Opinión Internacional

Persistencia de la amenaza atómica

Con pocos días de diferencia, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y el gobierno y el Parlamento de Rusia coincidieron en advertir, por razones disímiles, la importancia que sigue teniendo el control de los arsenales nucleares para la preservación de la seguridad e integridad planetaria.

El tema de la amenaza nuclear había quedado relegado, en efecto, durante gran parte de la última década, tras el fin de la Guerra Fría. En una primera etapa imperó el optimismo respecto de que la prosecución de los acuerdos de desarme y eliminación de arsenales atómicos acompañaría el tránsito hacia un nuevo orden internacional, con regímenes de vigilancia y cooperación. Una segunda etapa mostró los límites de dichos avances. La desintegración de la Unión Soviética y el fin del llamado «equilibrio del terror» alejaron el peligro que se cernía como espada de Damocles sobre la humanidad, pero dejaron a las potencias nucleares sin el control que ejercían anteriormente.

Nuevos países desarrollaron capacidad atómica y los mismos arsenales rusos quedaron expuestos a su apropiación por parte de gobiernos, guerrillas y traficantes, con los riesgos consiguientes.

La inquietud respecto de las dotaciones atómicas de Irak, Corea del Norte y China y la guerra entre India y Pakistán fueron ejemplos de este nuevo escenario. De igual modo, las potencias occidentales empezaron a entender las consecuencias del debilitamiento extremo de Rusia en su gigantesca área de influencia.

Tras la guerra en Chechenia y la elección de Vladimir Putin como presidente, puede estar iniciándose una tercera etapa en el abordaje de la cuestión nuclear posGuerra Fría. La ratificación del tratado Start II por parte del Parlamento ruso se produce precisamente en el marco de una nueva doctrina geopolítica de Moscú que evoca aspectos propios de aquellos tiempos. Se busca, en efecto, una renovada estrategia de contención que le permita a Rusia recomponer su capacidad militar y, de este modo, su papel como interlocutor natural de los Estados Unidos.

Con este marco se inició en Ginebra la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación, por el que más de 180 países renunciaron al desarrollo nuclear a cambio de la incumplida promesa de desarme por parte de las cinco potencias atómicas principales. Fueron por demás oportunas las palabras de Annan en aquel foro, al advertir sobre el peligro de una nueva carrera armamentista y la perduración de la amenaza nuclear.

Fundado hace 25 años, Analitica.com es el primer medio digital creado en Venezuela. Tu aporte voluntario es fundamental para que continuemos creciendo e informando. ¡Contamos contigo!
Contribuir

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te puede interesar
Cerrar
Botón volver arriba