Opinión Internacional

Obi-Wants, ¿Can Obi?

En la primera trilogía de La Guerra de las Galaxias Obi-Wan Kenobi es clave en el triunfo de la alianza del bien sobre la del mal, puesto que en la cosmología de George Lucas este personaje se inicia como aprendiz, y luego pasa a ser maestro, de aquellos que deben salvar al universo y lograr la paz de su planeta.

Me resulta complejo comprender los detalles de la trama de los seis episodios de Star Wars, y por ende, se me dificulta formarme una opinión sobre quién es quién y por qué luchan los diferentes protagonistas de esta saga, y lo mismo me sucede, por cierto, al analizar muchos de los conflictos mundiales que ocurren en nuestro pequeño planeta. Sin embargo, a riesgo de caer en cursilerías, intentaré hacer analogías entre los mundos de ambos Georges: Lucas y Bush.

Entiendo que Obi-Wan Kenobi, según lo definen varias fuentes, es de raza “humana”, sexo “hombre”, de nacionalidad “desconocida” y líder de la Jedi (una orden mística y monacal de luchadores virtuosos que buscan la concordia y el bienestar de los extraterrestres de buena voluntad). Según leo, eso es bueno, y la nobleza de este hombre “sabio y perspicaz” lo condujo a liderar misiones para neutralizar a cruentos tiranos y a reclutar a personajes de varios planetas para pensar en el “Lado Luminoso de la Fuerza” y el servicio al prójimo.

Desde hace un tiempo el nombre de Barack Obama, dirigente de la, todavía, Confederación de Estados más poderosa de nuestro planeta, me recuerda el sonido de ese tal Obi-Wan Kenobi, y me agrada pensar que ambos representan al “bien”, en el guión maniqueo que nos presenta, George –uno en el cine y el otro en la TV– en esa trama donde el “mal” gana terreno por la codicia, el fanatismo y la indiferencia hacia los marginados de los centros de poder en el universo que nos toca vivir.

Como Obi-Wan Kenobi, que se enfrenta a piratas que atacan a las naves de una Federación de Comercio, cuyo virrey actúa “para su bien propio pasando sobre los demás”, me gustaría creer que Obi quiera y pueda luchar contra las guerrillas y terroristas que se nutren con el caos que predican, pero también, que ponga freno a los abusos de codiciosas asociaciones corporativas que también causaban guerras en varias galaxias hasta que los Jedi las sometieron. Me gustaría pensar que de ganar Obama, emulará a este personaje que luego de muchos errores, se convirtió en maestro de generaciones virtuosas. Quisiera creer que la mayoría de los compatriotas del Obi norteamericano podrán verlo como simplemente un hombre cuya raza es la humana, su nacionalidad universal, y su misión, la de buscar los puntos en común entre todas las galaxias de pensamiento y credos de un mundo que necesita la espada luminosa del maestro Jedi del “eje del bien” de la ficción que ha acercado a generaciones que vieron la primera y segunda trilogías de la obra de George Lucas.

Obi wants, Obi quiere ¿puede Obi imponerse a su propia inexperiencia y a los prejuicios de muchos, para colaborar a enrumbar a la nave que nos agrupa a todos y que padece de una crisis de combustible, de amotinamientos y de valores? ¿Can Obi?

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