Opinión Internacional

Nuestras relaciones públicas

Durante décadas, en la era del PRI, me preguntaba cómo es que los presidentes mexicanos se las arreglaban para aparecer siempre como los héroes de la película en sus viajes al extranjero. Con Vicente Fox nada ha cambiado y me convencí que todo tiene que ver con una aceitada maquinaria de relaciones públicas.

Lo de “aceitada” no es exageración. En su último viaje a Miami, Fox incluyó en su delegación a un grupo de mariachis traidos en avión expreso desde Guadalajara, además de ese ejército de periodistas con todos los gastos pagados.

Para los que no son mexicanos y que cubrieron la rueda de prensa de Fox, hubo una recepción pantagruélica y obsequios que incluyeron carpetas de cuero y añejos de los famosos tequilas Tres Copas y Don Julio. El centimetraje que le dedicó The Miami Herald a Fox es incomparable al que tuvo otro mandatario asistente a la Conferencia de las Américas, Francisco Flores, de El Salvador, a pesar de que fue el que más impactó (“No es posible que solo unos cuantos países tengan acceso ilimitado a los mercados mientras la mayoría comercia sólo en la periferia del desarrollo. Hay que reformular el proverbio chino. No queremos que nos regalen el pescado, ni que nos enseñen a pescar, sino que nos den un chance para poder pescar…”).

A raíz del reciente viaje del presidente Jorge Quiroga a Washington me pregunté si a nivel nacional se “aceitó” alguna maquinaria porque los títulos en casi todos los periódicos bolivianos fueron extraordinarios. Hasta parecía que George W. Bush se quedó con la boca abierta de tener cerca a un colega “fuera de serie”, como lo calificó el embajador Manuel Rocha.

Quizás el diplomático americano agradece así las gestiones que Quiroga realizó (todavía no se sabe si por iniciativa propia) para convencer telefónicamente a varios de sus colegas en el continente, que se encontraban un poco dubitantes, para que apoyaran en la OEA el voto de condena a los actos terroristas del 11 de septiembre. Obviamente Bush lo menos que podía hacer es ser muy amable como anfitrión.

Aunque para la gran prensa internacional el viaje de Quiroga se inscribió nomás dentro de la normalidad de la visita de un jefe de Estado de un país del Tercer Mundo a la Casa Blanca, algunos periodistas bolivianos, a una semana de haber terminado ese viaje, se esfuerzan todavía en darle una categoría extraordinaria, como si recién se hubiera puesto a Bolivia en el mapa del mundo.

Parece olvidarse que otros presidentes bolivianos fueron recibidos también con alta deferencia por los inquilinos de la casona de la Avenida Pensilvania, entre ellos Gonzalo Sánchez de Lozada, quien mostró que para bailar con el Tío Sam no es necesario hacerle escuchar sólo la música que quiere oir.

Estos mismos periodistas se olvidan que Sánchez de Lozada fue aplaudido por más de cinco minutos y de pie por la reunión de la OEA. Que tras esa intervención varios países centroamericanos y Haití enviaron a Bolivia delegaciones para copiar y asesorarse en el modelo de la participación popular, tan postergado en la gestión Bánzer-Quiroga.

Nadie ya parece recordar que Sánchez de Lozada fue el presidente boliviano más requerido por la gran prensa estadounidense. La página entera que le dedicó en 1995 The Miami Herald, el periódico más influyente del sureste de Estados Unidos, es una prueba elocuente. La entrevista la realizó el editor Dave Lawrence, quien de paso hizo una promoción extraordinaria del turismo hacia Bolivia.

Sánchez de Lozada, que en dos años de gobierno había sido invitado ya cuatro veces a Washington, se permitía el lujo de bromas públicas con miembros del gabinete de Bill Clinton. Todavía por ahí está la foto del “give me five” con el secretario del Tesoro, Lloyd Benson.

Hasta hace poco el ex presidente boliviano figuraba en un enorme mural conmemorativo de la Cumbre de las Américas de 1995 erigido en el Parque del Dominó de Miami, junto con Clinton, Carlos Menem, y Ramiro de León Carpio, presidentes en aquel tiempo de Argentina y Guatemala, respectivamente.

Ojalá que Quiroga, a parte de despertar ese entusiasmo en la prensa nacional, lo hubiera hecho también en la gran prensa internacional. El país necesita borrar esa mala imagen que nos dejó el general Hugo Bánzer con las burlas que recibió en Chile, los insultos de las Madres de la Plaza de Mayo en Buenos Aires y el desplante del regente de Ciudad de México Cuathemoc Cárdenas.

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