Opinión Internacional

Por buen camino

La reunión de cancilleres y ministros del Interior y de Defensa, que se llevó a cabo la semana pasada en Guasdualito, Venezuela, tiene una importancia significativa para las relaciones binacionales, pues se reactivaron los canales institucionales acordados por los dos países para el manejo de su agenda.

Con la administración del presidente Hugo Chávez, iniciada en febrero de 1999, el vecino país se embarcó en un intenso proceso de transformación política e institucional, caracterizado por un repliegue hacia su dura problemática interna, y acompañado de un alto ingrediente nacionalista. Su más reciente manifestación fue la exitosa conclusión del proceso constituyente impulsado por Chávez.

Esta coyuntura se vio enfrentada a la escalada del proceso violento en Colombia, unida a nuestra peor crisis económica en los últimos cincuenta años, combinación que propició dañinas fricciones diplomáticas en lo corrido del año pasado. Con gran frecuencia asistimos a declaraciones hostiles del canciller José Vicente Rangel, pero también del Presidente, como cuando afirmó que su homólogo ya le había reconocido beligerancia a la guerrilla.

El trato bilateral acabó asemejándose al de un par de novios que, incapaces de abordar sus diferencias por la vía del diálogo, acuden cada uno a terceros allegados para renegar del otro, aunque en el fondo pese más el vínculo afectivo y ninguno de ellos se atreva a agredir abiertamente a su pareja, pero tampoco a reconocer sus propias faltas. El año pasado, Colombia y Venezuela decidieron trastornar su “noviazgo”, y por eso la reunión de Guasdualito es un loable esfuerzo de reconciliación. Sorprendidos, reconocimos en Rangel un lado mucho más amable, que parece sintomático de una voluntad franca de acercamiento por parte del gobierno Chávez.

La Declaración de Guasdualito, no destacada por su profundidad, tiene sin embargo la virtud de que los cancilleres resaltan “la necesidad de concertar un marco propicio para el diálogo permanente y la cooperación bilateral” y, lo que es más importante, se comprometen a “impulsar la reactivación de las comisiones presidenciales y dar respaldo a los mecanismos y programas que de ella se derivan”. De esta forma queda abierto el camino para que, superada la crisis, se reúnan nuevamente las comisiones presidenciales Negociadora y de Integración y Asuntos Fronterizos, la primera de las cuales ha sido de vital importancia para la discusión de la delimitación de los derechos de Colombia en las aguas del Golfo. El encuentro de alto nivel entre ambos mandatarios se daría en el mes de abril, y sería aconsejable no prorrogarlo, para evitar que pueda verse teñido por el proceso electoral venezolano que tendrá lugar el próximo 28 de mayo.

En el tema de seguridad, los ministros de Defensa acordaron realizar en abril la reunión de la Comisión Militar Fronteriza, mecanismo estratégico para la salvaguardia común de la seguridad fronteriza, en temas tan delicados como la presunta venta de armas a la guerrilla colombiana, el narcotráfico y la incursión de los violentos al territorio venezolano. Fundamental, así mismo, es el propósito de realizar una próxima reunión de los ministros del área económica y comercial, si se tiene en cuenta el frustrante desempeño económico, producto de dos economías sumidas en una honda recesión, y un intercambio visiblemente mermado (frente al histórico nivel de US$$2.600 millones logrado en 1997). La complementación de políticas macroeconómicas, el estrechamiento del proceso de integración bilateral (y comunitario) y el mejoramiento de la infraestructura fronteriza son temas prioritarios para ambos pueblos.

La declaración destaca la valiosa labor desempeñada por el Grupo Académico Binacional, con su trabajo Colombia y Venezuela: agenda común para el siglo XXI, cuya seriedad está garantizada por el prestigio de las universidades Nacional de Colombia (a través del Iepri) y Central de Venezuela. Hemos tenido ocasión de conocer el voluminoso trabajo, y ojalá los gobiernos lo estudien concienzudamente y hagan prevalecer los análisis técnicos allí expuestos a sus inclinaciones políticas y nacionalistas. También es de consulta obligada para empresarios, académicos y líderes de opinión, quienes encontrarán en él un examen detallado de las ocho principales áreas de interés en la agenda, con recomendaciones objetivas y desapasionadas en cada caso: proyección internacional de la relación, seguridad, narcotráfico, desarrollo fronterizo, migración de colombianos a Venezuela, educación y desarrollo cultural.

Lo sucedido en Guasdualito indica, sin duda, que la relación va por buen camino y que parece haber superado el tormentoso rumbo del año pasado. Las reuniones oficiales venideras, y en particular la de presidentes que tendrá lugar en Bogotá, serán una prueba de fuego en la reafirmación de la hermandad de nuestros pueblos, a través del diálogo y la cooperación en momentos adversos para los dos países.

Tomado de (%=Link(«http://www.elespectador.com/»,»El Espectador»)%) de Colombia del 21 de febrero de 2000

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