Opinión Internacional

¿Nueva capital de Bolivia?

Sea esta mi sardónica contribución a celebrar el Bicentenario del 25 de Mayo de 1809, fasto grande de la capital de la república y cuna de la libertad de América Hispana, Sucre, sepultado bajo montones de actos y loas al 16 de Julio de 1809 –reverbero que ocurrió cincuenta días más tarde- por el sesgo centralista del régimen y la preponderancia pedante de La Paz.

Fue pifiada la esperanza que la Asamblea Constituyente de 2008 fuera un genuino intento de lograr un pacto social duradero en Bolivia. Resultó un pastiche gobiernista de anarco-indigenismo aymara signado en un cuartel, que resbala de a poco a narco-populismo masista.

Más aún, despertó dormidos resentimientos chuquisaqueños sobre el cruento melodrama que fuera la guerra civil de fines del siglo 19. Porque aparte de ser un despojo de la capitalidad de Sucre, la Revolución Federal fue en el fondo bandera de un reacomodo del centro económico y geopolítico del país, que del ciclo de la plata pasó a la era del estaño. Del sur de la Ciudad de los Cuatro Nombres al oeste de la Ciudad del Illimani.

Dentro los fragores de la politiquería actual, se soslaya que hay una asignatura pendiente en la graduación de Bolivia a la condición de nación: el centro de gravedad económico y geopolítico del país se ha desplazado hacia el oriente. Además, no toma en cuenta la futura gravitación del peso específico económico y geopolítico que las reservas de gas natural le darán al sur del país. No serán para siempre las chambonadas del régimen autócrata copiando libretos caribeños: la pugna por el buen gobierno pasa por la descentralización y remata en la toma de decisiones regionales en beneficio de las mayorías, a través de la autonomía departamental.

Quizá fue que José Luis Rodríguez, con el acompañamiento digital de Los Panchos, cantaba “eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón”. Fue espina de cuguchi, dolorosa como la del algarrobo, la que se me clavó con una premonición por la sospecha de que hay algo más detrás de la ampliación del aeropuerto de Chimoré, para hacerlo el más grande del país.

Algo más que el usufructo mal agradecido del aeródromo que la embajada estadounidense construyó en 1990 para atender necesidades de lucha contra el narcotráfico. Ampliarlo a 4.100 metros permitiría el aterrizaje de aviones rusos despegando de Caracas, con tanques, soldados y pertrechos para defender al régimen: el Antonov A-225 carga 250 toneladas.

Algo más que la absurda asignación de recursos, postergando planes aeroportuarios en regiones más urgidas. Un aeropuerto decente y para toda época en Rurrenabaque, tercer destino turístico del país con flujo en aumento de 20.000 pasajeros anuales. La construcción del aeropuerto de Alcantarí, en la capital legítima del país, restaría objeciones al traslado de poderes del Estado a Sucre.

Algo más que la arbitrariedad de un gobernante autocrático que brinda una prebenda más a su guardia pretoriana cocalera. Se suma a la planta termoeléctrica de Entre Ríos, que daría autosuficiencia energética al trópico chapareño si en marzo de 2010 generara 100 MW de potencia.. Lo mismo que la planta de papel en el Chapare sin árboles para alimentarla, ¿energizada con qué, si apenas honran contratos de provisión de gas a países vecinos y la actual demanda interna, por falta de inversión en el sector petrolero?
Algo más que atiborra hasta el empacho a una región ya privilegiada. Ya lo he dicho: hace casi 40 años que el Chapare devora la parte del león de recursos de desarrollo rural en Bolivia. La carnada de la cocaína y el anzuelo de la sustitución de la coca han pescado millonadas en ayuda estadounidense, cooperación europea y regalos de otros países, que no se ensartan porque les preocupe desarrollar el trópico húmedo o les importe el turismo en Villa Tunari.

Algo más que la quimera de convertir campesinos en acartonados licenciados, creando universidades “indígenas” que aprenderán en quechua en Chimoré, en guaraní en Macharetí y en aymara en Warisata. Empeñados en recuperar “saberes, conocimientos, cultura y formas de organización de los pueblos indígenas de Bolivia”, según el ministro de Educación. El as bajo la manga es que politiqueros del gobierno hablan de “formación política”, nutrirse con “el Che Guevara, la historia de Cuba, de Venezuela, los procesos que han seguido ambos países… el marxismo, el leninismo.” Poquísimos auspiciantes tienen en mente formar profesionales en áreas tecnológicas y productivas.

Mi pálpito fue: ¿qué tal si fueran a resolver el incordio entre Sucre y La Paz, con una capital del nuevo Estado Plurinacional en Lauca Eñe, a menos de 10 Km. de Chimoré? Ciertamente está en la onda de recientes peroratas de líderes “originarios”, para quienes “la toma del poder” es el objetivo a largo plazo, aleccionados por su ideólogo, el “malinchista” Álvaro García Linera. Es certero en lo geográfico: Lauca Eñe y Chimoré están casi en el centro del país.

La cosa ahora es engrupir a la clase media para que prorrogue a Evo Morales en las elecciones de diciembre 2009. Si les meten los dedos a la boca, el Estado Plurinacional reemplazará a la República de Bolivia y tan sencillo como embutirnos la whipala, sería el cambio de nombre a Kollasuyo, ubicado en Abya Yala, nuevo apelativo oficial del continente sudamericano.

La nueva capital podría llamarse “Evovilia” en la onda de Brasilia; la viuda de Mitterrand sugeriría una afrancesada “Evoville”. Como andan muchos empecinados en hacer de Evo Morales un superhéroe, para los seguidores de Batman será “Ciudad Evótica”, a tiempo que los “fans” de Superman sugerirán “Evópolis”. Nuevos arrumacos con Chile, que nos darán mar según el Canciller yatiri, sugieren Evotillehue, en alusión al pelotudo del Pelotillehue de Condorito como inspiración. Es mi favorita.

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