyes laborales que nos tienen con un millón de desocupados e inactivos. Esto y las trabas e inspectores antiemprendimiento popular liquidan a los sectores medios y bajos e impiden –junto a la mala educación planificada centralmente– que mejore la distribución del ingreso.

Son un fracaso, pero como son pretenciosos piensan que debemos darles las gracias por haberse mudado a la democracia y el crecimiento, ambos legados posibles por los cambios hechos por los militares y la nueva orientación que dieron al país. Hablan con soltura de la democracia y los derechos humanos, después de denunciarlos en el plano doctrinario y violarlos en su praxis revolucionaria. Ellos debieran ser los primeros procesados en estas materias.
¿Qué ofrecen ahora?

• Democracia y derechos humanos. Cuéntate una nueva.
• Desarrollo. ¿Con más Estado, impuestos y controles?
• Igualdad. Cero, porque su Estado benefactor es ineficaz y la plata se va en malversación, burocracia y cuentos como los vistos desde 1990 en la educación y la salud.

Al final son un puro grupo de poder. Todo vale con tal de ganar las elecciones. ¿Y cómo? Hablando de la dictadura, los militares y la derecha. Son tres palabras, como en el bolero, que se deben repetir, junto con la demagogia de siempre: de trabajar poquito, salario mínimo y plata para el fútbol, para los indígenas, para lo que llaman cultura, educación, salud, medio ambiente, mujeres, viejos y premios para todos (los amigos, se entiende). Y la musiquilla de la derecha, la dictadura y los militares, junto a una activación de los gastos reservados y las ONG, para ayudarse un poquito.

Así entienden la democracia los socialistas. Bueno, son nuevos en el negocio.

(*): Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de

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