Opinión Internacional

“No me eligieron para restaurar el capitalismo”[1] (Raúl Castro Ruz)

La reafirmación política del Presidente del Consejo de Estado no puede esgrimirse en nombre del socialismo monopolista de estado en el que ha anclado el proceso social de la Revolución. La paradoja política es que el Estado cubano actual allana el camino más corto hacia la restauración capitalista. Esa es la disyuntiva que plantea hoy el cambio generacional en la conducción del destino de la nación cubana.

                                                                             I

No estamos en Cuba en presencia de algún capitalismo de estado. Y no es posible fundamentar lo contrario desde el análisis de las relaciones de propiedad y acumulación. Por cuanto estaríamos desviando la atención del problema fundamental de la transformación socialista, ante la que sigue estando el proceso sociopolítico cubano.

Cuba, cual excepción política sui generis en el mundo contemporáneo, se mueve en un proceso de franca transición pos-capitalista. Es un proceso sociopolítico complejo que, a la altura de sus 50 años, agota la maduración de un claro ciclo de contradicciones internas irresueltas. El cambio cualitativo que a partir de 1959 sienta el carácter de la transición pos-capitalista ha sido y es la transformación de las relaciones de propiedad en las que se soportaba el modo de producción capitalista. El régimen de propiedad sobre los medios fundamentales de producción y sobre el capital dejó de ser privado.

El cambio ha sido de naturaleza estructural. Y es preciso reconocer sin ambigüedad esa nueva cualidad, por cuanto establece dos pautas de trascendencia determinante:

1) La acumulación de capital ha perdido la lógica de reproducción capitalista.

2) El régimen de propiedad estatal en que se concentran los medios de producción agota su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas de la nación. Ello propicia el tránsito o hacia la socialización de dichos medios y, por ende, a la plena democratización del capital o, en su defecto, hacia la reprivatización en las relaciones de propiedad.

Lo primero determina que el lucro haya dejado de ser el leitmotiv del modo de producción. La socialización, en cambio, daría paso a la eliminación del trabajo asalariado en el que se soporta la lógica de reproducción del estado monopolista actual. En cuyo caso estaríamos en presencia de un salto cualitativo hacia relaciones de producción socialistas.

El problema político que ello enfrenta puede comprenderse con claridad a la luz de la revolución bolivariana venezolana. Si en Venezuela es el proletariado el que está dando la batalla por el socialismo, en Cuba esa batalla pasa por desproletarizar la sociedad. Pues se trata de procesos de transformación que se dan, el uno, desde la lucha por el estado proletario, y el otro, desde el poder del estado proletario. La lucha del proletariado por el poder persigue el objetivo de sacudirse de encima, una vez alcanzado ese poder, la condición de proletario. Ese cambio cualitativo de estatus social define el umbral de la democracia socialista. En lo adelante el individuo estará en condiciones de fomentar una conciencia social apegada a un sentido de pertenencia política emancipador. Y será necesario el desenvolvimiento y el avance socioeconómico de varias generaciones fuera de la coerción del contrato de trabajo asalariado, propio de relaciones capitalistas de producción, para que la nueva cultura del trabajo se consolide como un orden natural de cosas.

El carácter socialista del estado monopolista cubano se da en la esfera de la redistribución social de la renta. Pero se diferencia por definición y en la práctica de todo carácter social de la redistribución en el capitalismo, en que el objeto de distribución no es una parte de la plusvalía que propicia en ambas situaciones el trabajo asalariado, sino toda ella. El estado capitalista redistribuye sólo parte de la plusvalía (impuesto a la renta empresarial por medio) de la que inapropiadamente se apropia el propietario privado. Préstese atención al hecho no tan obvio de que el salario es múltiplemente gravado en el estado capitalista. Siendo el salario una posición destacada en los costos de producción, el propietario descuenta ya de entrada la plusvalía en el grado máximo posible. El resto del valor del trabajo que queda en manos del trabajador en forma de salario, es gravado por los impuestos directos a la renta individual. No estamos en ello considerando los impuestos indirectos de diversos tipos que afectan aún más la renta del trabajo – como es el caso del impuesto, muy generalizado, al valor agregado IVA; un impuesto que por su carácter regresivo afecta más a los grupos de menores salarios. Adicionalmente, no menos del 40% del ingreso salarial es reabsorbido por los propietarios capitalistas directa o indirectamente, a través de todo tipo de gravámenes financieros (intereses de deudas, seguros, etc., etc.); cuya redistribución es negativa para el 80% de la sociedad (la diferencia entre lo que “quitan” y lo que “dan” al ciudadano los sistemas de servicios financieros privados)[2].

