Opinión Internacional

Ortega y la izquierda en la encrucijada

Al desprecio internacional de las organizaciones feministas y de defensa de los derechos humanos, se suma ahora el mayor repudio imaginable para un pretendido líder socialista: la condena de la más calificada representación de intelectuales y escritores de izquierda – democrática y marxista – contra Daniel Ortega. Al primero, que lo ha obligado a recluirse como un paria en su propio país, se suma la segunda, que lo retrata como un inquisidor de la más baja ralea. Y eso se pretende héroe de la revolución sandinista.

El desprecio internacional por su comportamiento sexual ante su propia hijastra ha llevado las aguas de la indignación hasta ministras y altas funcionarias de países amigos de Nicaragua, que han llegado a la renuncia a sus cargos en protesta por la presencia en sus países del presidente nicaragüense. La persecución judicial a que somete al gran poeta de Solentiname, Ernesto Cardenal, hombre ejemplar en muchísimos sentidos y escritor de excepción, le ha granjeado la repulsa de quienes han puesto sus vidas en defensa de las ideas revolucionarias.

Ver entre los firmantes de la declaración en defensa de Ernesto Cardenal al Nóbel José Saramago y a Mario Benedetti, a Eduardo Galeano y a Antonio Skarmetta no puede menos que retrotraernos al tenebroso caso Padilla, que iniciara a comienzos de los 70’s la gran ruptura del noviazgo entre la intelectualidad europea y latinoamericana con Fidel Castro. Pero encontrar entre los firmantes de la condena a Daniel Ortega a Ernesto Mejía Godoy, el gran músico y compositor nicaragüense que al frente de Los de Palacagüina reuniera la simpatía universal por la saga del Comandante Cero y el triunfo sandinista contra la tiranía de Tachito Somoza, cala mucho más hondo en la conciencia crítica de los sectores de la izquierda mundial. Demuestra la profunda crisis moral en que se debate. Convertida ya a estas alturas en una verdadera debacle.

El repudio universal que encontraran las FARC y llegara a su máxima expresión con el caso Betancourt ha sido sólo la punta del iceberg de este fenómeno de profundos alcances para el futuro de la izquierda en América Latina. El caso de las implicaciones del juicio que se inicia mañana en los tribunales de La Florida contra dos intermediarios del régimen chavista y quienes manejaran cientos de millones de dólares para pagar sobornos, obtener contratos y servir de correos de maletines cargados de dinero para la campaña de la Sra. Fernández de Kirchner, desvelará la sórdida trama que soporta la alianza internacional de la izquierda y la nueva izquierda. Se hace dramáticamente de manifiesto que no son los ideales socialistas ni los ímpetus revolucionarios los que sirven de carburante a esta nueva internacional política. No es el llamado “internacionalismo proletario”, como en el pasado remoto, ni la solidaridad tricontinental inventada por la revolución cubana en los sesenta. Es la mafia del crimen organizado a partir de los altos precios petroleros y la asombrosa inescrupulosidad del teniente coronel venezolano. Una mafia desalmada, sin otros fines que hacerse con los instrumentos del poder político para entronizar regímenes militaristas, caudillescos y dictatoriales. Acompañadas de las nuevas burguesías, criadas y crecidas al color del Estado. Que hunden sus garras en la purulencia de sus gestores «revolucionarios».

Es no sólo un problema moral. Como lo demuestra el caso Daniel Ortega es un grave problema de sobrevivencia política.

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