Opinión Internacional

Por ahí es la cosa

En julio tendremos un referendo por primera vez en cincuenta años. Eso si es que el Congreso aprueba el proyecto de ley que el Gobierno le presentó ayer. Y tendremos luego elecciones en octubre y con voto obligatorio. El éxito del referendo, sin embargo, no es tan fácil como parece en las encuestas. La abrumadora favorabilidad de la idea de referendo no quiere decir que en una votación en julio la gente, que hoy se muestra a favor de la propuesta, se vaya a mover para votar por ella.

Para que sea válido este proceso tienen que votar cerca de cinco millones de personas en las elecciones de julio próximo. Los temas, así sean populares, no dejan de tener oposición entre grupos políticos organizados. Veamos. Los concejales, que son la base del poder político y el engranaje de las maquinarias, tienen pocos intereses en votar por el temario del referendo. Éste, aunque les da mayor poder al ser los concejos los que elegirían a los concejeros departamentales (los cuerpos que sustituirían las asambleas), de otro lado les elimina sus ingresos. Para este grupo, los concejales, la propuesta tiene de bueno y de malo. Para los diputados, en cambio, el referendo no tiene sino desventajas: simplemente se les acaba el puesto.

Los congresistas y los políticos profesionales están divididos en dos bandos. Unos tienen interés en que no se revoque el actual Congreso y otros en que sí lo sea, según las oportunidades que vean en términos personales. Entonces quienes han movido tradicionalmente los votos y las elecciones, en el mejor de los casos, tienen sus intereses divididos.

Eso no necesariamente quiere decir que los que están interesados en que el referendo no pase vayan a agitar el voto por el NO. Tal vez lo que irán a hacer es nada. Saben que poca gente se mueve espontáneamente a votar, y que cruzarse de brazos es su mejor opción a la espera de que no vayan cinco millones de colombianos a sufragar.

¿Cómo contrarrestar esa tendencia? Creo que el éxito del referendo está en motivar a quienes son escépticos, pues en este caso concreto la abstención es un voto por el NO y es además perder una gran oportunidad de empezar un cambio en las costumbres políticas.

Ahora unas palabras sobre el tránsito del proyecto de ley de referendo en el Congreso. Hay que decir que aunque la idea de reforma política puede tener acogida, la revocatoria no fue para nada bien recibida. Las molestias por el procedimiento de elaboración del proyecto de ley de referendo y la inconformidad con la revocatoria pueden desembocar en situaciones políticas nuevas. Ahí, y en estos días, se verá la madurez y el peso de los parlamentarios. El Congreso y los congresistas tienen ahora puesta una inmensa lupa de parte de los ciudadanos. Reacciones inmaduras como pedir la revocatoria del Presidente pueden ser vistas como simples tretas para defender un puesto. Hoy más que nunca debe ser visible la diferencia entre la mayoría de congresistas honestos y comprometidos con el país de aquellos que están defendiendo un puesto. Hoy hay que jugársela a fondo para que el referendo sea una realidad: que los que defienden el statu quo queden a un lado y los que quieran el cambio, del otro. Así de sencillo pero también así de claro.

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