En el socialismo monopolista de estado cubano se redistribuye socialmente toda la plusvalía, a partir de su concentración centralizada por el Estado. Un hecho que lo expone de manera comprensible es el desarrollo y mantenimiento de los sistemas universales de educación y salud en Cuba, a pesar de los crecimientos minimalistas del Producto Interno Bruto (PIB); relación que la  situaría, según los cánones de las teorías del desarrollo capitalista, en la lista del “tercermundismo”. Porque, dado las “leyes del derrame”, la redistribución ha de esperar por la saturación de la copa, la cual sólo entonces se desborda en el goteo que moja a los de abajo. La ilustración desdobla el proceso de concentración y acumulación privada de capital y explica lo inmoral de la dicotomía ricos-pobres bajo cualquiera de sus formas.

El proceso de acumulación privada de capital es excluyente, acumulan los propietarios no los asalariados. Es decir, acumula una infinitésima parte de la sociedad. Recordemos que la reproducción y acumulación de capital no es un resultado del ahorro (del dinero: Do), sino de la metamorfosis de ese dinero según la irrefutable relación dialéctica Dinero-Mercancía-Dinero (Do-Mn-Di) que se da en la economía real capitalista, a través de la relación del trabajo asalariado. El propietario vende la mercancía (Mn) por la cual obtiene un ingreso – valor de cambio – que no comparte de manera democrática con el trabajador, a pesar de que ha sido un valor de partida generado por el trabajo. Lo que el propietario deja de retribuirle al trabajador es lo que acumula como capital, es decir, esa cantidad recrecida de dinero (Di) que le permitirá el aumento de su patrimonio empresarial y personal/familiar. Advierta el lector que esa relación D-M-D es justo con la que acaba el poder financiero – según la idea peregrina D-D de que el dinero crea dinero – en el ocaso rupturista de los ciclos largos de acumulación, tal como somos testigos de excepción en la crisis económica global actual[3]. La guerra por el lucro constituye el reflejo del instinto de conservación (literalmente) en la economía de mercado capitalista, y al mismo tiempo el factor del proceso de autodestrucción y transformación del sistema.

Esa diferenciación cualitativa de las relaciones socioeconómicas entre el capitalismo, tal como lo conocemos, y el socialismo monopolista de estado cubano, determina que en Cuba con el cambio revolucionario de 1959 desaparezca y no funcione hasta hoy el paradigma estructural de la reproducción capitalista: el antagonismo de la contradicción entre capital y trabajo. Sin embargo, la contradicción continúa porque continúa el trabajo asalariado, pero el carácter político de la contradicción ha cambiado básicamente, ha dejado de ser estructuralmente antagónica. Esa contradictoria interacción entre trabajo y capital es potencialmente asertiva y no destructiva. En la práctica, justo como se demuestra en Cuba, no llega a ser así. Puesto que la condición imprescindible es que el poder político no constituya una represa artificial, un rígido muro de contención que impida el desarrollo dialéctico de la contradicción y, en efecto, conlleve a la implosión destructiva del sistema; tal como precisamente apuntan todas las evidencias de ineficiencia sistémica socioeconómica del modo de producción cubano actual.

