Opinión Internacional

Oscuridad en casa

El usurpador quiere ser buen vecino de Guyana y además buen amigo. Es loable su actitud como también lo es que quiera unirse al ayuno por la paz y la vida del pueblo sirio. No es tan loable que quiera ser mejor amigo del vecino que del paisano, menos aún que ayune por la paz y la vida del pueblo sirio y no por la paz y la vida del pueblo venezolano que colapsa diariamente la morgue.

La amistad es una relación compleja. Impone compromisos en el trato cotidiano con el prójimo y por eso la más fácil y llevadera es la más distante y menos frecuente, de la que diría Andrés Eloy, “como el paisaje visto de un tren cuando se va de viaje”. Por eso el usurpador se siente cómodo viajando, como se sintió Chávez. No se oyen los gritos reclamando las promesas incumplidas, ni tampoco las críticas a los desaciertos en la conducción de la jefatura del estado, porque se le niega la voz al que está próximo, que significa prójimo.

Al otro lado de la frontera toda actitud negligente es aplaudida y allí, o mejor dicho allá, encuentra solaz quien so pretexto de fomentar la amistad no asume la defensa de los intereses que tiene encomendados para no causar reacciones en el vecino que mermen la tónica festiva del viaje. Remeda lo que hizo el difunto que todavía vive, allá por el 2004 cuando Guyana otorgó concesiones petroleras en el área en reclamación y él escogió el aplauso externo en lugar de la defensa de su país, permaneciendo mudo. Las reacciones de los venezolanos se contrarrestan negándole espacio a las voces que se alzan contra la desidia en la defensa de los intereses de la nación, que viene acompañada del desatino de querer negar la existencia de una controversia entre Venezuela y Guyana, so pretexto de que se trata de una disputa heredada de los imperios británico y español.

La ignorancia es audaz. España nada tiene que ver con la controversia de límites que encuentra su fundamento en el “uti possidetis iuris” doctrina autóctona y en el Acuerdo de Ginebra firmado por Venezuela y el gobierno de la Gran Bretaña “en consulta con el Gobierno de la Guayana Británica en previsión de su próximo acceso a la independencia”, que por cierto asume su herencia a plenitud y sin complejos. Por eso resulta apropiado recordarle al usurpador, mejor dicho notificarle para su buen manejo puesto que la desconoce, la frase de Sadí Carnot “hable poco sobre lo que usted sabe y no diga absolutamente nada sobre lo que no sabe.”

 

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