Opinión Internacional

Nos irán

En momentos claves de la política boliviana aparece alguna alusión o noticia referida a Irán. Ocurrió cuando Evo Morales volvía de una reunión en la OEA y pasó por Venezuela y vino a recibir la visita del pequeño hombre de hierro Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, quien tiene claros propósitos de desplazar a los EE.UU de Norteamérica, la primera potencia económica y militar a nivel mundial. Venezuela-Bolivia-Irán, son un trio que quiere comenzar a crecer en latinoamérica, son el germen que pretende fermentar la revolución contra el «imperio», por supuesto que para establecer otro «imperio», pero con otro modelo económico, social y con otros padrones culturales que no tengan como parámetro la cultura occidental sino más bien la visión de los países árabes, con todo lo que ello representa. Esta es la razón por la que Evo Morales, da siempre la puntada necesaria para recordarle al imperio y a los bolivianos que su gobierno está con la causa de Irán, y que por supuesto está de acuerdo con que Irán siga su programa nuclear. Tanto es así que le está permitiendo que siente hegemonía en nuestra patria y que ponga «industrias lácteas o lecherías, inversiones en hidrocarburos», y que además instale un canal de televisión que transmitiría en cadena a toda Latinoamérica.

Lo hace con desparpajo, como si fuera algo inocuo, tan común y corriente que todos lo dejan hacer y dejan crecer el monstruito que puede ser el transformer de este nuevo imperio, o el exterminator que colonizará hasta el sexo de las mujeres.

No es chiste lo que está sucediendo, por más ruido que haga la perorata del canciller que ha defendido el sexo de las piedras, pero que a la hora de que a las mujeres les exijan velo, o ocultar los rastros de su femineidad, o exijan que entren los Ayotalah, le importará un bledo que apedreen a las infieles, pues no se jugará por esos asuntos ya que el interés es otro.

El Canciller ha rechazado en forma categórica el planteamiento de los congresistas de EE.UU que han advertido a Bolivia que sus relaciones con Irán no son inocuas, ni amistades de nenes buenos o compinches que se van de joda y punto.

«Nosotros ya no vamos a aceptar condicionantes, se tiene que respetar la soberanía y tenemos que construir relaciones con respeto y no con intromisión», fue lo que expresó el canciller David Choquehuanca, que nos puso por delante el talismán sagrado de la soberanía, aunque hoy más que nunca esté siendo violada en Bolivia, país por el que transitan venezolanos, cubanos y ahora iraníes incluso portando documentos bolivianos.

La declaración del diputado republicano, Jerry Weller, miembro de la comitiva estadounidense que visita Bolivia, quien advirtió sobre la preocupación del Congreso Norteamericano por estas «relaciones peligrosas», no es intromisión en asuntos de Estado de Bolivia, es política internacional, pues los EE.UU, está evaluando quien es quien en el mundo, de igual manera que lo hace Irán y sus amigos, que han cruzado continentes y océanos para venir a buscar socios estratégicos que sirvan a los fines de su programa nuclear y de su misión de construir un nuevo orden mundial. El presidente Evo Morales, está metido hasta el copete con Irán, y ya nos está mostrando que la geopolítica desde la cual operará esta relación, se irradiará desde el Chapare, lo cual es estratégico para tomar y dominar las tierras del oriente camba y para seguir hacia el exterior. Chapare, coca, uranio: industrializados, ¿ustedes se imaginan en que nos vamos a convertir? En poco mas que el polvorín de las tierras explosivas tomadas por las Farc en Colombia.

David Choquehuanca, místico canciller del nuevo orden internacional y que acepta el terrorismo no como intromisión ni perdida de soberanía sino como el maná del cielo, indicó este miércoles que «el Estado tiene todo el derecho de recibir a los países que quieran apoyar al país»- «Yo no sé porque EEUU critica, nosotros somos un país soberano», afirmó el Canciller a momento de resaltar que Irán se comprometió a invertir cerca de 1.100 millones de dólares en el sector hidrocarburífero de Bolivia.

Eso es lo que dice el gobierno de Evo Morales, pero ¿qué decimos nosotros los bolivianos que somos quienes vamos a sufrir las consecuencias y vamos a cargar con los platos rotos? El silencio es cómplice. El silencio es una muestra clara de indefensión e incluso de desarme intelectual y político. ¿Qué hacen los Congresistas debatiendo Estatutos que están ya oleados y sacramentados?, ¿que hacen surfeando en los mares a los que los lleva el vicepresidente que los ha puesto a entretenerse con el oleaje distractivo de las autonomías?
El Congreso Nacional debería ser menos pesado, necesita agilidad, necesita dinamizarse y sacudirse las siglas de los partidos para tomar el papel de verdadero defensor de los intereses de la patria, que ahora es un niño que grita S.O.S esperando que le tiren un salvavidas.

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