Estamos hablando de la real antesala en Cuba de una formación socioeconómica de nuevo tipo, que en principio podremos llamar socialismo si en el proceso de su construcción política se dan por lo menos cuatro condicionantes, posibles a partir de los fundamentos estructurales del socialismo monopolista de estado actual:

  1. La transformación del régimen de propiedad estatal de los medios de producción se organiza bajo la idea de la eliminación del fetiche de la propiedad-excluyente. Sea del estado o de propietarios privados. Si la propiedad privada puede ser sólo dominio de una exigua minoría; la propiedad estatal siendo de “todos” es aún excluyente, por cuanto el trabajador no es sujeto decisorio directo del proceso de acumulación ni de reproducción del capital productivo. Asúmase la propiedad cooperativa por excelencia en la economía agraria; y la combinación de ésta con la pequeña propiedad privada (producción mercantil simple) y la societaria no-privada (producción mercantil socialista) en la economía urbana. Donde  la tierra así como el espacio radioeléctrico que la cubre, constituyen un patrimonio nacional inapropiable, que sólo puede ser usufructuado de manera productiva la una, y con arreglo a valores éticos humanistas el otro, en bien social[4]
  1. Por consiguiente, el marco conceptual del nuevo régimen de propiedad sería lo suficientemente dialéctico como para que la libre asociación de los productores se establezca cual atributo del modo de producción, y el principio de autogestión económica de los entes productivos como norma rectora del movimiento micro-económico. 
  1. En cuyas condiciones, el trabajo asalariado desaparece como eje de las relaciones socioeconómicas para dar paso a la auto-remuneración del trabajo[5]. Con lo que se crea la premisa determinante para la eliminación de la alienación del trabajo que persiste aún bajo el régimen de propiedad estatal. Y con ello, la premisa estructural indispensable de la auto sustentación de la eficiencia del trabajo, justo bajo la plena socialización de los medios de producción. 
  1. Asumimos la eficiencia productiva como el factor endógeno de la economía capaz de catalizar la eficacia de la producción de manera sistémica. Premisa determinante del nuevo modo de producción socialista al que se resiste transitar el Estado monopolista actual. Es lo que viene a reflejar la dirección del PCC – sin que desconozcamos la demanda de justicia del pueblo cubano contra la inmoralidad de los EEUU – en las contingencias por la eliminación del Bloqueo económico financiero y comercial contra Cuba. Centradas las expectativas de un salto cuantitativo en el factor exógeno, la lucha por la eliminación del Bloqueo expresa la idea equívoca de que el socialismo monopolista de estado alargando su vida útil, daría respuesta a las expectativas de cambios cualitativos de la sociedad. 

Obsérvese cómo la contradicción en este último punto se refleja – poniendo por caso ilustrativo oportuno – en que el avance cuantitativo que significa tener 800 mil universitarios en un país de 11 millones de habitantes no se revierte en un salto cualitativo de la organización socioeconómica de la sociedad, no porque no se disponga de más o menos  miles de millones  de euros – tal como leemos en “El enemigo de la Revolución es la ignorancia”[6] -, sino porque esa potencial cualidad funciona en un sistema disfuncional que le impide el aprovechamiento racional de la capacidad adquirida. De otra forma no se explicaría que un país como España, con el 29% de su población adulta (25-65 años) titulada de educación superior[7] – contra el 12% en Cuba[8] -, habiendo recibido unos 330 millardos de euros desde su entrada a la EU (en 1986 a la entonces CEE) y con un PIB que la sitúa cuantitativamente entre las 10 primeras economías, se encuentre hoy (2009) en un crach económico de naturaleza estructural. Todo lo cual nos obliga a analizar y exponer críticamente que el sistema socioeconómico de Cuba, su modo de producción, no está preparado para asimilar de manera eficiente los potenciales recursos económico-financieros que significaría la suspensión del Bloqueo estadounidense[9] (ingresos que ascenderían estadísticamente a unos USD 2,0 millardos anuales[10]). Esos flujos correrían la suerte de caer en el susodicho «saco sin fondo»  con que puede simbolizarse el actual modo de producción cubano.

La viabilidad del modo de producción socialista estructurado en un marco como el expuesto, y al que desde ya en Cuba puede transitarse de manera sistematizada, consiste en demostrar que la eficiencia económico-productiva no constituye un atributo natural del sistema de propiedad privada sobre los medios de producción y el capital. Que esa eficiencia – allí donde se consigue – es el resultado directo de la coerción estructural sobre el trabajo asalariado. Y que ello no constituye un costo marginal del sistema socioeconómico, sino la esencia estructural de la acumulación y la reproducción capitalista. Por lo tanto, el paradigma del nuevo modo de producción socialista se yergue sobre la soberanía objetivada del individuo y de la sociedad en su conjunto.

Pero necesitamos hablar tanto de las condiciones necesarias como de las suficientes. No bastan las primeras si las segundas no se dan. Para que la eficiencia económico-productiva se convierta en atributo del modo de producción socialista al que se ha de avanzar desde la transición pos-capitalista en Cuba, el mercado tiene que dejar de ser el dogma ideológico en que la ortodoxia socialista lo ha llegado a convertir. Se trata de un factor de importancia determinante por su carácter estructural.

Si la plusvalía se obtiene del trabajo asalariado y lo que tenemos es ya la auto-remuneración del trabajo, no existe la premisa capitalista de la expropiación del trabajo ajeno. Si la reproducción del capital en el capitalismo se da sobre la apropiación privada de la plusvalía, ya no existe la premisa para la lógica de la reproducción capitalista. Si lo que predomina, en consecuencia, es el uso socializado de los medios de producción, el valor de cambio de la mercancía en el mercado no constituye por definición fuente de acumulación excluyente. Si en virtud de lo anterior, la distribución de la renta ha dejado de ser un subproducto de la apropiación privada de la plusvalía, la naturaleza socialista de la distribución se materializa a través de la progresión contributiva de los sujetos económico-productivos. El Presupuesto Económico de la nación, más allá de su intrínseca función re-distributiva, expresa un valor democrático republicano.

Llegados aquí, la economía capitalista de mercado ha perdido todo su basamento estructural. En cuyas circunstancias, el nuevo estado socialista se establece como: 1) planificador estratégico del desarrollo socio-educacional, tecnológico e infraestructural del país; 2) regulador táctico-estratégico de los procesos de acumulación y distribución. Empero la efectividad macroeconómica de su actividad estratégica planificadora y de su capacidad táctica reguladora dependerá de que la sociedad funcione en autogestión económica y en autogobierno comunitario. Esa sería la condición sine qua non.

La matriz de interacciones expuesta, cierra en un sistema de vasos comunicantes las relaciones socioeconómicas del modo de producción socialista al que sin demora puede comenzar a transitar el socialismo monopolista de estado cubano. Las contradicciones de partida están maduras.

                                                                II

No existe mejor brújula para la transición socialista en Cuba, que las declaraciones de los tahúres del capitalismo atrapados en las contradicciones de la crisis económico-financiera actual. Los centros thinktanks se disputan el descrédito. Pero en el océano de sus propios fantasmas resulta singular la referencia directa a Cuba. Más aún cuando proviene de un país de la semi-periferia capitalista como es Polonia, otrora exponente del mal llamado socialismo real.

Bajo el espíritu neoliberal del Centro Adam Smith de Varsovia, su otrora Director declara en un debate ante las cámaras de televisión[11], que la actual crisis capitalista “por supuesto” nada significa para el capitalismo; que el capitalismo “da³ i da sobie radê”: ha salido y saldrá airoso; que los augurios de socialismo son trasnochados, y que el mejor ejemplo de ello – atención – está ya en Cuba. Donde los hermanos Castro, argumenta, ya han comprendido que la única salida es el cambio al capitalismo. Que como prueba, continúa, puede tomarse la repartición de tierras a la que han tenido que acudir y las colas que para su re-apropiación se multiplican por toda la Isla. Que hoy más que nunca, concluye, se confirma la tesis de que tras la desaparición física de ellos (los Castro) la sociedad cubana no tendrá más que abrigarse en el capitalismo.

Más allá del primitivismo cognitivo del profesor en cuestión, han de destacarse dos asuntos de importancia:

a) Que en medio de la crisis capitalista, el pensamiento “ilustrado” orgánico al capitalismo identifica a Cuba como un real desafío socialista;

b) Que, sin embargo, del socialismo monopolista de estado cubano sólo se puede transitar hacia el capitalismo. Dado que desde la persistencia de ese estado de cosas, se sugiere, no hay alternativa viable hacia el socialismo.

Tienen en la mente, por supuesto, el “fantasma” del socialismo emancipador anticapitalista; porque el capitalismo socialdemócrata con las llamadas economías sociales de mercado aún les preservaría la posibilidad del capitalismo local con la supuesta “cara humana”, a pesar de que la globalización capitalista siga cerrando, tal como lo hace, los caminos de la sustentabilidad civilizacional. En circunstancias de bancarrota puntual, se piensa, habría hacia dónde redirigir el sistema propio con el capital (no precisamente el Libro) bajo el brazo. Se arma sin sonrojo dicha lógica, aún cuando en el ilustrativo caso de Polonia, ante la ilusión de una extorsión-acumulación originaria privada de capital, la opción de un tránsito hacia el modelo sueco de estado de bienestar capitalista resultara rechazada por los liberales opositores y los “comunistas” entonces en el poder[12]; los mismos que juntos resolvieron las contradicciones internas críticas del “socialismo polaco” con el golpe de timón en 1990 hacia el capitalismo.

Esos fetichistas de la propiedad privada y el libre mercado que no dejó de criticar el propio A.Smith en el “comienzo de todo”, y que en los estertores de un largo ciclo hoy arrastra el paradigma liberal auxiliado esta vez sin vergüenza por “la mano invisible del estado”[13], andan de alas caídas. Y sólo la deshonestidad intelectual del oportunismo político les lleva a pasar por alto hechos incómodos: como que la reprivatización de la economía polaca se ha efectuado a precio de remate por un 10% del valor de todo el patrimonio productivo vendible[14]. Que una vez absorbido el capital nacional por el transnacional (en un 70% en tan sólo 10 años de penetración) no existe soberanía financiera, truncando de esa forma toda ilusión de una extorsión acumulación originaria criolla. Que la corrupción político-administrativa, en escalas que cuestan a la nación miles de millones de dólares,   aquiere estatus congénito al sistema.

Que en medio de tales patologías, sucesivos gobiernos practican el malabarismo ante el desequilibrio presupuestario a golpe de continuas reprivatizaciones, según el principio de las jeringas desechables. Que ante la debilidad productiva de la economía el déficit público, por abultado que sea no alcanza (el récord de unos 50 millardos de slotes este año fiscal 2010, con tendencia interanual alcista), mientras la economía sumergida se calcula en no menos de  un 20% del PIB.   Que el otro lado de esa moneda expone, al cabo de 20 años de transformación capitalista, un costo social que arroja un alto desempleo crónico (casi 11% este año 2009, en contínua tendencia alcista). Un 26% de niños en pobreza “tercermundista” (en ello: cerca de medio millón con problemas de desnutrición) y una exclusión social que abarca el 20% de la población total. Que el sistema de educación y salud públicas se desmorona en peligrosa metástasis. A la salud  se le dedica sólo un 6% del PIB, en comparación con el 9% promedio de la OECD (y la tendencia es a la baja relativa). Hoy en Polonia se reproduce el círculo vicioso de la entre guerra (I y II G.M.), donde los descendientes de familias campesinas (obreros, pequeños y medianos productores) reducen sus posibilidades de avance social al cronicismo de su depauperación económica. Porque la enseñanza media y superior se aleja  del principio democrático de universalidad. La educación de pago (no pública)  – constatan los investigadores[15] -, se ha convertido en un importante elemento de la preparación general y profesional y, debido a ello, tiene una influencia negativa en la igualdad de oportunidades de desarrollo social. A esa enseñanza puede asistir sólo un 9% de los hijos de obreros y tendiente a 0% los de las familias rurales. Mientras que la mayor asistencia corresponde, lógicamente, a las familias de propietarios de empresas. Que el desarrollo tecnológico no constituye basamento estratégico del modelo de desarrollo asumido. Y que, como epílogo, la emigración de jóvenes polacos hacia el capitalismo occidental de la UE y los EEUU, como mano de obra barata, constituye uno de los movimientos migratorios más fuertes en el mundo[16].

Los “científicos” neocapitalistas saben de lo que hablan cuando se refieren al socialismo en Cuba. No sustentan sus apreciaciones tanto en las propias experiencias de las transiciones capitalistas de los países “ex socialistas”, como en el tránsito capitalista chino y vietnamita. La apreciación es casi unánime no sólo en los advenedizos capitalistas del Este, sino en todo el campo de los gurúes orgánicos burgueses de siempre, especialmente en los vecinos al Norte de la Isla. Saltándose de manera ignorante la singularidad del tiempo histórico en la cultura china y subestimando la idiosincrasia colectivista de la vietnamita, asumen que ambos procesos desarrollistas constituyen el único horizonte posible para Cuba.

Es preciso coincidir con los enemigos ideológicos del socialismo en Cuba en cuanto a las dos apreciaciones (a, b) que he destacado.

Si la primera está a favor de Cuba; el que la segunda deje de ser un pronóstico objetivo depende de que la sociedad cubana pueda debatir abiertamente sobre lo que está en juego hoy a sus espaldas, sobre la objetividad anti-socialista de su propia conciencia sociopolítica. Por cuanto el estatus de trabajadores asalariados constituye el denominador común con el estatus de proletario que asimilarían en una restauración capitalista. Una vuelta al capitalismo que encontraría la masa crítica social en las expectativas de sus necesidades materiales y de soberanía ciudadana, las que hoy continúan sin perspectivas tangibles. Una masa crítica de trabajadores asalariados del Estado, susceptibles a la idea del cambio de empleador para convertirse en proletarios al servicio de propietarios privados (autóctonos y foráneos), en aras de alcanzar las expectativas y con la esperanza de no sacrificar las conquistas sociales básicas.

El conocimiento crítico de la realidad objetiva a nivel de pueblo, por consiguiente, es condición decisiva para el replanteo de la estrategia revolucionaria. No desde el dominio de la elite política partidista, auto asumida como vanguardia en un Partido devenido partido de cuadros burocráticos estatales, sino desde el emprendimiento social basado en una profunda democracia protagónica. Porque los cambios conceptuales y estructurales para los que fue elegido el actual Presidente del Consejo de Estado son imperativos e ineludibles; y sólo el pueblo con cabal conocimiento de causa sobre las contradicciones estructurales del proceso socioeconómico en que está envuelto, puede abrazar e impulsar la transición socialista, so pena de que, en su defecto, después de tanto nadar se ahogue definitivamente en la orilla capitalista.

[1] Raúl Castro Ruz, discurso el 3 de agosto del 2009; ver:http://www.granma.cu/espanol/2009/agosto/lun3/discurso.html

[2] A este respecto es importante estudiar la experiencia del Banco JAK sueco, el banco cooperativo sin política de intereses bancarios, la paradoja socialista de un banco sin fines de lucro.

[3] Es necesario puntualizar que esa ruptura con la relación D-M-D en realidad se encuentra en la base de la concepción del dinero como deuda que prima en la filosofía y la práctica del crédito bancario en el capitalismo, basado en el crecimiento exponencial de los intereses. La expresión extrema de ello está en el mecanismo de emisión de dinero de la Fed en los EEUU. – en el llamado “sistema fraccional de reserva financiera”.

[4] La negación revolucionaria de la idea de los fisiócratas (s. xviii) sobre la tierra como propiedad natural, asignada por la gracia divina selectiva, ha de  imponerse en el socialismo como reconocimiento en ella de una fuente común y no privada de la renta de capital.

[5] Es preciso que se entienda la elementalidad de la idea de la auto-remuneración. No existe relación salarial porque no existe el propietario de los medios, no existe el patrón dueño que contrata y paga. La propiedad es común, se autogestiona colectivamente y los ingresos, resultado del trabajo, se distribuyen de manera democrática entre todos los trabajadores de la cooperativa o la asociación no-privada, una vez que se han preservado todos los fondos de desarrollo, sociales y los contributivos al Estado. Los niveles de auto-remuneración interna se determinan según los criterios del colectivo de trabajo, apegados en última instancia a los aportes en productividad individual y colectiva. El Municipio Comunitario de Marinaleda, España (experiencia que estudio y sobre la que presentaré un trabajo), ha resuelto el problema de la auto-remuneración estableciendo de manera consensuada un único nivel de ingreso para todos los trabajadores, desde el Director de la Cooperativa Productiva Comunitaria hasta el trabajador de la limpieza.

[6] Alfredo Guevara, «El peor enemigo de la Revolución es la ignorancia», entrevista concedida a Leandro Estupiñán Zaldívar en la revista Calibán. Tomado de Rebelión, 22-10.2009, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93732&titular=»el-peor-enemigo-de-la-revolución-es-la-ignorancia . He tenido la oportunidad de referirme en otros trabajos a este problema, al analizar cómo la copiosa ayuda financiera y económica de la ex URSS a Cuba no se había convertido en resultados económicos estructuralmente sostenibles. Si bien la inversión en educación creaba el importante factor humano indispensable para cualquier salto al desarrollo, ya no sucedía así con la inversión bruta de capital en su relación con el desempeño de fuerzas productivas con posibilidad de emprendimiento, innovación y producción eficiente.

[7] Informe de la OECD del 2009

[8] Cálculo propio a partir del capítulo del Anuario Demográfico de Cuba (ONE) y considerando la cifra de graduados superiores ofrecida por Alfredo Guevara en “El peor enemigo de la revolución es la ignorancia” (ver nota 4).

[9] Roberto Cobas Avivar, “Cuba: del mito neoliberal a su eficiente alternativa», en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-mito-neoliberal-eficiente-alternativa-12

[10] Según el monto de las pérdidas que informa Cuba por concepto del Bloqueo desde su implantación por los EEUU. Esos cerca de 2 millardos anuales podría considerarse una cifra de referencia estimativa mínima.

[11] Debate televisivo (TVN) con la participación de Piotr Ikonowicz (presidente del partido Nueva Izquierda), J.Korwin-Mikke (presidente del partido liberal Unión Política Real) y  J.Winiecki, Prof. de Economía, entre 1990-1995 Presidente del Centro Adam Smith en Varsovia, uno de los centros auto llamados thinktank en Polonia; fue también Director Ejecutivo en el Banco Europeo de Desarrollo en Londres. Ver debate: http://www.youtube.com/watch?v=aWJj3NgeDOMyhttp://www.youtube.com/watch?v=byliO3QPkE8&feature=related

[12] Fue lo que quedó en irrebatible evidencia en el Seminario en el Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Polaca en ocasión del 17 aniversario de la transformación capitalista polaca (Varsovia, otoño del 2007).

[13] Había sido siempre “la mano invisible del mercado” el cínico refugio de las ideas del lucro, el estado era hasta J.M.Keynes y después de él un intruso burocrático y corrupto. Mientras que por otro lado, Christopher Freeman demostraba denodadamente que sin la “mano invisible del estado” no era posible el avance tecnológico ni la educación, bases del desarrollo tecno-industrial (vide Japón). Pero el mundo liberal ha seguido cocinando sus estrategias de libre mercado en función del lucro privado, explotando siempre la “invisibilidad” de la mano del estado capitalista en beneficio propio. Hoy ante el crach financiero se apela sin tapujos a esa mano sin que importe ocultarla ante todos, porque se trata desesperadamente… del lucro privado.

[14] Kazimierz Poznanski, “Wielki przekret. Kleska polskich reform” (La gran estafa. El desastre de la transformación polaca), Towarzystwo Wydawnicze i Literackie, Warszawa 2000, Polska. El capítulo edulcorado que J.Stiglitz le dedica a la transformación capitalista polaca en su libro “Los maleficios de la globalización” lleva el sesgo del prof. J. Kolodko, la fuente gubernamental (del entonces gobierno de la llamada izquierda pos-comunista SLD) a la que de manera parcializada se limita.

[15] Ver, entre otros: Bozena Kolaczek, “Inversiones en las generaciones jóvenes y el principio de nivelación de oportunidades en la política familiar y educacional”, Mensuario “Política Social”, Polonia. http://politykaspoleczna.ipiss.com.pl/ps_pdf_2007/nr_8/07kolaczekbozena.pdf

[16] Toda una realidad que hube de exponer como “desarrollo colonial” en el reciente seminario del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Polaca (08.09 y 15.09.2009), en ocasión de la presentación del Reporte del Banco Central(BC) por su Presidente sobre “La economía polaca en tiempos de crisis económica global”. Una realidad que, omitida por el tecnicismo economicista de dicho Reporte, está muy lejos de ser una especialidad polaca, como lo demuestran las bancarrotas de los “milagros” de Islandia y España, o de supuestos emergentes como Estonia y Letonia, entre otros muchos casos de estudio a la mano.

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